Ocio

Irán bajo el lente

El país tiene una larga tradición de cine de autor, el que se ha transformado en su embajada en el mundo a pesar de la censura.

El viajante

Por Isabel Plant

Domingo 20 de mayo de 2018

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Hay una escena en Una separación (2011), de Asghar Farhadi, en donde una mujer ayuda al cuidado de un anciano. Es un departamento de clase media en Teherán. El viejo cae postrado y la mujer, antes de socorrerlo, llama por teléfono. No a la ambulancia ni a un doctor: llama a algún tipo de autoridad, preguntando si puede tocarlo, siendo que no es su esposo ni su familiar. Pide permiso para el contacto, que se aleja técnicamente de las reglas impuestas por la revolución islámica de 1979.

Son momentos como ese, un detalle pequeño dentro de la trama mayor de la película, los que hacen del cine de Irán actual una ventana a cómo es la vida en el régimen de un país que está al centro de las noticias tras la salida de Estados Unidos del pacto nuclear multilateral. El cine iraní tiene una de las más largas tradiciones en el mundo, comenzando a principios del siglo XX con proyecciones y luego ya en los años 30 con producción de cine propia. La mirada de cineastas floreció con una Nueva Ola en los años 60, influenciada por lo que sucedía con los directores de Francia e Italia, quienes transformaban la narrativa artística de la pantalla grande con más realidad, alegorías, forma y mensaje.

Con la revolución de 1979 todo se vio aplastado por algunos años, pero ya en los 80 las autoridades del régimen iraní se interesaron por fomentar su industria fílmica y en producir películas. Era tanto un vehículo de propaganda como una solución a poder llenar las salas con cintas que pasaran su propia y estricta censura. Así, recibiendo pocas películas occidentales por motivos políticos o religiosos, Irán se transformó en una mega industria fílmica. Y a la par con comedias y melodramas comerciales, los cineastas con voz más potente encontraron formas de traducir la vida en su país al cine, y a la vez pasar por la censura. Son películas que se adentran en la vida iraní, pero cuya crítica o reflexión están bajo capas, fortaleciendo la tradición autoral del cine en su país. Han sido aplaudidas en los festivales más importantes del mundo y hasta en los premios norteamericanos más industriales.

Con el padre del cine iraní, Abbas Kiarostami, fallecido en 2016, estos son algunos de los nombres fundamentales en el cine iraní hoy:

Asghar Farhadi

Es el cineasta más conocido de los que hace películas hoy, en parte por sus dos Oscar a Mejor Película Extranjera por las excelentes Una separación y El viajante (2016). Farhadi plasma una mirada al Irán moderno donde géneros y clases chocan, y sus resoluciones se ven entrampadas por la religión y la política que los rodean. Son historias dramáticas, que capturan siempre por la empatía con que filma a sus personajes: la resolución de sus conflictos parece imposible, porque no hay buenos ni malos arquetípicos. Farhadi no recibió presencialmente su último Oscar en protesta al veto de Trump a los extranjeros con pasaporte de países musulmanes. Por estos días, presenta su última cinta, el thriller Todos lo saben, en el festival de Cannes. 

 

Jafar Panahi

En 2010, el cineasta Jafar Panahi fue apresado junto con su familia, por hacer filmes que según el gobierno iraní eran propaganda opositora. Desde entonces que el director, un discípulo de Kierostami que saló a la fama con su cinta El globo blanco (1995), fue sentenciado y no puede salir de Irán por 20 años. Y aunque su pena -que cumple con arresto domiciliario- le impide supuestamente hacer más filmes, Panahi sigue arreglándoselas para filmar y enviar sus películas a distintos festivales, como hoy, cuando su cinta Three Faces se presenta en la competencia oficial en Cannes. Esta cinta es una reflexión sobre patriarcado y la vida de las mujeres en Irán, mezcla de ficción y documental y con el mismo Panahi como personaje, y que tiene a una joven que no puede estudiar por ser mujer, y a una actriz consolidada interpretándose a sí misma. Panahi suele trabajar con mujeres, niños y los oprimidos del régimen iraní. Con eso consigue hacer enojar a sus líderes.

Rakhshan Banietemad

Es apodada “la primera dama del cine iraní”. Sus temáticas siempre están al filo de lo censurable en Irán, sobre todo por los documentales que ha realizado, y buscan dar luz a los sectores más marginales de la sociedad, y la pobreza e inequidad en Irán. Saltó a la fama a principios de los 90 con Nargess, que mezcla un triángulo amoroso con criminales. En 1995 ganó en el Festival de Locarno por El velo azul, una película que se centra en los tabúes sociales de su país, cuando un agricultor acaudalado se enamora de una de sus trabajadoras. Su documental Our Times, de 2002, muestra el pequeño espacio que se les da a las mujeres en el mundo político iraní, con el marco de las elecciones de 2001.  

Tahmineh Milani

Es quizás la cineasta más feminista de Irán, con películas que siempre revelan cómo es vivir en su país para las mujeres tras la revolución de 1979. Por lo mismo, Milani ha pasado por la cárcel, acusada de hacer propaganda de oposición, y también, ha sido criticada por llamar a las mujeres al levantamiento. Algunas de sus películas son Dos mujeres (1999), sobre dos arquitectas en los primeros años de la república islámica; La mitad oculta (2001), en donde una mujer joven se une a un grupo comunista antes de la revolución y tiene un romance con un hombre mayor, prohibido por ser antes del matrimonio; The fifth reaction (2003), sobre una mujer que queda viuda y su suegro le pide casarse con su otro hijo o le quita a sus niños; y The unwanted woman (2005), sobre una mujer que no solo debe soportar las infidelidades de su marido, sino que debe ayudarlo con su amante.

 

 

 

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