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Fin de la generación dorada. ¿Ahora qué?

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Agencia Uno
POR Andres Sepúlveda |

“Es muy difícil encontrar en el corto plazo una nueva generación dorada”, dice Fernando A. Tapia: “Lástima que la mediocre casta directiva me haga ser pesimista”.

Es muy probable que el 29 de marzo de 2022, con la derrota ante Uruguay en Santiago, ubiquemos cronológicamente el fin de la generación dorada. Una etapa en la que un grupo de jugadores logró pasar a la historia de la selección con éxitos jamás antes alcanzados.

Algunos de los referentes seguirán siendo convocados pero, por edad, otros de la columna vertebral del equipo que alcanzó el bicampeonato de América ya no estarán en los futuros desafíos oficiales. 

¿Y qué viene ahora? Es inevitable la pregunta luego de sentenciada la eliminación de Chile de un segundo mundial consecutivo. Es un hecho que los pasajes al mundial no se perdieron en esta última fecha eliminatoria, donde por cierto el técnico y los jugadores no son los únicos responsables

El camino fue tortuoso desde un comienzo, y si bien para muchos puede quedar la sensación de que el equipo nacional pudo ser perjudicado con algunos arbitrajes, en base por ejemplo al asalto sufrido en Montevideo en la primera fecha, lo cierto es que han sido los errores propios y fundamentalmente una errática conducción directiva, lo que nos llevó a esta gran decepción futbolística. 

En este proceso, iniciado en octubre de 2020, la Roja dejó escapar a lo menos 10 puntos que en circunstancias más o menos normales debió asegurar, y con ello se habría anotado sin problemas en la cita mundialista de Catar. Sin considerar el duelo de la última fecha ante los uruguayos, podríamos decir que los pasajes al torneo planetario se perdieron básicamente en cuatro partidos, tres de ellos de local, además de uno de visita que en base a la estadística histórica debió ganar.  

Recordemos cómo la selección dejó escapar el triunfo en los últimos minutos ante Colombia en el Estadio Nacional. O la vergonzosa derrota ante Venezuela de visita, en unas de las presentaciones más bajas de la generación dorada, y que empujó la salida del técnico Reinaldo Rueda. Sume la farra ante Bolivia en San Carlos de Apoquindo, un empate injusto donde la falta de gol nos pasó la cuenta y, finalmente, la derrota ante Ecuador también en la cancha de la UC.  

La verdad es que Chile no hizo méritos para estar entre los clasificados a la Copa del Mundo. Sin embargo las críticas no sólo deben ser apuntadas hacia el trabajo de los jugadores y el cuerpo técnico. El fútbol chileno está hace rato sucumbido en una crisis de la que la selección no se pudo abstraer, y que se reflejaron en la incapacidad de rodear a los referentes históricos con futbolistas de mediana jerarquía para sostener alguna baja circunstancial o brindar más alternativas ante el declive natural de aquéllos que conformaron la base de una selección que supo ser exitosa y deslumbrar al mundo. 

La errática conducción directiva ayudó mucho para que tengamos que asumir este decepcionante momento, especialmente a la hora de elegir al entrenador. Ni Rueda ni Lasarte pudieron brindarle al equipo un funcionamiento sólido, y en rigor estuvimos a los tumbos desde el fracaso de la eliminación a Rusia 2018 en adelante. Pero también es verdad que el momento del seleccionado nacional es reflejo de lo que hoy atraviesa toda la estructura del fútbol chileno. Ya no fue posible seguir tapando los escándalos que han surgido consistentemente en la actividad en los últimos años. 

Se han preguntado ¿por qué pese a que durante esta última década en la que la Federación ha conseguido los contratos más millonarios de todos los tiempos gracias a los éxitos de la Roja, ha sido incapaz de concretar la construcción de un nuevo Juan Pinto Durán? ¿De qué manera se le podría haber exigido al técnico de la selección impulsar una renovación si los torneos del fútbol joven están botados a su suerte? ¿Podemos exigirle al técnico de turno que apueste por jugadores más jóvenes, si en los equipos de la competencia local se esmeraron en encontrar la trampa para vulnerar la regla del sub 21? ¿Con qué cara podemos reclamar por los arbitrajes polémicos que nos tocaron si en nuestro país hemos sido incapaces de lograr la profesionalización de los jueces los que además están peleados entre ellos, con duras acusaciones por falta de transparencia en el manejo económico en su propio sindicato? ¿Es posible exigir competitividad a la selección si en Chile los dos últimos campeonatos se han resuelto desde el escritorio? Y finalmente, lo más grave, ¿Podemos confiar en que las convocatorias a la selección fueron siempre en base a los méritos deportivos y no motivados por la influencia de representantes de futbolistas, cuyo poder creciente se ha instalado también en el seno de la selección?.  

Hay mucho más, y la lista de problemas de fondo establecen que esta dolorosa eliminación no fue al azar. Habrá quienes sostengan que Chile se quedó fuera del mundial por un puñado de malos resultados, o producto de la mala suerte y de uno que otro arbitraje polémico. Pero eso sería intentar tapar el sol con un dedo. Aún más preocupante es lo que trasciende desde la ANFP para asumir lo que resta del año, ya sin competencias oficiales para la selección. Las arcas del fútbol chileno seguirán sufriendo pérdidas luego de la eliminación, y todo indica que la decisión de los genios directivos será entregarle la conducción de la Roja adulta a algunos de los entrenadores contratados en la series juveniles, de tal manera de ahorrarse el costo de un nuevo cuerpo técnico durante estos meses. 

Acaso ¿Este es el plan de largo plazo por el cual se trajo a Francis Cagigao? ¿No es ahora cuando en rigor deberíamos conocer cómo se despliegan las novedosas ideas del flamante director deportivo de la Federación?. La casta dirigencial, el consejo de presidentes de la ANFP y su directiva, seguramente buscarán un argumento para eludir una decisión urgente para la selección, que permitiría iniciar un trabajo ya mismo para ganar tiempo y llegar mejor preparados a los próximos desafíos, a pesar de los problemas estructurales. 

Las elecciones de fin de año, donde Pablo Milad no ha escondido sus deseos de reelección, aparecen como una excusa casi perfecta. Se dirá que no es conveniente este año contratar a un nuevo entrenador para la selección adulta, de tal manera de no amarrar a la futura directiva con un nombre específico. Pero entonces, pónganse de acuerdo, porque en rigor lo que se debe renovar es la directiva de la ANFP, y no la de la Federación. De ser así el argumento de algunos presidentes de clubes se caerá a pedazos, porque entonces se deberá aceptar la realidad: en Chile son lo mismo. 

Menudo problema es que estamos metidos. ¿Y ahora qué? Milad aseguró en el diario La Tercera que tras esta eliminatoria vendrá una reestructuración total e integral en el fútbol chileno. Sin embargo en las primeras ideas no se contempla lo más urgente: un profundo cambio que incluya a los dirigentes, la necesaria separación de la ANFP con la Federación, y el impulso definitivo de la reforma a la ley de sociedades anónimas deportivas que aleje a los representantes de los futbolistas de la propiedad de los clubes. 

Es muy difícil encontrar en el corto plazo una nueva generación dorada que subvencione al fútbol chileno y oculte sus problemas más profundos. Lo que se necesita ahora es un proyecto serio que permita el surgimiento de nuevas figuras. Lástima que la mediocre casta directiva me haga ser pesimista.

Fernando A. Tapia participa en Pauta de Juego, de Radio PAUTA, de lunes a viernes a partir de las 12:30 horas. Escúchelo por la 100.5 en Santiago, 99.1 en Antofagasta, y por la 96.7 en Valparaíso, Viña del Mar y Temuco, y véalo por el streaming en PAUTA.cl.