Director del Hogar de Cristo alerta por nueva cara de la pobreza en Chile: más profunda, más compleja y marcada por la desesperanza
En Conversaciones sin Pauta, el director del Hogar de Cristo advirtió sobre el aumento de la pobreza, su transformación y los nuevos desafíos sociales que enfrenta el país.
En Conversaciones sin Pauta, Claudia Alamo conversó con Juan Cristóbal Romero, director del Hogar de Cristo, sobre el escenario actual de la pobreza en Chile.
Su diagnóstico apunta a una realidad más extendida, compleja y difícil de enfrentar, donde las cifras conviven con transformaciones sociales y un trasfondo emocional que atraviesa a miles de familias.
La nueva pobreza en Chile: más extendida, más compleja y con un trasfondo emocional
Romero sostuvo que el país enfrenta un panorama más duro que el que se percibía hace algunos años. “Hace un par de años la pobreza había desaparecido de la agenda”, afirmó, pero la actualización de la medición cambió ese escenario.
“Hoy día tenemos un 17% de personas, familias, que viven en condiciones de pobreza que es una cifra bastante alta”, señaló. A su juicio, se trata de una situación que no se ha dimensionado completamente: “No dimensionamos vivir en esa condición”.
Presión inflacionaria y crecimiento: claves económicas para enfrentar la pobreza
El impacto económico aparece como un factor clave. El alza de los combustibles y su efecto en cadena presionan el costo de la vida, sobre todo en los sectores más vulnerables.
En ese contexto, fue enfático: “El IPC es un cáncer de la economía y especialmente para sectores de pobreza”. Explicó que estas familias concentran su gasto en bienes básicos, por lo que cualquier variación en los precios afecta directamente su subsistencia.
En ese escenario, el crecimiento económico se instala como condición necesaria. “La número uno es el crecimiento”, sostuvo, junto con subrayar que “el país tiene que crecer por lo menos al 3%” para sostener avances.
En esa línea, destacó el rol de la Pensión Garantizada Universal: “La PGU ha sido muy importante, debe ser de las mejores políticas sociales que se han tenido últimamente”, aunque advirtió que su continuidad depende de un mejor desempeño económico.
Transformaciones sociales: desescolarización, envejecimiento y falta de rumbo en la agenda pública
Más allá de los números, la pobreza también ha cambiado su rostro. Romero identificó fenómenos que no tenían la misma intensidad hace dos décadas, como la desescolarización.
“Hoy día hay cerca de 200.000 jóvenes en edad escolar que no están yendo al colegio”, alertó, junto con advertir que la falta de alternativas los expone a dinámicas como el crimen organizado. A esto sumó una crítica al enfoque actual: “Me preocupa la criminalización de los jóvenes”.
El envejecimiento de la población también redefine el problema. Familias que deben destinar tiempo y recursos al cuidado de adultos mayores ven limitadas sus posibilidades de generar ingresos.
En ese punto, enfatizó la urgencia de avanzar en sistemas de apoyo: “Las propuestas en materia de cuidados son indispensables”, afirmó, aunque reconoció que todavía no existe una política consolidada.
A esto se suma la incertidumbre en la conducción de la agenda social. “No está muy claro cuál va a ser el programa social del gobierno”, sostuvo, en un contexto donde la contingencia económica tensiona las prioridades.
Desesperanza y sentido: la dimensión más profunda de la nueva pobreza
En definitiva, el diagnóstico apunta a una pobreza más compleja, que combina carencias materiales con factores sociales y culturales. “Es una pobreza que necesita apoyo y cuidado”, resumió.
Sin embargo, el elemento más profundo es emocional. “Hay una desesperanza sin sentido”, afirmó, al describir una realidad donde muchas personas han perdido propósito y horizonte.
En ese contexto, el desafío no solo pasa por medidas económicas, sino también por reconstruir sentido. “Espero que la autoridad construya un relato”, planteó, con la expectativa de que el país logre articular un camino frente a una pobreza que hoy se vuelve más visible, pero también más difícil de revertir.