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Se acaba la espera por Zion Williamson: debuta el jugador número 1

La superestrella del básquetbol universitario llega al fin al profesionalismo; algunos dicen que está llamado a revolucionar la NBA. ¿Podrá cumplir con las expectativas?

Zion Williamson.

Keenan Hairston

Por Francisco Gómez

Miércoles 22 de enero de 2020

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Tras tres meses de espera finalmente hará su estreno en la liga más importante del mundo el ala pívot de los Pelicans, el que para muchos es el jugador llamado a dominar la NBA en la década que comienza.

Varios meses antes del draft de 2019, no había ninguna duda de que la selección número 1 sería él. Superestrella de la Universidad de Duke, sus partidos se transmitían por televisión nacional en EE.UU. alcanzando sintonías superiores a los de algunos duelos de playoffs de NBA, partidos a los que incluso acudió como público el expresidente Barack Obama. Eso es lo que generaba Zion Williamson aún sin jugar un minuto como profesional.

Williamson no es un jugador estrella cualquiera. Sus llamativos 129 kilos de peso y sus 1,98 metros de altura impresionan de inmediato a quien lo ve por primera vez, pero no es solo su físico o sus espectaculares clavadas, sino que todo lo que genera a su alrededor más allá del básquetbol.

Con 19 años ya suma millonarios contratos publicitarios y tiene a todo el mundo con los ojos puestos en él. Kevin Durant se refirió a él como "un atleta que aparece una vez por generación" y la prensa especializada lo ha ungido como la mayor sensación del básquetbol desde la aparición de LeBron James en 2003. No por nada su esperado debut de este miércoles será pasado por la televisión nacional en el país del norte, un verdadero despropósito si tomamos en cuenta que quienes juegan son New Orleans Pelicans y San Antonio Spurs, dos equipos que actualmente están muy lejos de los primeros lugares. Pero todo cambia con la presencia de Zion. El partido adquiere otro precio.

Superestrella aun sin jugar

A pocos días del inicio de la NBA 2019-2020, Williamson tuvo que operarse por una lesión en una de sus rodillas. Hasta ese momento de la pretemporada, Zion acumulaba promedios de 23,3 puntos, 6,5 rebotes, 2,3 asistencias y 1,5 robos, en menos de 30 minutos por partido. Dominio de la zona, eficacia defensiva, una increíble capacidad de salto y una tremenda agresividad a la hora de atacar eran su carta de presentación.

Pese a su exuberante físico se mueve con extrema agilidad, logrando proezas inusitadas que en su época universitaria inundaron la web en formato de highlights, pero no se queda ahí. Zion es un ala pívot moderno y su despliegue dentro de la pista, sumado a su impresionante capacidad para saltar, le permiten jugar de alero o de pívot según convenga. Defensivamente es un portento, pudiendo defender tres posiciones sin mayores problemas. Aunque su físico también puede jugarle malas pasadas. Famosa es la imagen de su zapatilla rompiéndose debido al esfuerzo en un partido de la universidad. Su cuerpo aún no ha desarrollado la musculatura definitiva para competir en la NBA y seguramente por esta misma razón sus primeras temporadas en la liga serán de mucho cuidado con las lesiones. Mover casi 130 kilos con esa potencia y velocidad no es tarea fácil, incluso para su privilegiado físico.

No es ganar partidos, es cambiar el juego

A pocas horas de su esperado debut, el jugador oriundo de Carolina del Norte deberá responder a las excesivas expectativas que hay a su alrededor. Es el llamado a cambiar la historia de su equipo, los New Orleans Pelicans, que tras la marcha de Anthony Davis a los Lakers necesitan una superestrella que los guíe a su primer anillo. Pero más difícil que eso, Zion Williamson está llamado a cambiar el básquetbol. En una liga extremadamente dinámica, un jugador multiposicional, con capacidad de dominio en ambos lados de la cancha, versatilidad defensiva y físico privilegiado parece ser el prospecto perfecto, pero no sería la primera vez que una promesa se estrella.

¿Defectos? Por supuesto. Un tiro de tres puntos muy mejorable y un discreto 64% de acierto desde la línea de tiros libres. Además, debe aprender a pasar mejor el balón, tomando en cuenta que es un jugador que atrae muchas marcas; su promedio universitario de 2,1 asistencias por partido resulta insuficiente.

Pero eso es algo que siempre acompañará a Zion en su carrera: nada de lo que hagas será suficiente cuando compites con la historia. Un peso que solo los elegidos son capaces de sobrellevar. ¿Será capaz de lograrlo? A partir de hoy (por fin), empezaremos a conocer la respuesta.

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