Economía

¿Ganan o pierden los egresados del liceos técnicos que van a la universidad?

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Agencia Uno
POR Marcela Gómez |

Una investigación revela que los jóvenes salidos de liceos técnicos que escogieron una carrera universitaria financiada con el CAE tienen más dificultades para titularse y logran menores rentas.

¿Puede una ayuda estatal para que más jóvenes puedan financiar carreras universitarias terminar perjudicándolos? No parece lógico, pero así ocurrió con un grupo específico de estudiantes, según un estudio que siguió desde los 14 a los 27 años las trayectorias educacionales y laborales de los chilenos.

Los datos muestran que los egresados de liceos técnicos que optaron por las universidades terminaron con peores resultados que sus compañeros que siguieron estudios superiores en institutos profesionales (IP) o centros de formación técnica (CFT). Además de las preferencias personales, la decisión de optar por uno u otro camino estuvo influida por el Crédito con Aval del Estado (CAE), que ofrecía mejores condiciones para estudios universitarios, lo que se traducía en menores costos de bolsillo para las familias.

El análisis es parte del documento de trabajo “Incentivos contradictorios: Ayuda financiera, cambio de track educacional y salarios de los graduados de educación superior en Chile“, elaborado Francisco Meneses (Universidad Duke, EE. UU.); Ricardo Paredes (Universidad Católica, exrector DUOC), Roberto Flores (DUOC) y Christian Blanco (Ificc), y publicado en el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

Generación frustrada

Los egresados de liceos técnicos parecen tener todo en contra en la educación superior. Sus tasas de deserción son 10% más altas que quienes vienen de planteles científico-humanistas, mientras que la brecha en tasas de titulación es de 14%. También se quedan atrás en cuanto al premio salarial por tener título universitario: si en general esto implica $300 mil adicionales en el sueldo, para ellos el extra es de $250 mil; aunque de todas maneras es mayor a los $130 mil que logran al titularse en IP o CFT.

Pero si se comparan las remuneraciones que perciben los jóvenes cuando tienen 27 años, “un alumno de un colegio técnico que tuvo menos de 475 puntos en la PSU, que no pudo usar CAE para ir a la universidad pero siguió una carrera en un IP o CFT, está ganando más que su compañero que sí estudió en la universidad”, dice el economista Francisco Meneses, uno de los autores.

Añade que el CAE generó “un problema de incentivos perversos”: se elevó en 20% la matrícula universitaria, al mismo tiempo que se redujo 10% en los planteles técnicos. Como además el monto que cubría el CAE para carreras universitarias era más alto que para las técnicas, y sumando la brecha entre los aranceles reales y de referencia, las familias podían preferir la universidad que exigía pagos menores de su bolsillo, afirma.

“El CAE sacó a muchos alumnos del sector técnico y los envío a la universidad. Esos chicos no siguieron la ruta educacional lógica, que además tiene resultados positivos en la etapa laboral. Probablemente ingresaron a universidades de baja calidad, que tenían prácticas agresivas para matricular estudiantes, a carreras sin relación con lo que ellos estudiaron antes. La mitad no se tituló, quedaron con la deuda del CAE y ganando menos. Son una generación frustrada”, añade.

Estima que hay unos 15 mil alumnos de liceos técnico-profesionales “que estudiaron en la universidad y que ademas postularon a ayuda financiera. Para muchos de ellos resultó ser un mal negocio”.

Añade que muchos de ellos eran los primeros en su familia en poder seguir estudios superiores y no tuvieron orientación sobre ese cambio, ya que, detalla, no es lo mismo que quien siguió secretariado o mecánica en un liceo técnico entre a la universidad a estudiar carreras vinculadas con esas áreas que, por ejemplo, a sicología, ciencia o derecho. “En áreas no relacionadas, la probabilidad de fallar es más alta. Si eso ocurre se genera un tremendo costo para la persona, su trayectoria de vida y su bolsillo; pero también para el sistema educacional y laboral”, advierte.

Más sombras que luces

La investigación muestra también otros temas preocupantes. Las trayectorias educacionales en Chile están muy marcadas por el nivel socioeconómico de los padres, por lo que quienes nacen en los quintiles más pobres (con ingresos en torno a $236 mil) tienen una ruta demasiado empinada. Ya en cuarto medio, 20% de esos alumnos desertó: son los NINI: ni estudian ni trabajan. Entre quienes egresan de la educación media, 30% sale a trabajar, menos del 40% pasa a la educación superior y crece el segmento NINI.

“Este es un problema grave. Son chicos con altos niveles de vulnerabilidad que necesitan ayuda estatal, trabajar, apoyo social también. Como sociedad miramos para el techo con esto, no lo estamos enfrentado”, opina Meneses.

Otros datos muestran que los liceos técnico-profesionales tienen buenos resultados a la hora de lograr que los alumnos encuentren trabajo. Ese desempeño es especialmente bueno para las mujeres, quienes logran tasas de inserción laboral mejores que sus pares de establecimientos científico-humanistas. “Ahí hay algo que se está haciendo bien y que debería analizarse en detalle, porque empodera a las mujeres y no tiene que ver con las políticas clásicas de cuidado infantil ni regulación laboral”, concluye.