Crónica

Los 60 años de sacerdocio de Fernando Karadima

¿Quién es Fernando Karadima, el sacerdote que ha provocado la peor crisis de la Iglesia Católica chilena y a quien el Papa Francisco expulsó de la institución?

Por Rafaela Lahore

Viernes 28 de septiembre de 2018

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A Fernando Karadima lo han definido como un perverso, un mentiroso, un narcisista. Su hermano menor Oscar Karadima declaró a La Tercera: “Fernando era un hombre soberbio, un hombre autoritario, un hombre a quien le teníamos temor”. El Papa Francisco ha asegurado que es “una persona gravemente perturbada”. ¿Qué recorrido debió hacer una persona así para conquistar a la élite chilena, y para que El Bosque, la parroquia que administraba, se haya convertido en un feudo que dominaba?

Fernando Karadima, segundo de ocho hermanos, nació el 6 de agosto de 1930 en Antofagasta. Su madre, Elena Fariña, provenía de una familia influyente ya en decadencia, y su padre, Jorge Karadima Angulo, era hijo de un inmigrante griego. Fernando Karadima llegó a octavo básico del Instituto Alonso de Ercilla de Santiago. Antes de rendir los exámenes sufrió una enfermedad respiratoria que lo dejó cerca de un año en cama. Luego, no retomó los estudios. Poco antes de cumplir los 18 años consiguió trabajo en una lechería de su familia y tras el fracaso del negocio, empezó a trabajar al Banco Sudamericano, según ha publicado Ciper, timbrando cheques de cuentacorrentistas.

En parte impulsado por la presencia de un tío de su madre, el sacerdote Pío Alberto Fariña, obispo auxiliar del Arzobispo de Santiago, Karadima optó por un vida religiosa. En 1958 fue ordenado como sacerdote diocesano. En 1985, luego de más de veinte años de estar en la parroquia El Bosque, apadrinado por el monseñor Alejandro Huneeus Cox, fue nombrado párroco. Hasta 2006 allí ejerció su poder, y a través del temor y la admiración formó a cientos de seminaristas. Para La Acción Católica, el grupo de jóvenes que creó, se convirtió en un guía espiritual. Entre ellos se encontraban James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Murillo, quienes a partir del 2004 fueron los principales denunciantes de Karadima por reiterados abusos sexuales que cometió cuando ellos eran sus  seguidores.

Por ese entonces, la parroquia, que giraba en torno a él, tenía gran convocatoria. Karadima era buen narrador de historias, a través de las que intentaba manipular a los otros o plantearse como un elegido de Dios. Contaba, por ejemplo, haber tenido una relación con el sacerdote Alberto Hurtado, a quien solo conoció superficialmente. Con los años, el párroco tejió una importante red de vínculos políticos y empresariales.

En enero de 2011, y luego de que la revelación de sus abusos provocara una gran crisis en la iglesia católica, la Santa Sede lo declaró culpable de abusos sexuales a menores y de abuso de poder, y lo sancionó a una vida de retiro en oración y penitencia. Hoy, a los 88 años, Karadima está en las antípodas de lo que fue durante la década de los ochenta: vive recluido en el Hogar de ancianos San José, de las Religiosas de la Congregación de Santa Teresa Jornet, en Lo Barnechea. Allí apenas recibe visitas.

La más reciente de las sanciones acaba de recibirla. El 28 de septiembre de 2018, el Papa Francisco lo expulsó del sacerdocio. Eso significa que no podrá nunca más ejercer ningún sacramento ni recibirá apoyo económico de la diócesis de Santiago. Durante 60 años ofició como sacerdote. Ahora, despojado de esa calidad, él mismo tendrá que costear, o encargarse de que otros lo hagan por él, la mensualidad del hogar donde reside.

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