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Las gestiones de la madre de Guzmán por Hernández Norambuena en Brasil

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POR Ana María |

El abogado de la familia del senador UDI, Luis Hermosilla, revela un viaje a Brasil a mediados de la década del 2000 y la conversación que sostuvo con él.

“Si Mauricio Hernández Norambuena no se hubiese fugado desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) en 1996, ahora podría estar en condiciones de pedir su libertad condicional”, reflexiona Luis Hermosilla, abogado de la familia de Jaime Guzmán. Lo dice a menos de 24 horas de la extradición del exfrentista a Chile desde Brasil para cumplir sus condenas por el asesinato del senador y fundador de la UDI, el 1 de abril de 1991, y el secuestro de Cristián Edwards, ocurrido entre el 9 de septiembre de 1991 y el 1 de febrero de 1992.

Hermosilla asumió como abogado de la familia del senador –Carmen Errázuriz, la mamá, y Rosario Guzmán, la hermana y autora del libro Mi hermano Jaime– pocos meses antes de la fuga en helicóptero que protagonizaron Hernández Norambuena, Raúl Escobar PobletePatricio Ortiz Montenegro y Ricardo Palma Salamanca desde la CAS, ubicada al lado de la ex Penitenciaría de Santiago. Es el mismo recinto al que el denominado “comandante Ramiro” regresó apenas arribó a Chile. 

La fuga ocurrió durante la tarde del 30 de diciembre de 1996, cuando los cuatro miembros de Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) -considerado en 1986 como “el grupo terrorista más peligroso de América Latina”, según el Departamento de Estado de EE.UU.– se subieron a un canasto que colgaba de un helicóptero y sobrevolaron Santiago hasta aterrizar en la población La Bandera. De ellos, el primero que cayó detenido -en 2002- fue Hernández Norambuena por el secuestro en Brasil del publicista Washington Olivetto. De eso han pasado 17 años.

Pero ese es un debate que recién comienza. Algo que dejó en claro el ministro que investiga el caso, Mario Carroza, pues es una causa que tarde o temprano llegará a la Corte Suprema.

Por los 23 años transcurridos desde la fuga, y la historia que sobrevino después, es que para Hermosilla el regreso a Chile de Hernández Norambuena “es el cierre de un ciclo”. Lo dice mientras camina por el sector de los tribunales de Justicia, en pleno centro de Santiago, con un libro en la mano: Razones para la anarquía, de Noam Chomsky

Pero el cierre de un ciclo, enfatiza el penalista, sucede en especial para la familia de Guzmán. En el intertanto de la fuga desde la CAS, murió Carmen Errázuriz, la madre del senador. Fue en 2007, cinco años después de que el exfrentista fuera apresado en Brasil. Recuerda el abogado que ella no solo se enteró de su detención, sino que también intervino de alguna manera en esa época por su situación.

“La familia de Hernández Norambuena recurrió a ella para que pudiera colaborar en mejorar las condiciones carcelarias en que este se encontraba. Y para esos efectos, ella me envió a mí a la cárcel de alta seguridad donde él se encontraba en Brasil. Ella pagó mi viaje de su bolsillo para ver si era efectivo que se encontraba en condiciones deplorables o inhumanas”, recuerda.

Abogado Luis Hermosilla. Créditos: PAUTA

-¿Y qué pasó a su regreso a Chile?

“Al regreso de ese viaje, le informé de lo que había visto. Y ella, conmovida por la situación, mandó una carta al Ministerio del Interior de la época solicitándole al Gobierno que hiciera lo que pudiera para que, sin perjuicio de que Mauricio Hernández cumpliera sus condenas en prisión, lo hiciera con respeto y con las mínimas garantías humanitarias”.

-¿Por qué ella hizo esa gestión?

“Porque esa era su manera de ser”.

-¿Cómo se enteró ella de la situación de Hernández Norambuena?

“Fue a hablar conmigo Alberto Espinoza (abogado del exfrentista hasta hoy) y me contó que estaba pésimo. Yo le conté a ella y ella me dijo: ‘Aquí no se puede cumplir de cualquier manera. Si hay un problema, yo me opongo. Una cosa es que hayan matado a mi hijo, y otra, que yo acepte que se le castigue de cualquier manera'”. 

-¿Qué vio usted en la cárcel de Brasil? ¿Se reunió con Hernández Norambuena?

“Si es que puede llamarse reunión a una conversación a través de un vidrio doble, semi opaco, en que la comunicación verbal se producía a través de un teléfono con ruido… Ahí él (Hernández Norambuena) me alcanzó a describir las condiciones de su encierro y eso, más lo que yo vi, me hicieron formar la convicción de que estaba en una situación carcelaria inaceptable”.

-¿Cómo fue ese encuentro?

“A él lo veía difuso por el vidrio. El teléfono por el que hablábamos sonaba lleno de chicharreos y él, al otro lado, poco menos que gritando para poder hablar. Era como si entraras a una cabina. Pero acá lo notable es el gesto de humanidad de ella [Carmen Errázuriz], que escribió una carta al Ministerio del Interior. No había ni rencor ni odiosidad. Y siempre estuvo dispuesta a hacer lo que fuera posible porque él volviera a cumplir su pena a Chile, porque eso era lo que le parecía más importante”.

El efecto péndulo

-¿Por qué era tan importante para la familia que Hernández volviera a Chile si ya estaba preso en Brasil?

Porque lo grave y escandaloso fue la fuga. La verdad es que si uno piensa y se imagina un helicóptero posado sobre la cárcel de máxima seguridad, que está prácticamente en el centro de la ciudad de Santiago, y que es capaz de hacer esa maniobra y sin que se repela la agresión del helicóptero, despierta todo tipo de sospechas respecto del nivel de seguridad con que actuaron quienes iban allí. De hecho, no cualquier piloto puede realizar una maniobra con un canasto colgando, con el peso de cuatro hombres en su interior, evitando lo que se conoce como efecto péndulo. Venía desde Las Cabras y bajaron hasta la población La Bandera. Por eso digo que este es el cierre de un ciclo. Porque aquí se vivieron cosas que la memoria va olvidando en alguna medida, pero que los Estados y las sociedades no pueden permitir que se olviden”.

Y añade: “Esa famosa fuga termina hoy con Hernández Norambuena de vuelta en la Cárcel de Alta Seguridad. Y eso es particularmente importante, porque si uno revisa lo que ha pasado con Hernández Norambuena, Escobar Poblete y Palma Salamanca, lo que tenemos es que en los años posteriores a la fuga, se han vinculado a secuestros extorsivos sistemáticos y reiterados en distintos países. Quiero decir que son personas que han hecho del comportamiento delictivo un modo de vida, desligado de cualquier supuesta pretensión de contenido ideológico. Ese es es un factor común entre ellos tres. Y, entre medio, ha pasado la vida entera”.

-¿Le frustra que solo uno de los condenados esté hoy cumpliendo pena en la cárcel?

“No. Está presa Marcela Mardones, condenada a 10 años de cárcel, y con apelación pendiente. Galvarino Apablaza está con extradición concedida en Argentina; Escobar Poblete está en México preso y en circunstancias de esperar la extradición a Chile. El caso de Palma Salamanca es distinto, porque respecto de él las autoridades francesas una vez más han favorecido la protección a personas que se encuentran condenadas por temas terroristas. Y para ser justos con los franceses, no lo han hecho solo en este caso, sino que también lo hicieron con los italianos que mataron a Aldo Moro.

-Tras el regreso de Hernández Norambuena, ¿qué viene en adelante? ¿Cuántos años de pena deberá cumplir?

“Primero falta claramente una discusión y una definición de carácter jurídico respecto de cómo se va a ajustar la sentencia al límite de 30 años (de pena máxima que tiene Brasil) y, segundo, sobre si el tiempo privado de libertad en Brasil se va a computar o no como abono a la pena impuesta por Chile”.