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Columna de John Müller: “El ‘moonwalking’ de Jackson”

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Agencia UNO / Radio Pauta
POR Diego Zárate |

“La dimisión del ministro vuelve a poner de manifiesto el amateurismo de los estrategas de La Moneda para conseguir su ‘portonazo previsional'”, dice John Müller.

“A la política se viene llorado de casa” es una frase clásica de la vida política. En España la ha usado mucho Pablo Iglesias, fundador de Podemos y referente del Frente Amplio, o la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Pero quien fue más clara al emplearla fue Irene Montero, la ministra de Igualdad, madre de los hijos de Iglesias en mayo de 2020: “Cuando uno acepta ser ministro, viene llorado de casa”. Me acordé de la frase cuando leí las crónicas que decían que Giorgio Jackson salió con los ojos llorosos del despacho presidencial el viernes pasado.

Irene Montero no soltó una lágrima pese a que promovió una ley tan deficiente que permitió rebajar sus condenas a más de un millar de violadores y que un par de cientos salieran libres a la calle. Pese a la alarma social que despertó, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, hasta donde se sabe, no le pidió nunca la renuncia y ella no se la presentó.

Jackson, en cambio, puede haber actuado negligentemente y está aún por demostrar que el sistema de fundaciones para regar con dinero público el jardín de Revolución Democrática sea una idea suya, pero no pudo aguantar la presión y presentó la suya al presidente Boric. El viernes 11, era un hombre roto, que demostró que no venía llorado ni de casa ni de la Feuc.

Esa es la diferencia entre una profesional de la política de izquierdas como Irene Montero y un aficionado.

Jackson será muy amigo del Presidente Boric, pero desde que ganó el Rechazo y se vio forzado a sacarlo del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, tenía sus días contados porque era un lastre político. Lo hemos visto haciendo el ‘moonwalking’, el famoso paso de los Jackson, para que todo el mundo creyera que avanzaba cuando en realidad retrocedía.

“No entiende los chistes”, escribe Rafael Gumucio en un retrato de urgencia. Es verdad, Jackson tiene algo de genio despistado que puede confundirse con un leninismo cínico. No las caza al vuelo, como dicen en el campo. Y eso le enajenó las simpatías de los diputados y senadores del Congreso. Por el contrario, es perseverante hasta el fanatismo cuando tiene una idea que cree buena.

Toda la estrategia gubernamental que escapa al ámbito de Tohá y Marcel no sólo sigue siendo amateur, sino que es infantil. Y empieza a contaminar otros ámbitos. Especialmente con el caso Convenios, donde han pillado a toda una generación metiendo las manos en la caja del dinero público. El presidente se indignó porque la UDI “lo chantajeó” pidiendo que Jackson se marchara antes de negociar la reforma previsional. Ahora le concede la cabeza de su amigo y sus portavoces salen a vender a la opinión pública que ya no hay obstáculos que le permita a la oposición seguir siendo la oposición.

Hombre, sigue habiendo un obstáculo enorme y es que no se entiende por qué la reforma del gobierno debe financiarse con la solidaridad exclusiva de los asalariados que tienen empleos formales. La oposición cometería un error si permite que el gobierno le aplique este ‘portonazo’ previsional a los trabajadores.

El Gobierno convirtió a Jackson en el fusible de los fusibles. Y ya se quemó. Ahora solo queda usted, Presidente.