Espectáculos

Legion, The Good Place y el gusto de la diferencia

En un océano de series, hay producciones distintas o de estética diferente.

Legion Temporada 2

Marvel/FX

Por Isabel Plant

Viernes 23 de marzo de 2018

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En este mundo tan polar y dividido de opiniones, en algo podemos estar de acuerdo: hay demasiadas series. No hay tiempo para verlas todas. Judd Apatow -el director y rey midas de la comedia gringa actual- contaba en su especial de stand-up para Netflix, que él y su mujer ya no saben qué series han visto y cuáles no. Son tantas y tan parecidas, y se consumen tan rápido, que pasan a formar una masa nubosa en el cerebro. A veces van en el tercer capítulo de algo, y se dan cuenta que ya la vieron. Consumo chatarra.

Por eso, cuando algo aparece en la pantalla chica y se siente nuevo, es como un golpe de oxígeno en el cerebro. Lo que pasó hace unos años con Les Revenants, la maravilla francesa en su primera temporada, o incluso pasaba al ver el primer capítulo de Game of Thrones y un niño era empujado sin clemencia por una ventana: pensábamos que sabíamos lo que venía pero en realidad no, y por lo mismo, se convirtió en una adicción.

Hoy, entre la madeja de series de doctores, policías, políticos, y, la última moda, adolescentes, hay dos que son distintas a todo. Y eso es un valor en sí mismo. 

Legion, cuya segunda temporada llega en abril por FOX Premium, es una serie de cómic, basada en uno de los personajes de los X-Men. Pero, alabado sea su creador Noah Hawley (el mismo de Fargo para TV), no se parece a una serie de superhéroes. O por lo menos no a las que habíamos visto hasta ahora, con sus paletas de colores oscuras, grises y verdes y sus guiones básicos. En Legion Dan Stevens es David Haller, un paciente que está en una institución mental diagnosticado con esquizofrenia. Pero en realidad es un mutante, y acompañado de otros como él, irá descubriendo sus verdaderos poderes y enemigos. Ya sólo en la entrega visual, Legion es distinta a todo: el uso de amarillos y rojos, la estética sesentera y a medida que avanzan los capítulos, hay incluso una coreografía y una secuencia musical que no se sienten ni extrañas ni insólitas, se sienten simplemente alucinantes. Legion es  un viaje, y se recibe bien porque no deja nada a medias tintas. 

Al ser una serie sobre un hombre que escucha voces -o mejor dicho, una voz específica-, este viaje mental es también la experiencia central de la historia; vamos a pasar varios capítulos ADENTRO del cerebro del protagonista. Es confuso a veces, sí, pero tiene también una corriente de genialidad; ver a su novia recorrer los pasillos terroríficos de la infancia de David le compite a cualquier película de terror estrenada recientemente en cartelera. Hay más buenas ideas, como una relación de amor en la que los amantes no pueden tocarse; y sobre todo, el personaje de Aubrey Plaza, quien pone su rareza al servicio de la historia y se vuelve irresistible, pasando de heroína a villana y de vuelta. Cuando se trata de una serie basada en comic o supehéroes, la pregunta siempre es si alguien que no ha visto el material original, o no es fan, puede gustarle; muy pocos pasan la prueba. Y Legion no sólo lo hace, sino que se diferencia incluso de toda la homogenización Marvel que  copó también la pantalla grande.

En el caso de The Good Place, uno simplemente no puede creer que algún ejecutivo de traje y corbata en Hollywood haya aceptado llevar adelante este proyecto. Ya lleva dos temporadas (disponibles en Netflix), y sólo se ha vuelto más compleja en trama, pero más divertida también. Acá el centro es Eleanor (la siempre encantadora Kristin Bell), que muere y llega a una especie de cielo, diseñado por un arquitecto celestial, interpretado por Ted Danson. El problema es que Eleanor fue una pésima persona en vida -nos enteramos a través de flashbacks- y que está ahí por error. La historia entonces evoluciona a reflexiones morales, y mucha clase de Kant, sobre hacer el bien, el mal, qué es realmente lo que mueve a los humanos, y el sentido que se le da a cada decisión. Todo esto, claro, con un chiste de cultura pop por minuto, sarcasmo y harto corazón. Más de lo que entregan la gran mayoría de las series de comedia hoy.

Quizás Legion termine por exasperar a quienes disfruten más de una buena serie de detectives clásica -y ojalá británica o nórdica-, o hay quienes queden fuera de tanta referencia filosófica y nerd en The Good Place. Pero son únicas hoy, y eso se agradece.  Y quizás deberían ser faros en la TV de hoy: cuando hay tanto para ver, mejor mirar lo que no hemos visto antes. 

 

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