Negocios

Los responsables de la agonía y muerte de la planta de contenedores de Maersk

La producción de la fábrica representó el 44% de las metas previstas. El debilitamiento del comercio mundial es sindicado como uno de los mayores culpables de aquello.

Por Gabriela Villalobos

Miércoles 20 de junio de 2018

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¿Quién es el culpable? La pregunta no corresponde a un juego de mesa, sino a la interrogante que dejó el cierre de la planta de contenedores refrigerados de Maersk, ubicada en San Antonio. Un proceso que implicó el despido de 1.209 trabajadores y el cierre de una planta que involucró una inversión millonaria en la zona. La respuesta oficial de la empresa fue clara el día del anuncio: “La producción en la planta (de San Antonio) ha demostrado no ser competitiva en los mercados globales”, se lee en el comunicado que publicó la compañía el jueves 14 de junio.

A horas del anuncio comenzaron a circular una serie de mensajes en redes sociales y WhatsApp que apuntaban a que las verdaderas razones eran laborales, considerando que la compañía dejó de operar por 15 días a causa de una huelga legal de sus trabajadores durante 2017. Otros aseguraban que en comparación con la planta que maneja la compañía en China, la producción local había decepcionado.  

¿Quién mató la fábrica de contenedores? Al parecer no hay un solo culpable, pero los números condenan al primero de los responsables. Los objetivos impuestos por Maersk nunca fueron alcanzados. Sin embargo, no está claro quién es el responsable último de aquello.

Las metas incumplidas

Maersk Container Industry (MCI) es la filial del gigante naviero con sede en Dinamarca que maneja el negocio de construcción de contenedores a nivel global. En 1998 la compañía comenzó a producir containers refrigerados en su fábrica de Qingdao, en China. Sin embargo, la empresa detectó que la mayor parte de la demanda provenía de América Latina, debido a que allí se concentraba la mayor actividad exportadora de frutas. Por lo mismo, parecía lógico trasladar parte de la fabricación a esta zona. La idea fue anunciada en 2011: se invertirían US$ 200 millones para abrir una planta que estaría operativa en 2013. El objetivo era fabricar un total de 45 mil contenedores especializados al año.

Los problemas de MCI en Chile comenzaron ahí, ya que la empresa sufrió un atraso de cerca de dos años. El primer contenedor refrigerado chileno fue fabricado recién en noviembre de 2015, como parte de un pedido de 40 de estas unidades de parte de Maersk Line y de la naviera francesa CMA CGM. Al momento del lanzamiento del primer container, la empresa bajó su meta de producción a un total de 25 mil al año.

Aquello tampoco se cumplió. De acuerdo con cifras de Dyanmar, una de las principales consultoras de logística marítima en el mundo, durante el año pasado se fabricaron 20 mil contenedores refrigerados en la planta de San Antonio. Consultada la compañía respecto a este número, declinaron referirse al respecto. En su memoria de 2017 solo hay una referencia al resultado en Chile: la producción habría aumentado 17% en relación a 2016.

No obstante, la cifra sigue estando por debajo de la meta planteada inicialmente por la compañía. De hecho, representa el 80% del objetivo impuesto en 2015 y 44% de lo que se planteaba en 2011.

El responsable de la baja producción no está claro. Fuentes en Maersk recalcaron que la huelga legal del año pasado no tuvo incidencia en la decisión de cierre, sino los factores de mercado que hacían inviable la continuidad.

De acuerdo con un importante conocedor de la industria, el tema de fondo fueron las expectativas incumplidas para el crecimiento del comercio mundial, un indicador clave para la demanda por contenedores. Efectivamente, en 2011 la Organización Mundial del Comercio esperaba que las transacciones crecieran 6,5% durante el año. Aquello no sucedió, ya que solo se aumentó en 5%. En 2012 estimó que se expandiría 3,7% durante ese período, pero se alcanzó apenas el 2%. Cuando se abrió la planta, en 2015, el crecimiento del comercio mundial fue de 2,7%. Una cifra mejor que la de años anteriores, pero bastante más débil al escenario de 2011, cuando MCI anunció la construcción de la planta de San Antonio.

Maersk reconoció en El Mercurio que en los últimos seis años se instalaron tres nuevas fábricas de contenedores, llegando a siete en los últimos seis años, lo que también impactó en la demanda por contenedores. Además, el 90% de los insumos que requería debieron ser importados, lo que también encareció los costos. Sin embargo, todos estos factores ya estaban en conocimiento de la empresa antes de comenzar la producción en Chile.

Según un conocedor de la compañía, fue la propia Maersk la que bajó la producción de la planta debido al débil contexto de comercio mundial. De hecho, asegura que para cumplir con el calendario de la puesta en marcha en Chile, se había trabajado con supervisores de la planta de China para vigilar los procesos. Pero aquello se discontinuó rápidamente.

Fuentes de la compañía aseguran que desde comienzos de año los pedidos se veían "escuálidos", por lo que los trabajadores ya tenían antecedentes de la decisión que tomó en junio la empresa. Sin embargo, en abril de este año el exportador de frutos Chiquita anunció que compraría 2.500 contenedores refrigerados de MCI. Pero la decisión ya parecía estar tomada y Maersk resolvió ordenar la construcción a su planta en China. Aquello, pese a que los contenedores debían llegar a América Central. 

La desaceleración del crecimiento mundial no ha sido el único dolor de cabeza para MCI. La falta de mano de obra calificada también habría afectado los procesos.

Se busca

Desde un comienzo, Maersk advirtió sobre una falta de profesionales en la zona para trabajar en su planta de contenedores refrigerados. Por lo mismo, desde el Gobierno se subsidiaron programas de especialización a través de la Universidad de Playa Ancha y de la fundación Cades para capacitar a futuros trabajadores.

De acuerdo con el alcalde de San Antonio, Omar Vera, los subsidios estatales para dichos cursos alcanzaron “varios millones de dólares”. Además, la Municipalidad de San Antonio se unió con Asimet para realizar cursos de capacitación para cerca de 400 trabajadores que trabajarían como soldadores. Aquello implicó el gasto de $100 millones en recursos propios del municipio.

¿Se trata de dineros perdidos? En ningún caso, dice Vera, que guarda esperanzas de que los profesionales capacitados trabajen en otros proyectos anunciados en la zona. Entre ellos, el Puerto a Gran Escala anunciado el año pasado.

Por ahora, debido al cierre de la empresa los pronósticos del alcalde son pesimistas. “El desempleo debiese subir del actual 8% en San Antonio a no menos del 12% debido al despido de los cerca de 1.200 trabajadores”, dice.

Por lo mismo, ha pedido ser parte de la mesa tripartita que convocó el Ministerio del Trabajo para abordar el cierre de la planta. Inicialmente se invitó a representantes de la empresa, autoridades de la zona y a dirigentes del sindicato de MCI. Sin embargo, la compañía rechazó la invitación. Su puesto será ocupado por empresarios de la Región de Valparaíso, según comentaron desde el Ministerio del Trabajo. La mesa todavía no tiene fecha para la primera reunión y los temas se acumulan.

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