Roberto Brodsky alerta sobre la fragmentación social, pérdida de comunidad y tensión generacional en el mundo actual
En Conversaciones sin Pauta, el escritor aborda su vida entre Chile y Estados Unidos, analiza el fenómeno Trump, cuestiona a la izquierda actual y profundiza en la fractura entre padres e hijos que inspira su novela Lobos.
En el podcast Conversaciones sin Pauta, Claudia Alamo conversó con Roberto Brodsky sobre identidad, política, memoria y el trasfondo de su última novela.
El autor, que reside hace dos décadas en Estados Unidos, describe una vida marcada por el tránsito constante entre países, aunque con un anclaje emocional claro. “Todo mi trabajo literario es con la cabeza en Chile”, afirmó.
Identidad, política y crisis de comunidad: el diagnóstico de Brodsky sobre un mundo fragmentado
El escritor plantea que esa dualidad no elimina el desarraigo. Por el contrario, reconoce una tensión permanente entre irse y volver. “Aquí está la tribu”, sostuvo, al explicar que en Chile se encuentran sus vínculos más profundos: familia, amigos y referencias culturales.
Esa idea de comunidad, sin embargo, aparece en crisis. Brodsky advierte que el tejido social se ha debilitado y que la experiencia contemporánea se caracteriza por la fragmentación. A su juicio, hoy “la tribu se ha roto” y el presente se impone como un espacio exigente, donde conviven múltiples tiempos sin pausa.
Estados Unidos, Trump y el enojo social
Desde su experiencia en Nueva York, el autor describe una sociedad alerta y tensionada. Señala que la ciudad mantiene una identidad propia, distinta al resto del país, con una convivencia multicultural que contrasta con otras zonas.
En ese contexto, aborda el fenómeno de Donald Trump y descarta que se trate de un accidente político. “El fenómeno de Trump no es artificial”, afirmó.
Brodsky sitúa el origen de ese apoyo en sectores que quedaron fuera de los beneficios de la globalización. Explica que su novela se ambienta en Ohio, un estado que considera clave para entender ese malestar.
Describe un entorno marcado por el deterioro económico, el avance de la droga y la frustración social. “Esa gente está cabreadísima y tiene algo de razón”, señaló, aludiendo a quienes respaldan ese proyecto político.
El autor sostiene que Trump no interpela a las élites urbanas, sino a una población que se siente desplazada. Ese diagnóstico se vincula con una crítica más amplia a las democracias actuales, donde la política pierde capacidad de articulación y se reduce a disputas de poder.
Memoria, estallido y crisis política en Chile
En el plano local, Brodsky observa una transformación profunda en la relación con la memoria histórica. Considera que el proceso de transición consolidó ciertos consensos, pero que estos se erosionaron con el tiempo. A su juicio, el estallido social implicó una ruptura. “Hoy en día vivimos sin esa memoria”, afirmó.
El escritor advierte que la pérdida de ese marco común abre espacio a la fragmentación política. En ese escenario, cuestiona el rol de la izquierda contemporánea.
Asegura que no se siente representado y critica su énfasis en identidades y poder. “No hay ninguna conversación posible”, señaló, al describir un clima donde el diálogo cede frente a la confrontación.
Paternidad en crisis y brecha generacional
Estos temas atraviesan su novela Lobos, que explora la relación entre un padre y su hija en un viaje marcado por tensiones y distancia emocional. Brodsky retrata una paternidad debilitada, donde la autoridad pierde sentido.
El protagonista busca acercarse a su hija, pero enfrenta una barrera generacional difícil de sortear. “No tiene autoridad alguna”, explicó sobre ese vínculo.
El autor describe a la generación Z como más libre, pero también más desconectada de las tradiciones. Señala que no existe interés por reproducir los esquemas del pasado ni por validar la experiencia de sus padres. Esa distancia se expresa incluso en la relación con la memoria histórica, que deja de ser un elemento central en la construcción identitaria.
Para Brodsky, esa fractura no solo define el ámbito familiar, sino también el momento cultural y político. La pérdida de comunidad, el cuestionamiento de la autoridad y la dificultad para construir relatos compartidos configuran un escenario incierto.
A su juicio, se trata de una época donde “ya no nos sirven las tradiciones y el futuro nos parece retórico” y donde, además, “estamos viviendo simultáneamente muchos tiempos a la vez”, lo que tensiona la convivencia y debilita los marcos comunes.