Incendios más frecuentes y voraces: el impacto del cambio climático y la falta de coordinación en Chile
La socióloga Gabriela Azócar de la Cruz advierte que el país enfrenta condiciones cada vez más propicias para incendios devastadores y que, junto al cambio climático, persisten brechas críticas de información, coordinación y aprendizaje institucional.
Los incendios forestales se han vuelto un riesgo recurrente en Chile, con temporadas marcadas por emergencias de gran magnitud como las de 2017, 2023 y 2024. Más allá del balance de víctimas y daños materiales, el fenómeno revela debilidades estructurales en la preparación del país frente a un escenario agravado por el cambio climático. Así lo plantea Gabriela Azócar de la Cruz, doctora en Sociología e investigadora del Centro de Estudios del Clima y la Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile, quien subraya que la falta de información clara y oportuna sigue siendo un factor clave en el impacto de estas catástrofes.
Cambio climático y condiciones cada vez más extremas
La experta explica que el aumento de incendios —y especialmente de aquellos de carácter devastador— está directamente relacionado con el cambio climático. Altas temperaturas, baja humedad, viento y una sequía acumulada generan condiciones ideales para que el fuego se inicie y se propague con rapidez.
Aunque en los últimos años se han registrado periodos más lluviosos en algunas zonas, Azócar advierte que esto no revierte los efectos de una sequía prolongada. Por el contrario, lluvias intensas o fuera de temporada favorecen el crecimiento de vegetación que luego se seca con el calor, transformándose en material altamente combustible durante el verano.
Interfaz urbano-rural: mayor exposición al riesgo
Otro elemento central es la expansión de las zonas de interfaz urbano-rural, espacios intermedios entre lo silvestre y lo urbano donde conviven viviendas, asentamientos y actividades humanas con bosques y plantaciones. “Son las zonas más expuestas, porque están rodeadas de material combustible y, además, concentran actividad humana, lo que incrementa el riesgo de incendios por negligencia o intencionalidad”, explica la investigadora.
Este patrón se repite en otros países afectados por incendios extremos, como Estados Unidos, lo que refuerza la idea de que no se trata solo de un problema de preparación local, sino de un fenómeno global asociado al cambio climático y a la forma en que se ocupa el territorio.
Falta de información, coordinación y aprendizaje
Pese a los avances institucionales en la gestión del riesgo de desastres, Azócar identifica una debilidad persistente: la circulación de información y la coordinación entre autoridades y ciudadanía. A su juicio, la política actual es adecuada en su diseño, pero su implementación aún es desigual. “Todavía falta mucha coordinación y aprendizaje”, afirma.
Esta brecha se manifiesta tanto en la relación entre niveles local, regional y central, como en la comunicación hacia la población. En escenarios de alta tensión, la falta de información clara puede traducirse en decisiones tardías o confusas, especialmente en comunas que no han internalizado plenamente cómo se activan los recursos y los protocolos de emergencia.
Evacuación y comunicación: un desafío pendiente
La investigadora subraya que uno de los principales vacíos está en los protocolos de evacuación frente a incendios forestales. A diferencia de los tsunamis, donde existen rutas definidas y simulacros frecuentes, los planes de evacuación por incendios son genéricos y dejan muchas decisiones para el momento de la emergencia.
A ello se suma la fragilidad de los sistemas de comunicación. El colapso de redes móviles o la destrucción de antenas puede dejar a comunidades completas sin acceso a información. Por eso, Azócar enfatiza el rol de la radio como canal estratégico y plantea la necesidad de contar con transmisiones permanentes y especializadas que indiquen rutas y condiciones de evacuación en tiempo real.
La experiencia reciente demuestra que los incendios forestales en Chile ya no son eventos excepcionales. En un contexto de cambio climático, reducir su impacto exige no solo más recursos para el combate, sino también mejorar la información, la coordinación y el aprendizaje institucional y ciudadano. Sin estos elementos, advierte la experta, la vulnerabilidad frente al fuego seguirá aumentando.