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Mauricio Olavarría revela motivos de internos para dejar el delito: algunos ya acumularon casas y negocios

POR María Alejandra Gallardo Contreras |

El académico de la Usach explicó cómo el patrimonio, la edad y el desgaste de las condenas influyen en el abandono del delito. También abordó la violencia, la relación con las víctimas y las posibilidades de reinserción.

En Pauta de Análisis de Radio Pauta conversamos con Mauricio Olavarría, doctor en Políticas Públicas y académico de la Usach, sobre su investigación acerca de las trayectorias delictuales y las posibilidades de reinserción de personas condenadas en Chile.

Estudio sobre cárceles en Chile: las motivaciones para delinquir y las posibilidades de reinserción

El trabajo ya suma 432 entrevistas a personas privadas de libertad y 77 a profesionales que las atienden. Entre sus hallazgos figura que algunos internos expresan su intención de abandonar el delito porque ya acumularon patrimonio.

Olavarría reprodujo el testimonio de una interna: “Yo esta es la última vez que estoy y ya no vuelvo, porque yo ya tengo cinco casas y con eso ya estoy tranquila”. Otra relató que los robos de camiones permitieron instalar negocios familiares.

El dinero, la identidad delictual y las razones para abandonar el delito

“La motivación central para optar por el delito es la motivación económica”, afirmó. Según explicó, los entrevistados buscan ingresos y un nivel de vida que consideran inalcanzables mediante empleos acordes con su educación y habilidades.

A ello se suma una identidad delictual y un estatus asociado al historial de delitos. Aunque varios provienen de hogares fracturados o pasaron por recintos de menores, otros describen familias presentes y preocupadas por su crianza.

Los más jóvenes presentan mayor reincidencia, señaló. En cambio, desde los 45 años aparecen el cansancio, la pérdida de vínculos familiares y el temor a enfrentar nuevas condenas extensas.

Violencia, víctimas y consumo de drogas en las cárceles

El investigador identificó impulsividad y agresividad entre jóvenes. También vinculó parte de esa violencia con la influencia del crimen internacional.

“Los delincuentes mayores sienten que estos jóvenes violentos han roto un código”, explicó. Entre esas reglas mencionó evitar daño innecesario, no robar a personas mayores ni en el propio barrio.

Sobre la conciencia del daño, relató que algunos internos minimizan sus consecuencias. Esa reflexión puede surgir con la edad y la intervención psicosocial.

Además, advirtió: “El consumo de la droga es tan extendido en el interior de la cárcel que no genera un efecto diferenciador”. Describió tráfico y distribución de tareas dentro de los recintos.

Familia, trabajo y fe como apoyos para la reinserción

Olavarría destacó el aprendizaje de oficios y el empleo como herramientas para abandonar el delito. Relató que algunos internos ahorran con su trabajo en prisión para adquirir implementos y abrir una barbería, una peluquería o un pequeño negocio cuando recuperen la libertad.

La familia también puede influir en ese proceso. El académico distinguió entre hogares que incentivan el delito, otros que se alejan tras reiterados intentos de ayuda y aquellos que acompañan el cumplimiento de la condena y promueven un cambio de vida.

En ese escenario, subrayó el papel de las parejas: “La mujer también puede jugar un rol muy, muy importante”. Explicó que el desgaste de sostener el hogar, criar a los hijos y enfrentar el estigma puede llevarlas a exigir el abandono de la actividad delictual.

También destacó las redes religiosas, especialmente evangélicas, que ofrecen apoyo después de la cárcel. Según señaló, algunos internos mantienen ese vínculo al salir y acceden a alojamiento y contactos laborales que favorecen su reinserción.

Estas oportunidades conviven con la decisión de otros de persistir en el delito. “Hay un porcentaje importante que ellos lo dicen, van a seguir en esto”, advirtió.