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Columna de Víctor Maldonado: “Postulando al Nobel con el invento del agua tibia”

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POR Equipo Radio Pauta |

“Por supuesto que, si todo va bien, la oposición colabora, el gobierno se ordena y la población aplaude, el resultado será óptimo. El problema es qué se hace cuando nada de eso está pasando”.

Las cuentas públicas de gobierno relatan lo que se hace y, por lo tanto, tienen siempre un tono optimista. Las evaluaciones políticas contabilizan también aquello que no se hizo y, por eso, su tono es mucho más crítico.

Como ambas perspectivas son legítimas, quien quiera tener una visión ponderada tiene que plantearse qué es lo que está predominando desde la mirada del ciudadano común. Este año el país se expresará en las urnas y lo que importa es lo que allí se constate, más allá de cualquier opinión.

Si hacemos contabilidad de los logros, según la descripción de los personeros de gobierno, encontraremos que se destaca el control de la inflación, el aumento del sueldo mínimo y la recuperación de la inversión extranjera. Se enfatiza la creación de una agenda de seguridad muy coherente que no habíamos tenido.

Por fin, se mencionan avances como la creación del royalty minero, la aprobación del proyecto de ley de 40 horas, la ley ‘Papito Corazón’ y la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas.

Los éxitos mostrados corresponden casi por entero a avances de continuidad, ningún gobierno puede mostrar menos. Se describe la situación y luego se señala cómo debieran ser las cosas. Nada que objetar, excepto que la política consiste en señalar los caminos por los cuales se puede llegar al objetivo.

El problema radica en que no se pueden mostrar éxitos que sean políticamente significativos y, como la condición de minoría no ha cambiado, la posibilidad de conseguirlos es nula. El sacar las cuentas sin este dato no tiene sentido.

En materia constitucional, por ejemplo, se tuvo una derrota histórica en el caso del primer plebiscito y, en el segundo, se consideró como gran éxito que las cosas quedaran igual. Eso es lo decisivo: que se considera un éxito cuando las cosas quedan en el punto de partida, cuando no se avanza en absoluto.

Aún tenemos gobierno, ciudadanos

Desde el punto de vista de la ciudadanía, los logros son de aquellos que se reconocen, pero que no se sienten o se perciben con mucha distancia. La respuesta política más difundida en el oficialismo parece principalmente destinada a convencer a sus propios voceros más que al público en general.

La visión complaciente dice que no es que el gobierno tenga poco apoyo, tendría el usual al de administraciones anteriores en igual período, aún en medio de una desmedida crítica de trinchera, lo que lo hace más meritorio.

Lo que faltaría es que las personas perciban que están objetivamente mejor, puesto que no se dan cuenta de ello. Para lo que aún no se logra se tiene una especie de mantra: “hasta que los gobiernos no terminan, no hay derrota”.

Bastaría con agregar una mejor percepción de bienestar, de seguridad y aprobar las reformas, para lo cual hay que ser flexibles y pragmáticos. Si se tiene una coalición ordenada y disciplinada tras el Presidente, todo saldrá bien. Lo que hay que evitar es el fenómeno de la dispersión de propósitos.

Por supuesto que, si todo va bien, la oposición colabora, el gobierno se ordena y la población aplaude, el resultado será óptimo. Es inobjetable, pero no es algo que se pueda decir sin incomodarse. Es como postular al Nobel con el invento del agua tibia. El problema es qué se hace cuando nada de eso está pasando.