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Aburrirse también es crecer: el ocio como aliado del desarrollo infantil

POR María Alejandra Gallardo Contreras |

Lejos de ser un problema, el aburrimiento en niños y niñas puede convertirse en una poderosa herramienta para la creatividad, la autonomía y las habilidades sociales, especialmente durante las vacaciones de verano.

En Sintonizados conversamos con Catalina Fracchia, psicóloga infanto- juvenil y especialista en ansiedad, sobre un tema que genera inquietud en muchas familias durante el verano: el miedo a que los niños se aburran cuando se rompe la rutina escolar.

Con más tiempo libre y menos estructura, aparecen la culpa, la preocupación y la tentación de llenar cada espacio con actividades o pantallas.

El miedo adulto al aburrimiento infantil

Según Fracchia, el problema no es el aburrimiento en sí, sino la dificultad de los adultos para tolerarlo. “A los adultos nos cuesta mucho ver a nuestros hijos incómodos, pero también nos cuesta tolerar nuestra propia incomodidad”, explicó.

Muchas veces, esa sensación se confunde con abandono y empuja a intervenir de más, quitando a los niños la oportunidad de estar en ocio verdadero.

La especialista advirtió que hoy las infancias suelen tener agendas “como de gerente”, con días completamente estructurados y poco margen para descubrir intereses propios. Este exceso de organización limita la autonomía y la conexión con el mundo interior.

Aburrirse para crear y aprender

“El aburrimiento es la antesala de la creatividad y eso es la antesala del juego espontáneo”, señaló Fracchia. En esos espacios no supervisados, los niños aprenden a negociar, resolver conflictos, asumir roles y enfrentar consecuencias, habilidades sociales difíciles de adquirir en contextos hipercontrolados.

Además, el ocio permite desarrollar tolerancia a la frustración, algo que las pantallas, con su gratificación inmediata, no favorecen. Actividades que requieren más esfuerzo, como el deporte, la música o el juego libre, generan beneficios más duraderos.

Finalmente, Fracchia subrayó la importancia del modelo adulto. “Los niños nos miran para todo”, afirmó. Promover el ocio implica también revisar el propio vínculo con las pantallas y entender que acompañar no es entretener constantemente, sino confiar en que, del aburrimiento, siempre puede surgir algo valioso.