La pobreza que no muestran los números, según Benito Baranda en Conversaciones sin Pauta
En Conversaciones sin pauta, Claudia Alamo conversó con Benito Baranda sobre la pobreza en Chile más allá de las cifras, abordó la exclusión social, la infancia, la fragilidad de la clase media y el desafío de reconstruir cohesión comunitaria.
En Conversaciones sin pauta, un podcast original de Radio Pauta, Claudia Alamo conversó con Benito Baranda sobre cómo ha cambiado la pobreza en Chile y por qué hoy no basta con mirarla solo desde los números.
A partir de la última encuesta Casen, el diálogo se abrió hacia una reflexión más profunda sobre exclusión social, infancia, cohesión comunitaria y políticas públicas.
Más allá de las cifras: la pobreza que se vive en Chile
Benito Baranda ha pasado décadas recorriendo los territorios donde la pobreza se vive a diario; no solo la ha estudiado, también ha compartido la vida con quienes la experimentan.
Desde ese vínculo comunitario y su trabajo en fundaciones sociales, su mirada sobre la pobreza en Chile nace más de la experiencia que de las cifras. Desde ahí, Baranda planteó que el rasgo más persistente de la pobreza actual no es solo la falta de ingresos, sino la sensación de quedar fuera del sistema.
“Las personas que viven en pobreza no se sienten incluidas en la sociedad”, afirmó, y advirtió que hoy la exclusión puede expresarse incluso en lo digital, donde no contar con herramientas básicas implica desaparecer de la vida cotidiana.
La pobreza como exclusión social
Para Baranda, el rasgo más persistente de la pobreza actual no es solo la falta de ingresos, sino la sensación de quedar fuera del sistema.
“Las personas que viven en pobreza no se sienten incluidas en la sociedad”, afirmó, y subryó que hoy la exclusión puede expresarse incluso en lo digital: no tener acceso a herramientas básicas implica desaparecer de la vida cotidiana. Desde esa perspectiva, la pobreza se vive como una experiencia constante de marginación.
Avances en la medición, rezagos en la política pública
El asesor de la Fundación INVICA, valoró los avances en la medición de la pobreza multidimensional, que incorpora dimensiones como trabajo, educación, vivienda, salud y redes sociales.
Sin embargo, advirtió que esos avances no han permeado con la misma fuerza en la política pública. “La pobreza multidimensional todavía no pasa a ser prioridad”, señaló, y apuntó a la dificultad del Estado para articular respuestas integrales entre ministerios.
La infancia: donde la pobreza deja huellas más profundas
Uno de los puntos más sensibles de la conversación fue la infancia. Baranda advirtió que, tras las mujeres adultas con menor escolaridad, los niños siguen siendo uno de los grupos más golpeados.
“La pobreza es una privación de libertad porque te impide desarrollar tus capacidades naturales”, dijo, insistiendo en que sin acompañamiento temprano resulta ilusorio exigir igualdad de condiciones más adelante.
El debilitamiento de políticas como Chile Crece Contigo, a su juicio, ha tenido efectos que hoy se expresan en abandono escolar, frustración y, en casos extremos, en la atracción que ejercen las bandas delictuales sobre jóvenes sin oportunidades.
La fragilidad de la clase media chilena
La conversación también abordó la fragilidad de la llamada clase media. Baranda recordó que muchas familias entran y salen de la pobreza ante una enfermedad o la pérdida del empleo, y que las transferencias del Estado han sido clave para amortiguar esas caídas.
Por lo mismo, descartó retrocesos en beneficios como la PGU, aunque advirtió que el desafío está en fortalecer el trabajo y la cohesión social.
Finalmente, el diálogo se cerró con una reflexión incómoda: el narcisismo social. Para Baranda, una sociedad obsesionada con el estatus tiende a olvidar que el progreso individual se construyó sobre políticas públicas financiadas colectivamente.
Si ese pacto se rompe, advirtió, Chile corre el riesgo de quedarse sin los recursos ni la voluntad necesarios para sostener la dignidad de todos.