Economía

Quiénes ganaron y quiénes perdieron con la irrupción de las farmacias populares

Imagen principal
Farmacia abierta por la municipalidad de Maipú. Crédito: Agencia Uno
POR Marcela Gómez |

Llegaron a competir con precios de venta sustantivamente más baratos que las farmacias privadas. Una investigación muestra que el impacto de esta política va más allá del bolsillo de las personas.

Iniciada en 2015, la publicitada apertura de farmacias por parte de las municipalidades apuntaba a un objetivo principal: medicamentos más baratos para los vecinos. Y los resultados de una investigación muestran que esa promesa original fue cumplida con creces, luego de que en promedio los precios que ofrecen las farmacias públicas (o populares, como se las denomina) son 66% menores a los de lista de las privadas.

Pero no todos se benefician de esta política.

Los diversos impactos que generó la irrupción de esta política están detallados en el estudio “La economía de la opción pública: evidencia de los mercados farmacéuticos locales“, de Juan Pablo Atal (Universidad de Pennsylvania), José Ignacio Cuesta (Universidad de Stanford), Felipe González (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Cristóbal Otero (Universidad de California, Berkeley). El paper está publicado en la SSRN.

Los investigadores usan una combinación de fuentes de datos para llegar a resultados robustos: las compras que los municipios hicieron al proveedor público de los servicios de salud, Cenabast; las ventas de las farmacias privadas y encuestas especializadas a los vecinos.

Los obstáculos

El documento muestra que el sustantivo menor costo de los medicamentos en las farmacias populares es posible por dos razones: el abastecimiento desde Cenabast, que logra comprar remedios a menores precios porque tiene un mayor poder de negociación con los laboratorios, y el poder de mercado de las farmacias privadas.

“El retail farmacéutico está muy concentrado: tres grandes cadenas se reparten el 80% de ese mercado. Aunque enfrentan mayores costos que sus similares públicas, pueden cobrar precios mayores de los que cobrarían en un entorno de mayor competencia y también tener márgenes más altos”, explica Juan Pablo Atal.

Pero no todos los consumidores se benefician de los menores precios. Quienes optan por la farmacia popular -en particular, personas de mayor edad y con enfermedades crónicas-, siguen siendo una minoría. Aunque ahorrar es atractivo, comprar allí no resulta conveniente para todos por varias razones. Lo central es que cada municipio abre una farmacia, pero los vecinos encuentran, en promedio, 20 farmacias privadas más cerca de su casa.

“Adicionalmente, las farmacias públicas requieren registrarse previamente, tienen horarios de atención limitados (aunque se han ido expandiendo en el tiempo), requieren solicitar los productos con anticipación antes de retirarlos y ofrecen una variedad de productos sustancialmente menor. Si en las farmacias privadas hay en promedio 15 productos por ingrediente activo, en las públicas el promedio es cercano a dos”, precisa Atal.

La reacción de los privados

Los autores georreferenciaron toda la oferta del retail farmacéutico en el país, lo que permitió detectar que la nueva oferta pública se ubicó en lugares poblacionalmente densos y donde ya existían farmacias privadas.

“Esto indica que las farmacias públicas entraron para competir con las farmacias privadas y permite explicar que si las privadas reaccionan, es justamente porque están perdiendo mercado”, afirma Cristóbal Otero.

La investigación muestra que 15 meses después de que la farmacia pública comienza a operar, las ventas de las farmacias privadas en esa comuna caen cerca de un 4% en promedio, efecto que se ha ido ampliando en el tiempo.

Pero en términos de precios hubo sorpresas. “Nuestra hipótesis era que disminuirían al enfrentar mayor competencia, sobre todo cuando ésta ofrece los mismos productos a precios muchísimo más bajos. Sin embargo, encontramos lo opuesto: la reacción de las farmacias privadas fue aumentar levemente sus precios; en promedio, entre 1% y 2%”, sostiene Otero.

La razón tras este comportamiento se relaciona con aquellos consumidores que simplemente no optarán por la farmacia pública, debido a los obstáculos de distancia y conveniencia ya mencionados. Este fenómeno de segmentación de mercado se traduce en que las farmacias privadas pueden aumentar levemente sus precios, porque hay personas que no son tan sensibles al costo como quienes sí se cambiaron. 

Impacto en el bolsillo

Ignacio Cuesta detalla que, usando la Encuesta de Presupuestos Familiares que levanta el INE, midieron el gasto de las familias en medicamentos y estimaron el impacto que tuvo la nueva política en el bolsillo de las familias.

“En un año, quienes se cambian a la farmacia popular pueden ahorrar $85 mil; ese impacto llega a $325 mil para las personas con enfermedades crónicas, que son el principal objetivo de esta política”, comenta. El aumento en el gasto para quienes siguen comprando en las farmacias privadas, que es el grueso de los consumidores, es menor, de cerca de mil pesos.

“Según nuestras estimaciones, si todas las comunas introdujeran una farmacia pública, el ahorro sería de más de $36 mil millones de pesos (o US$60 millones de dólares) lo que equivale al 1,6% del gasto de las familias en medicamentos”, afirma.

La investigación muestra que las farmacias populares han venido entrando sostenidamente al mercado y hoy casi la mitad de las comunas cuenta con al menos una. También han ido expandiendo su oferta de productos y número de usuarios con el tiempo.

Beneficio político para los alcaldes 

Otro tema de análisis es si la apertura de farmacias populares tiene un impacto electoral (y de qué signo) cuando el alcalde que impulsó la medida fue a la reelección en 2016. A priori, podría haber un efecto positivo entre quienes valoran esa política, que apunta a un tema sensible como el precio de los medicamentos. Pero ya que ese gasto subió levemente para la mayoría que siguió comprando en las farmacias privadas, también podría haber un castigo electoral.

Usando encuestas y datos del Servicio Electoral, la investigación revela que de cada 100 personas que supieron de la farmacia popular o compraron en ella, alrededor de cuatro votaron por el alcalde que la impulsó. Los autores detallan que para poner este número en contexto, se debe considerar que hubo 20 alcaldes que abrieron una farmacia popular y ganaron la elección por menos de cuatro puntos porcentuales.

“Podemos decir que los alcaldes que implementaron esta política fueron premiados, ganaron más votos y no dañaron las finanzas municipales, que era una de las preocupaciones iniciales cuando partieron las farmacias populares”, afirma Felipe González.

Pero advierte que esto no significa que impulsar opciones públicas en otros mercados sea siempre una buena decisión. “Creemos que en este caso funcionó bien por dos razones: primero, porque las farmacias privadas tienen mucho poder de mercado y pueden vender a precios mayores que los costos, lo que no pasa en todos los mercados. Segundo, porque las municipalidades tienen poder de negociación con los laboratorios a través de Cenabast, lo que tampoco pasa en todos los mercados”, explica.

Así, por ejemplo, una opción municipal en un mercado donde el sector público no tiene poder de negociación implicará comprar (y vender) al mismo precio que los privados, pudiendo afectarse el presupuesto municipal si se busca vender más barato.