La columna de Fernando Tapia: “Bielsismo en horas críticas”
En su columna, Fernando Tapia analiza la figura de Marcelo Bielsa en la Selección de Uruguay. “Salvo en la primera parte de las clasificatorias Sudamericanas, cuando el equipo absorbió su filosofía futbolística, esa impronta se fue apagando”, dice.
Decepcionante ha sido hasta ahora la actuación de la Selección de Uruguay en el Mundial. Dos empates ante equipos en el papel más débiles dejaron al cuadro dirigido por Marcelo Bielsa al borde del abismo. Y, en el caso del técnico, demasiado cerca de un nuevo fracaso en una Copa del Mundo, como sería quedar eliminado en primera fase, tal como le sucedió con Argentina en la cita planetaria de Japón y Corea 2002.
La “Celeste” disputará su último partido de la primera fase ante España, una de las selecciones favoritas para ganar el torneo. Panorama complejo, sobre todo porque, como pocas veces, el seleccionado charrúa no ha ejecutado el fútbol que teóricamente defiende el técnico rosarino. Quizás esto venga siendo el principal fracaso para el propio Bielsa porque, salvo en la primera parte de las clasificatorias Sudamericanas, cuando el equipo absorbió su filosofía futbolística —y lo demostró con grandes actuaciones y victorias— esa impronta se fue apagando junto con el distanciamiento entre el entrenador y sus dirigidos.
En el partido ante Cabo Verde vimos a un equipo alejado a todo lo que debe ser uno de Bielsa: desordenado, en varios pasajes sin ideas ni estructura; rústico y llamativamente desconcentrado, lo que lo llevó a cometer errores imperdonables en un Mundial. Es verdad que en el actual plantel uruguayo carece de un gran goleador, un artillero de raza como sí lo tuvo en el pasado con Suárez, Cavani o Forlán.
También es cierto que en los dos primeros partidos, más allá de las dificultades, Uruguay mereció más de lo que obtuvo. Este hecho objetivo es el argumento del “bielsismo leninismo”, es decir, de los seguidores extremos del estratega, para desconocer que la idea futbolística que representa Bielsa está en duda, ni mucho menos en peligro de derrumbarse como escuela. Sí, hay aspectos que se explican por el momento de los jugadores, pero también es verdad que algo no ha podido cuajar en la relación del entrenador con los futbolistas uruguayos y que ha tenido consecuencias en la cancha.
Es probable que el estilo Bielsa, esas formas en el trato del técnico que transitan en una delgada línea entre el principio de autoridad y las faltas de respeto, hayan chocado con la idiosincrasia en un medio a acostumbrado a una relación más horizontal. El fútbol es un deporte donde las emociones juegan un rol preponderante, y los estados de ánimo influyen directamente en los rendimientos, colectivos e individuales. Lo que se ve en la cancha es a un plantel que no parece convencido con las ideas de Bielsa o, al menos, incapaz de interpretarlas.
En todos los escenarios, más allá de las excusas y argumentos, es de responsabilidad del entrenador. Por lo mismo el actual escenario plantea una duda razonable respecto de la vigencia del método bielsista. Uno que dio grandes frutos en Chile, con una generación talentosa y joven, que estuvo dispuesta a someterse y obedecer, sin peros, y acompañada por una dirigencia que le permitió todo. Para quienes admiramos a Bielsa, su filosofía, y su postura de reproche con el poder en el fútbol, lo de Uruguay no es una buena noticia. El “bielsismo” vive horas críticas.