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La economía alemana se contrae por el impacto de las tensiones comerciales

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Bloomberg
POR Maria del |

La guerra arancelaria, pero también el menor crecimiento global han afectado a la industria alemana, cuya producción sufrió en junio la mayor baja en 10 años.

La economía de Alemania se contrajo en el segundo trimestre, aumentando la presión para que la canciller Angela Merkel introduzca estímulos fiscales a medida que los fabricantes se sufren el impacto de una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

La producción cayó un 0,1% respecto a los tres meses anteriores, en consonancia con las previsiones, por la disminución de las exportaciones. La economía se ha contraído en dos de los últimos cuatro trimestres. Merkel dijo el martes que el país se dirigía hacia una “fase difícil” e incluso insinuó que su reticencia a medidas de respuesta se está suavizando.

Los futuros del Bund retrocedieron ligeramente después de conocerse los datos. Los inversionistas reaccionaron a unas cifras anuales que fueron mejores de lo previsto debido a las revisiones del rendimiento económico en los trimestres anteriores.

La contracción de la mayor economía de Europa está afectando fuertemente a una región que tiene dificultades para mantener el impulso. El crecimiento se desaceleró en la mayoría de los países de la zona euro, incluidos Francia y España; Italia se tambalea al borde de la recesión, y las advertencias sobre resultados de algunas de las mayores compañías del bloque aportan pocas señales de un cambio.

Las sombrías cifras económicas más recientes llegan un día después de que Henkel AG, con sede en Düsseldorf, emitiese una advertencia sobre resultados que resumía los problemas de Alemania. La empresa industrial está haciendo frente a una doble presión: la desaceleración en la industria automotriz y una demanda más débil de China, el mismo entorno que ha afectado a la fabricación en todo el país.

El presidente Donald Trump retrasó el martes la imposición de algunos aranceles nuevos a Beijing tres meses hasta diciembre, dando un impulso a los mercados. Sin embargo, el miércoles llegaron más malas noticias procedentes de China, la segunda mayor economía del mundo, con un enfriamiento de las ventas minoristas y el crecimiento más lento de la producción industrial desde 2002.

Confianza debilitada

En Alemania, la confianza entre ejecutivos e inversionistas se ha desplomado, lo que sugiere que un pronóstico del Gobierno de crecimiento del 0,5% este año, el más débil desde 2013, podría ser demasiado optimista.

La producción del segundo trimestre estuvo amortiguada por el comercio, con exportaciones que cayeron más rápido que las importaciones. El consumo privado y el gasto público fueron más altos que en los tres meses anteriores. La inversión aumentó a pesar de una disminución en la construcción.

Lo que dice un economista de Bloomberg:

“El sector industrial provocó una contracción de la economía en el 2T, y el riesgo es una mayor debilidad en la segunda mitad del año. Si hay alguna buena noticia que sacar de este informe, es que los servicios deben de haber seguido expandiéndose, lo que indica que persisten parches de resistencia”.

-Jamie Rush

El Banco Central Europeo ya se ha comprometido a introducir nuevos estímulos para impulsar la economía y se anticipa un recorte de las tasas de interés ya en septiembre. Todo ello ha arrastrado los rendimientos de la deuda alemana a mínimos históricos por debajo de cero. A principios de este mes, el euro cayó al nivel más bajo desde mediados de 2017.

El presidente del BCE, Mario Draghi, se ha sumado a un coro de voces internacionales que piden a Alemania que relaje el gasto tras registrar un superávit en los últimos cincos años.

La industria alemana se ha visto sumida en una crisis debido al empeoramiento de los problemas comerciales y al enfriamiento del crecimiento mundial, que debilita la demanda de maquinaria y automóviles. La producción industrial sufrió su mayor caída en diez años en junio, y los volúmenes de carga en los aeropuertos alemanes experimentaron el mayor descenso desde 2012.

Entre las víctimas se encuentra Siemens, que dijo a principios de este mes que tendría dificultades para cumplir los objetivos financieros debido al deterioro de la economía y la mayor incertidumbre política. El proveedor automotriz Rheinmetall también redujo su perspectiva, eliminando las expectativas de una recuperación “tangible” en los próximos meses.