Opinión de Fernando A. Tapia

La brecha

"En Sudamérica se ha normalizado una competencia desleal, ante la inexistencia de un fair play financiero", escribe Fernando A. Tapia. "Para que un equipo chileno vuelva a repetir la gesta realizada por Colo Colo hace 30 años hace falta un milagro".

Por Fernando Tapia

Miércoles 2 de junio de 2021

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Fue una fría noche de otoño de 1991. Exactamente un miércoles 5 de junio hace ya 30 años. 66.517 privilegiados espectadores fueron testigos presenciales del hasta ahora único título de un equipo chileno en la Copa Libertadores de América, el torneo de clubes más importante del continente.

Colo Colo alzó entonces por primera y única vez el trofeo más codiciado de Sudamérica, dejando atrás, coincidentemente, otros 30 años de frustraciones. ¡Se toca! ¡Se toca! ¡Se toca!, fue el grito que quedó registrado en la tarima de festejos, con que los jugadores y dirigentes albos saldaban una deuda histórica.

Luego del título del Atlético Nacional de Colombia en 1989, era recién el segundo campeonato para un equipo del Pacífico ante el dominio aplastante de los del Atlántico. El equipo dirigido por el croata Mirko Jozic no sólo hizo vibrar de alegría a los millones de hinchas albos, sino que también a todo el país.

El partido final ante Olimpia del Paraguay, con triunfo de Colo Colo por 3 a 0, ha sido una de las transmisiones televisivas con mayor sintonía en la historia: 94,5 puntos de rating en la sumatoria de Canal 13 y TVN, que aunaron esfuerzos de producción para llevar a todos los hogares chilenos la histórica jornada.

Antes de eso, los equipos chilenos habían sido derrotados en cuatro finales: Colo Colo el 73; Unión Española el 75; y el glorioso cuadro de Cobreloa que llegó a dos finales consecutivas el 81 y 82, perdiendo en ambas ocasiones. En 1993, Universidad Católica también estuvo cerca del título de América, llegando a la final en donde simplemente no pudo ante el mejor Sao Paulo de la historia.

Las últimas actuaciones sobresalientes de cuadros nacionales en la Libertadores se cuentan con los dedos de una mano. La "U" el 96 estuvo cerca, pero cayó en semifinales. Misma instancia a la que llegó Colo Colo al año siguiente. El 2010 y 2012, otra vez Universidad de Chile llegó a estar entre los mejores cuatro equipos del continente. Y desde entonces la historia ha sido distinta.

La brecha con los equipos del Pacífico se ha profundizado, siendo los cuartos de final de Colo Colo el 2018 lo más destacado. Hace unos días, el medio futbolístico y los hinchas de Universidad Católica festejaron el paso a los octavos de final. La dirigencia cruzada no ocultó su gran satisfacción por el "logro" alcanzado, y no faltó el que tildó la clasificación a la segunda ronda del torneo como un éxito.

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Los "cruzados" enfrentarán al vigente campeón del máximo torneo continental. El cuadro de Poyet abrirá de local y cerrará en Sao Paulo.

Hay elementos como para entender lo que en apariencia suena a una exagerada reacción para lo que, en otros tiempos, era un piso mínimo para cualquiera de los tres grandes del fútbol chileno. No se trata de ser conformistas, sino de considerar los aspectos objetivos que hacen pensar que un nuevo título en la Libertadores para un cuadro nacional es prácticamente un sueño imposible.

En Sudamérica se ha normalizado una competencia desleal, ante la inexistencia de un fair play financiero. Este instrumento, instaurado en Europa en 2010, obliga a todos los clubes del Viejo Continente a no gastar más de lo que producen, agregando un estricto control de sus deudas. En el papel, ninguna institución puede hipotecar su futuro económico sin responsabilidad financiera, con el riesgo de ser suspendido de cualquiera de los torneos internacionales, lo que ha permitido cierto equilibrio, aún cuando los grandes han seguido mandando en títulos.

Acá hay "chipe libre", especialmente porque no ha cambiado el peso específico de los gigantes de Brasil y Argentina en la Conmebol.

Es cierto, ambos países históricamente ha sido capaces de generar futbolistas de gran capacidad técnica y jerarquía. Sus torneos son más competitivos. Y probablemente aún con un sistema de control económico, igual establecerían ventajas. Pero lo que ha sucedido en las últimas décadas es que esa distancia se ha multiplicado.

Así por ejemplo, de los 16 equipos clasificados a los octavos de final de la actual Libertadores, la UC es el penúltimo plantel menos valorado (según la página TransferMarkt su valoración es de 19,63 millones de euros), solo superando al equipo de Barcelona de Ecuador ($18,70 millones de euros). Su rival en la siguiente llave, el actual campeón de América, el Palmeiras, tiene una plantilla tasada en 145 millones de euros. ¡Siete veces más!.

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"El equipo venía de una forma de juego realmente extrema con Ariel Holan, realmente encasillado en esa forma de jugar", dijo el DT de la UC.

¿Puede competir? Por supuesto que sí, pero reconozcamos que esas cifras algo dicen. Las estadísticas confirman que para todo el resto de los países la realidad es muy parecida a la de Chile. Desde el 2000 a la fecha, es decir en los últimos 20 años, brasileños y argentinos han ganado la Libertadores en 17 ocasiones. Hay excepciones, por cierto. Y esos han sido Olimpia (2002), Once Caldas (2004), Liga de Quito (2008) y Atlético Nacional (2016).

Se trata de un fenómeno mundial, porque así como en nuestro continente las distancias se han disparado a favor de brasileños y argentinos, también la brecha ha aumentado a favor de los europeos en la tradicional copa en las que nos medimos a fin de temporada.

Desde la instauración de la ley Bosman en 1995, que declaró ilegal los cupos de extranjeros para los futbolistas de la comunidad, y que provocó la frenética búsqueda de antepasados europeos en cientos de futbolistas sudamericanos, la consecuencia ha sido la masiva salida de nuestros talentos hacia sus ligas, debilitando de paso la capacidad competitiva de los equipos de nuestro continente.

Hasta el año 2002, los clubes sudamericanos mantenían una leve ventaja en la tradicional copa Intercontinental (22 títulos versus 21). Pero a partir de la década del 2000 el dominio de los del Viejo Continente ha sido brutal.

El Corinthians de Brasil, en 2012, fue el último campeón de nuestro continente en el ahora llamado Campeonato Mundial de Clubes. Y en la última versión el Bayern Munich, con una plantilla valorada en 826 millones de euros, alzó el título dejando a Palmeiras -y su plantel de 145 milones de euros- en un bochornoso cuarto lugar en el mini torneo.

Es cierto, el fútbol no es matemática. Y eso lo hace apasionante. Vibramos cuando el chico es capaz de superar al grande, haciendo realidad el mito de David y Goliat. A veces surgen excepciones. Pero seamos claros, en las actuales condiciones, para que un equipo chileno vuelva a repetir la gesta realizada por Colo Colo hace 30 años hace falta un milagro.

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