Economía

Chile, más rico de lo que creemos

El Banco Mundial propone la riqueza integral de los países y no sólo lo que producen. En ese ranking Chile está 35 entre 141 economías.

Agencia Uno

Por Marcela Gómez

Martes 20 de febrero de 2018

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Los chilenos somos más ricos de lo que creemos. Según el reciente libro La riqueza cambiante de las naciones, elaborado por el Banco Mundial, en 2014 la riqueza de Chile era tal que si se repartiera cada persona hubiera tenido poco más de $135 millones ese año. El monto más que duplica lo que podríamos haber recibido en 1995, cuando nos habrían tocado poco más de $62 millones cada uno.

Pero, como se sabe, este reparto no sucedió. Tampoco ocurrirá, porque la riqueza de nuestro país no está sólo en dinero y menos en las manos de las familias Luksic o Matte, por citar algunas de las más pudientes. Identificar mejor la riqueza de los países es parte del nuevo paradigma que viene instalando el Banco Mundial respecto de los factores que inciden en el desarrollo de largo plazo de los países. La propuesta apunta a una mirada más integral, que hasta ahora se ha centrado sólo en lo que producen (Producto Interno Bruto o PIB).

Este nuevo enfoque incluye cuatro componentes: capital natural (como tierras bajo explotación, áreas protegidas, combustibles fósiles y minerales), capital humano (ingresos generados por las personas a lo largo de su vida), capital producido (PIB y valor de la infraestructura y tierra urbana) y activos extranjeros netos (la diferencia entre los activos y pasivos transfronterizos en manos de los nacionales o del Estado.).

Para conocer la riqueza del mundo, el organismo internacional realizó un seguimiento al desempeño de 141 países en cada uno de estos componentes entre los años 1995 y 2014. En la última medición la riqueza de Chile llega a una cifra, sin exagerar, extraordinaria: más de US$ 4,2 billones (millones de millones) de dólares en 2014. Esta es la suma que dividida entre todos los chilenos significa U$237.712 para cada uno (en torno a $135 millones, al tipo de cambio promedio de 2014).

Con este monto, Chile se sitúa en el lugar 35 entre los países con mayor riqueza per cápita, superado por economías desarrolladas, naciones productoras de petróleo de Medio Oriente y por Uruguay (dos puestos más arriba, beneficiado por su menor población). Pero nuestro país está en mejor posición que el resto de Latinoamérica y que algunos europeos como Grecia, Letonia, Rusia y Croacia.

¿Dónde está la riqueza?

Analizar la riqueza per cápita es una forma interesante de evaluar cómo nuestro país está gestionando los recursos críticos que tenemos para seguir creciendo y generando bienestar en forma sustentable para las nuevas generaciones.

Este estudio da señales positivas al respecto, ya que Chile figura entre los países cuya riqueza se expandió más de 100% en las últimas dos décadas. Este desempeño no está garantizado a futuro, porque los recursos que hoy tenemos para generar ingresos futuros pueden ser mal invertidos o agotarse por distintas razones, como ocurrió con algunos exportadores de carbón de Medio Oriente y países europeos tras la crisis de 2009, que han visto un estancamiento o caída en su riqueza.

Así como pasa a nivel global, en Chile el capital humano es el componente más importante de la riqueza. Este factor, que se mide por primera vez en un informe global, estima el valor actual de los ingresos de una persona en su vida laboral, teniendo en cuenta su educación, habilidades, experiencia y la probabilidad de trabajar en distintas edades. Ese aporte representa alrededor del 70% de la riqueza en los países más desarrollados y sólo el 40 % en los países de ingresos bajos, donde los recursos naturales cobran mayor relevancia. En Chile llega al 59%, aún bajo para el nivel en que estamos clasificados como país de altos ingresos miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Estos datos recuerdan eso que tanto se ha escuchado en los últimos años sobre la necesidad de "invertir en la gente" y el Banco Mundial lo señala así explícitamente. No se trataría sólo un imperativo ético, sino que además es rentable. El estudio también afirma que las mujeres representan menos del 40% del capital humano mundial, debido a que perciben menos ingresos que los hombres a lo largo de sus vidas, por lo que eliminar esa brecha de género contribuirá significativamente a la riqueza global.

El segundo componente en importancia en la generación de riqueza, pero a mucha distancia del capital humano, es el capital natural (23% del total), que incluye el valor de bosques, tierras agrícolas, combustibles fósiles y varias clases de minerales.

El libro señala que cuando la proporción de este factor en el total de la riqueza disminuye, no implica necesariamente que los países estén liquidando sus activos naturales para crecer a costa de la sustentabilidad futura. Pero esto exige gestionar bien ese activo y preservar su valor para las generaciones futuras. Por ejemplo, el organismo internacional sugiere tomar medidas para invertir de manera prudente las ganancias derivadas de los recursos naturales en sectores como infraestructura y educación. Esto incluso se puede hacer por medio de fondos soberanos, como los que tiene Chile para ahorrar ganancias extraordinarias provenientes del cobre. El texto también alerta sobre la pérdida de valor de los bosques productivos y su transformación en tierras agrícolas o de pastizales, una tendencia global también presente en Chile.

El tercer componente es el PIB, que representa apenas el 19% de la riqueza total de Chile, medida como propone el Banco Mundial y que incluye también maquinaria terrestre urbana, edificios, equipos y suelo urbano, todo medido a precios de mercado.

El último factor son los activos externos netos, que es la diferencia entre activos y pasivos externos; es decir, entre lo que Chile le debe al mundo (deuda externa) y los activos que los nacionales tienen en el exterior (inversión extranjera directa, activos de los Fondos Soberanos, entre otros). Este es el único componente de la riqueza en que Chile es deficitario, ya que en las cinco mediciones el saldo ha sido negativo. Sin embargo, su peso en el total es muy menor, cayendo desde el peak de 3,2% registrado en 2000 al 0,8% de 2014.

Aunque el Banco Mundial viene afinando los cálculos en esta materia, aún falta. Por ejemplo, se debe mejorar la medición del capital natural, porque aún no se incluyen los productos pesqueros y acuícolas, las energías renovables no convencionales o minerales como el litio, todos claves en la economía nacional. Tampoco el agua, activo esencial para la vida humana y la actividad económica en cualquier latitud. Y aunque sin duda son factores aún más difíciles de medir, el texto admite la necesidad de poder recoger también en futuras entregas el valor de la institucionalidad de un país, sus niveles de confianza o de capital social, cuyas deficiencias son también la antesala de los estados fallidos.

Riqueza versus PIB

En la carrera de Chile hacia el desarrollo, hasta ahora todo se ha enfocado exclusivamente en cuánto produce cada año (el PIB) y qué tan lejos está del país europeo más próximo. Para saber dónde está esa meta se usa el PIB per cápita a paridad de poder de compra (PPP), que divide lo que se produce entre todos los habitantes y ese número se ajusta por un factor que permite eliminar efectos derivados del tipo de cambio, para reflejar el real poder adquisitivo de las personas.

La meta, eso sí, ha sido esquiva. En 2007 el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, planteó que si la economía mantenía su ritmo de expansión al 2020 tendríamos un nivel de ingresos per cápita similar al del europeo más próximo, que era Portugal con un PIB per cápita ppp en torno a US$ 18.000 (Chile estaba en torno a los US$13 mil en ese entonces). Pero la crisis subprime provocó un desplome del crecimiento y la meta se alejó.

Luego, en 2012, con la economía recuperada y el ingreso per cápita superando los US$ 17.000, el ministro de Hacienda Felipe Larraín dijo que si el crecimiento mantenía su tranco se podría alcanzar antes de 2018 un PIB per cápita de US$ 22 mil, en ese entonces el punto más bajo del umbral de los países desarrollados. La verdad es que se superó la meta de Portugal por un mejor desempeño económico, pero también una población menor a la prevista en el cuestionado censo de 2012 (16,5 millones cuando se preveía que superarían largamente los 17 millones).

Chile pasó de ser un país de ingresos medios-altos en 1995 a uno de ingresos altos en 2014, con un PIB actual que está en torno a US$ 250 mil millones anuales. Si ese monto se dividiera entre todos los chilenos, daría unos US$ 25 mil per cápita PPP (unos $14 millones, aproximadamente). Pero Chile sigue lejos de Portugal, que según el Fondo Monetario Internacional (FMI) registrará un PIB per cápita ppp de US$ 30 mil este año. Un poco más cerca está Letonia, que este año está en torno a los US$28 mil.

Pero, ¿qué es mejor? ¿Centrarse sólo en el PIB o en la riqueza? En realidad, se trata de dos formas distintas y complementarias de medir el avance hacia el desarrollo. Las tendencias que ambas mediciones recogen son similares, ya que el capital producido y el capital humano representan en torno al 70% de la riqueza total y tienen una fuerte correlación con el PIB. La riqueza es una medida de stock (lo ya acumulado) y el PIB se considera una medida de flujo (lo que se suma anualmente) algo así como "el retorno de la riqueza". Al medir esta última, según el Banco Mundial, tenemos información "sobre la salud a largo plazo de una economía, su capacidad para mantener el crecimiento reflejando la depreciación y el agotamiento de los activos, y si las inversiones y la acumulación de activos se mantienen al ritmo del crecimiento de la población".

Inequidad global

  • Así como en Chile, en el mundo se mantiene una extrema inequidad en términos de riqueza. La riqueza per cápita de los países de ingreso alto miembros de la OCDE es 52 veces mayor que la de aquellos que tienen ingresos bajos.
  • Los 10 principales países en términos de riqueza per cápita en 2014 son Noruega, Qatar, Suiza, Luxemburgo, Kuwait, Australia, Canadá y los Estados Unidos.
  • Los países con la menor riqueza per cápita son Gambia, Burundi, Mozambique, Comoras, Guinea, Madagascar, Liberia, Malawi, Níger y República Democrática del Congo.
  • El crecimiento más rápido de la riqueza per cápita se dio en los países en desarrollo, incluidos China e India, que dejaron de ser países de bajos ingresos para avanzar al nuevo estatus de ingresos medios. En este grupo también están Chile, Perú y Vietnam, así como países que se recuperaron de graves disturbios civiles como Bosnia-Herzegovina, Etiopía, Ruanda y Sri Lanka.
  • Ningún país calcula actualmente su riqueza integral según el estándar propuesto por el Banco Mundial.
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