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La aproximación del cine a los agujeros negros

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POR Alejandro Alaluf |

Los misterios de los hoyos negros siempre han sido un elemento interesante para los cineastas, especialmente para el de ciencia ficción. La reciente fotografía a un agujero negro catapulta nuestro interés.

Cuando se develó la majestuosa fotografía del agujero negro en la galaxia Messie 87, a aproximadamente 55 millones de años luz de nuestro planeta, fue casi imposible no vincular el registro con la película Interstellar, de Christopher Nolan. Estrenada el 2014 y con una recaudación que superó los 680 millones de dólares, la cinta de ciencia ficción protagonizada por Matthew McCoungahey exploraba las posibilidades –y los efectos– de un posible viaje a un agujero negro, en este caso, con la idea de buscar mundos habitables para la supervivencia de la raza humana dentro de un futuro cercano.

La película, que se llevó un premio Oscar a los mejores efectos visuales, mezcla el drama familiar con datos científicos. Lynda Obst y el físico teórico Kip Thorne –quien concibió la idea original– ya habían trabajado en una cinta similar, Contacto (1997), protagonizada por Jodie Foster y basada en la obra de Carl Sagan.

Steven Spielberg inicialmente estuvo a cargo de dirigir y desarrollar el proyecto, hasta que Christopher Nolan se juntó con su hermano Jonathan Nolan a desarrollar el guion y, finalmente, se quedó en la silla de dirección. El resultado fue una de las mejores y más maduras cintas de ciencia ficción de los últimos años. Su protagonista, Matthew McCounaghey, también había estado (más joven) en Contacto.

Es cierto: salvo el caso de Interstellar, los agujeros negros en el cine son, en general, más bien excusas en la trama para una historia mayor. Al menos, en términos científicos. Eso no quita que otras películas hayan abordado el concepto y lo hayan manipulado a su gusto, entendiendo que el cuento de los agujeros negros son perfectas excusas para el misterio. Veamos.

 

El Abismo Negro

(The Black Hole, 1979)

Poco después del arrollador éxito sociocultural –y de taquilla– que significó Star Wars, Disney quiso subirse al carro de la victoria y produjo una cinta atípica a su canon: una aventura semi-familiar de ciencia ficción, una space opera, en donde un grupo de exploradores espaciales y científicos, junto al obligatorio robot, encuentran en los confines del espacio una gran nave espacial, aparentemente abandonada, en el horizonte de eventos de un agujero negro. Por una misteriosa razón, el campo gravitacional del agujero no es capaz de absorber la nave. Así que nuestros protagonistas deciden investigar la nave y se encuentran con una gran sorpresa: la nave no está del todo abandonada.

Con más de 26 millones de dólares, hasta ese momento fue la cinta más cara producida por Disney, además de estar dirigida a un público un poco más adulto. Porque la película, efectivamente, es bastante más oscura que Star Wars y, en general, comparada con cualquier cosa anteriormnete hecha por Disney. La cinta no pasó más allá de ser un entretenimiento familiar y terminó siendo un muy modesto hit para Disney. Aún así, los agujeros negros se pusieron de moda por esos días.

 

La Nave del Terror

(Event Horizon, 1997)

Un grupo de rescate va en busca de una nave espacial que ha reaparecido en la órbita de Neptuno, siete años después de haber desparecido, con la misión inicial de crear agujeros negros de manera artificial. Pero más allá de crear la posibilidad de viajar a cualquier punto del universo, el experimento más bien abrió una dimensión hacia el mismísimo infierno.

La cinta, dirigida por Paul W. S. Anderson (Mortal Kombat, Resident Evil), fue un problema desde el inicio y tuvo un muy mal desempeño de crítica y taquilla tras su estreno, incluido nuestro país. Pero con el tiempo, la película ha ido amasado un estatus de culto como una de las películas de ciencia ficción y horror más perturbadoras de los últimos tiempo. Bono extra para el nombre de la nave, Event Horizon que, como ya lo sabemos, tiene que ver con el “horizonte de eventos” que ocurren alrededor de un agujero negro.

 

Perdidos en el Espacio

(Lost in Space, 1998)

Hacia fines de los 90, Hollywood decidió realizar varios remakes de series de televisión. Una de ellas fue la de Perdidos en el Espacio, la icónica serie de televisión de los años 60 creada por Irwin Allen. La familia Robinson queda a la deriva en el espacio abordo de su nave espacial, lo que los lleva a múltiples aventuras en los confines de la galaxia. Pues bien, la serie fue adaptada a la pantalla grande en 1998, con William Hurt, Gary Oldman y también con el actor Matt Le Blanc, justo cuando estaba en la cima de popularidad con otra serie televisiva, Friends.

Como es de esperar, nuestros protagonistas en un momento se encuentran con un agujero negro, que funciona como una especie de máquina de tiempo, según los acontecimientos de la trama. La adaptación no fue del todo exitosa, tanto en taquilla como en crítica, pero funciona como entretenimiento pasajero.

El Planeta del Tesoro

(Treasure Planet, 2002)

Esta es una adaptación libre, animada y en clave ciencia ficción de la clásica novela de Robert Louis Stevenson. Producida por Walt Disney, todo el escenario original de la aventura se traslada, por supuesto, al espacio exterior. Misma historia, mismos personajes, pero en vez de cruzar océanos, nuestros héroes cruzan el espacio. Y por supuesto, en una de las mejores secuencias del filme, se enfrentan a un gigantesco agujero negro.

El Planea del Tesoro fue coescrita, coproducida y dirigida por Ron Clements y John Musker, los mismos autores de La Sirenita. Sin embargo, y a pesar de las buenas críticas, la cinta apenas logró recaudar 38 millones de dólares, ante un presupuesto de 140 millones. Como sea, es una muy entretenida y efectiva revisión de la clásica novela publicada originalmente en 1883.

 

Zathura: una aventura fuera de este mundo

(Zathura: A Space Adventure, 2005)

Zathura también cae en el género de las aventuras familiares aunque, claro, acá el concepto es muy distinto. Es una historia derechamente adolescente, que se inspira en el éxito (y la onda) de Jumanji, que había sido estrenada un par de años antes, en 1995. Zathura se podría definir como una historia muy similar, pero con el espacio exterior como telón de fondo, en vez de la jungla, en donde dos hermanos descubren un juego de mesa llamado Zathura en el que el universo del juego se torna realidad.

Hacia el desenlace de la cinta, los niños deben enfrentarse a una raza extraterrestre, a la que vencen en el juego a partir de la creación de un agujero negro que logra absorber a los villanos, en una movida muy de último minuto, donde el fenómeno termina siendo la última trampa mortal. Zathura fue un fiasco en la taquilla, a pesar de que la crítica fue positiva. Con el tiempo –al igual que Jumanji– se ha ido transformando en una pequeña cinta de culto. Aunque a diferencia de su película colega, esta aún no tiene un remake.

Star Trek 

(Star Trek, 2009)

Finalmente, por supuesto que la serie de ficción más icónica sobre la exploración espacial tenía que estar en esta lista. Creada por el fallecido Gene Rodenberry en 1966, Star Trek ha explorado muchas veces el concepto de los agujeros negros y los hoyos de gusanos en sus múltiples capítulos televisivos. Como sabemos, J.J. Abrams reinició desde cero la franquicia en el cine, con mucho éxito y con varias secuelas ya a su haber.

La primera película, estrenada el 2009, presentaba dentro de su historia no uno sino que dos agujeros negros: uno creado artificialmente con el fin de utilizarlo como arma, y otro que funciona como una especie de máquina del tiempo, en una de las vueltas de tuerca más apasionantes de la cinta.