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El Niño marcaría el otoño-invierno: prevén alza de lluvias y calor inusual

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POR Micaela Galarce Mascaró |

El fenómeno climático comenzaría a influir con mayor fuerza desde mitad de año, generando precipitaciones más intensas y cambios en los patrones.

Con la llegada del otoño, las proyecciones climáticas apuntan a temperaturas levemente superiores a lo habitual en gran parte del país.

Según expertos, este patrón se mantendría especialmente en la zona norte y centro, con máximas más elevadas entre abril y junio.

De cara al invierno, incluso se anticipa una extensión del calor, con aumentos de hasta 2 o 3 °C en el norte, lo que refuerza la tendencia de una temporada más cálida de lo normal.

Lluvias: inicio seco y repunte hacia junio

En cuanto a precipitaciones, el comportamiento será desigual durante la temporada. Abril se proyecta como un mes más seco de lo normal, especialmente en la zona central, mientras que mayo presentaría condiciones cercanas al promedio.

El cambio más significativo se espera en junio, cuando se anticipa un repunte de lluvias en la zona central y sur del país, coincidiendo con la transición hacia el invierno.

Para los meses invernales, las proyecciones indican una mayor frecuencia de precipitaciones entre Coquimbo y Aysén, aunque estas podrían concentrarse en eventos más intensos en lugar de lluvias constantes.

El Niño como factor clave del invierno

Uno de los elementos centrales de estas proyecciones es el desarrollo del fenómeno de El Niño, que podría instalarse entre junio y agosto con alta probabilidad.

Este evento climático suele asociarse a mayores precipitaciones y temperaturas por sobre lo normal en la zona centro y sur de Chile, lo que explica las proyecciones de un invierno menos seco.

Además, los expertos advierten que este episodio podría alcanzar una intensidad significativa, lo que aumentaría la probabilidad de eventos extremos como lluvias intensas en cortos periodos, ríos atmosféricos o posibles inundaciones.

Riesgos de eventos extremos

El desarrollo de El Niño no solo implica más lluvias, sino también una mayor concentración de estas en episodios intensos.

Esto eleva el riesgo de fenómenos como aluviones o crecidas de ríos, especialmente en zonas vulnerables.

En ese contexto, especialistas llaman a monitorear la evolución del fenómeno durante los próximos meses, ya que su impacto será más evidente en la segunda mitad del año.