¿Qué pierde Colo Colo dejando ir a Vicente Pizarro?
El mediocampista de 23 años tendrá su primera experiencia en el extranjero.
Colo Colo oficializó la salida de Vicente Pizarro rumbo a Rosario Central en una operación por 2,2 millones de dólares por el 70% de su pase, conservando el club el 30% restante para una futura venta. El mediocampista, que dejó la concentración en Pirque para viajar a Argentina, cierra así una temporada 2025 en la que fue uno de los futbolistas con mayor presencia en el equipo.
Más allá del traspaso, el movimiento obliga a revisar qué aportaba Pizarro desde el juego y los datos, y qué tipo de vacío deja en la estructura del mediocampo albo.
Titular permanente
El 2025 de Vicente Pizarro en números:
40 partidos oficiales
3.064 minutos en cancha
Siete goles
Seis asistencias
Seis tarjetas amarillas
Solo tres partidos ausente en toda la temporada
En términos de carga competitiva, fue uno de los jugadores más utilizados del plantel. Su promedio supera los 76 minutos por partido, lo que evidencia continuidad como titular y una baja rotación en su puesto.
Además, a partir de septiembre asumió la capitanía del equipo, lo que refleja un rol consolidado dentro del 11 estable.
Incidencia directa en el juego
Con 13 participaciones directas en gol (siete goles + seis asistencias), Pizarro cerró el año con un aporte ofensivo relevante para un volante central o interior. No se trató de un mediapunta ni de un extremo, sino de un mediocampista con llegada desde segunda línea.
Su producción se explica por tres patrones de juego:
1. Apariciones en zona de remate
Pizarro no se limitó a distribuir: atacó el área en segundas jugadas y transiciones. Sus siete goles provienen, mayoritariamente, de llegadas tardías y remates desde el borde del área.
2. Participación en el último pase
Las seis asistencias reflejan su rol como conector entre la base del mediocampo y los delanteros. Fue una pieza clave en progresiones por carril central y apoyos cortos en tres cuartos.
3. Continuidad de minutos
Su alto volumen de juego le permitió sostener patrones ofensivos del equipo durante la temporada, sin que el mediocampo perdiera referencias estructurales.
Función táctica: un volante de equilibrio
Desde lo posicional, Pizarro actuó como volante mixto, con responsabilidades en:
Salida de balón: primer pase limpio desde campo propio.
Coberturas defensivas: apoyo a los laterales y cierres en transiciones.
Progresión interior: ocupación del carril central para romper líneas.
No fue un “5” de contención pura ni un “10” creativo. Su aporte estuvo en la estabilidad del mediocampo: ordenar las distancias entre líneas y ofrecer una opción constante de pase tanto en fase ofensiva como defensiva.
El desafío para el mediocampo albo
La salida de Vicente Pizarro obliga a una definición estratégica: buscar un reemplazo de perfil similar (volante mixto, regular, con llegada) o modificar el funcionamiento del mediocampo, redistribuyendo roles entre contención, salida y creación.
Los datos de 2025 muestran que no se trataba de una pieza complementaria, sino de un jugador estructural en minutos, producción y función. Rosario Central incorpora un volante con continuidad competitiva y rendimiento medible. Colo Colo, en cambio, deberá reconstruir una zona del campo que perdió uno de sus principales puntos de estabilidad.