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La casa de las flores: la nueva obsesión latina

Tras el éxito de la serie de Luis Miguel, Netflix triunfa nuevamente con una producción mexicana, cuyo elenco lidera la inmortal Verónica Castro. Es la era de las maratones hispanoamericanas.

Por Isabel Plant

Viernes 24 de agosto de 2018

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Adiós detectives nórdicos, hasta la vista thriller político norteamericano o comedia gringa: entramos a la era hispanoamericana de las maratones de series. Esto quizás comenzó con Narcos, el éxito de Netflix con raíz en Colombia y Estados Unidos, y donde aprendimos a decir improperios como “gonorrea” o “mal parido” gracias a “Don” Pablo Escobar. Luego vino la arrasadora La Casa de papel, española, que obsesionó tanto y en tantas latitudes de habla hispana, que terminó en portada de diarios, o se le hace alusión en comerciales de autos; un cruce a referencia pop casi inédito para una serie de streaming. Luego la conversación latina se vio acaparada, aunque en entrega domingo a domingo, por la serie de Luis Miguel, que conectó a las audiencias no sólo con parte de la memoria emotiva ochentera de un ícono de la canción continental, sino que con la narrativa del melodrama, adaptada a los tiempos de Netflix. Fue un hit.

Ahora, siguiendo la senda de Luis Miguel, se estrenó La casa de las flores, serie mexicana que entre sus créditos incluye a la inmortal Verónica Castro. La historia es la de una familia de la alta sociedad en Ciudad de México que tiene una famosa florería, la que le da el título a la serie. Ahí Castro es la matriarca, que el día de celebración de cumpleaños de su marido, se entera que este tenía una vida paralela cuando la amante de él se suicida (la voz que narra la historia es la de la muerta, a lo Desperate Housewives). Lo que era aparentemente una familia perfecta que ocupaba las páginas de revistas de papel couché, ahora deberá lidiar con una serie de secretos que salen a la luz.

Los hijos del matrimonio, que también se ven enredados en esta madeja, son liderados por Paulina, la mayor, interpretada por Cecilia Suárez, quien tiene un hablar muy particular, como separando sílaba por sílaba, y que se ha convertido en la favorita de la producción y material de homenajes y memes en redes sociales. Ella sí estaba al tanto de la otra vida de su padre, que incluye una pequeña hermana y un cabaret nocturno con shows de transformistas que también se llama La casa de las flores. Quienes recién despiertan ante esta realidad son Elena, quien viene de visita desde Estados Unidos con su novio afroamericano, y Julián (Darío Yazbek), quien es secretamente homosexual.

La serie nuevamente mezcla la tradición de melodrama mexicano, con bastante humor negro y un tono liviano y travieso, junto con la estructura y enganche de las producciones internacionales en Netflix, mezcla perfecta para tentar con una maratón. Igualmente, si no estuviera Verónica Castro o el genial personaje de Cecilia Suárez, la cosa perdería algo de fuerza. Pero por el momento, es lo que tiene seducido a las audiencias de habla hispana, con su mezcla de kitsch, encanto y secretos a descubrir.

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