Experto explica cómo el incendio del verano agravó el aluvión en Las Condes: “Se pierde la capacidad del suelo de infiltrar agua”
El especialista Pablo Silva Jordán explicó que el fuego alteró las condiciones de la cuenca de San Carlos de Apoquindo. Advirtió que el riesgo persiste y detalló las medidas preventivas, las limitaciones del monitoreo y las obras necesarias.
En Primera Pauta de Radio Pauta conversamos con Pablo Silva Jordán, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental, sobre las causas del aluvión en Las Condes.
El experto identificó el incendio del verano como el factor que alteró la respuesta de la cuenca de San Carlos de Apoquindo ante las precipitaciones.
Las causas del aluvión en Las Condes y las medidas para prevenir nuevos episodios
“Aquí hay una suma de hechos. No hay una única causa, pero sí hay un efecto gatillante”, señaló. Explicó que el fuego afectó la vegetación, la estabilidad del terreno y su capacidad de retener agua.
“Se pierde la vegetación, se pierde la capacidad del suelo de infiltrar agua”, afirmó. Describió un efecto llamado hidrofobicidad: “Literalmente el suelo repele el agua, por decirlo en términos muy simples”.
A esa condición se sumaron cerca de 120 milímetros de lluvia entre el 5 y el 7 de octubre, según indicó, y una precipitación intensa en pocos minutos. Estimó que durante el episodio pudieron caer cerca de 30 milímetros y cuestionó que los registros oficiales capturaran su intensidad real.
Un riesgo conocido y medidas preventivas en desarrollo
Silva distinguió entre anticipar el peligro y prever su dimensión. “Es previsible, sí”, sostuvo, pero precisó: “Lo que no era previsible y es muy difícil de poner en el papel y en los pronósticos, es la magnitud de un evento de esta naturaleza”.
Recordó un episodio menor el 31 de enero, con afectación de calles y viviendas. También reconoció trabajos municipales de limpieza de cauces, manejo de sedimentos y reforestación. “Yo creo que en eso sí han sido bastante efectivos las autoridades”, manifestó.
Además, señaló que existía un proyecto de mallas dinámicas para retener rocas, palos y escombros. “Tenía un cronograma de instalación durante noviembre, lamentablemente la naturaleza se nos adelantó”.
La recuperación de la cuenca, advirtió, podría tomar entre cinco y diez años. Durante ese período se requieren obras. Mencionó piscinas decantadoras como alternativa, sujetas a estudios y permisos.
Alertas, expansión urbana y peligro de nuevos episodios
Sobre las alertas, explicó que los pronósticos mostraban riesgos en la quebrada de Ramón, mientras la cuenca afectada, más pequeña, no presentaba señales equivalentes. Planteó que el monitoreo y la planificación deben incorporar mejor los eventos extremos.
Silva relató que estuvo en el sector y debió escapar. Explicó que el flujo siguió el antiguo recorrido natural de la quebrada, hoy intervenido con colectores y canales.
Extendió la advertencia al borde precordillerano, aunque aclaró que cuencas sin daños por incendios podrían responder de forma más atenuada. Llamó a priorizar obras en zonas de mayor riesgo: “No podemos quedarnos tranquilos con que ocurrió y no va a volver a ocurrir, lamentablemente”.