Pauta Mundialera

La política internacional cabe en la Copa del Mundo

Pese a que en la cancha son 11 contra 11, muchos de los equipos y partidos tienen un trasfondo mayor al del mero juego.

Xhaka celebra su gol ante Serbia con el signo del águila albanesa (Foto: twitter.com/SFV_ASF).

Por Matías Bobadilla

Sábado 30 de junio de 2018

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Aunque la FIFA quiera eliminar cualquier elemento político para no generar problemas en el mayor espectáculo deportivo del planeta, a veces son los jugadores los que se salen del libreto. A veces, los dirigentes. O, a veces, la misma contingencia. En PAUTA.cl repasamos algunos momentos en que la política se ha mezclado en medio o fuera del campo de juego en el Mundial.

Shaquiri y Xhaka con el águila albanesa

Fue lo más mediático de la agónica victoria de Suiza sobre Serbia. En la segunda fecha del grupo E, dos jugadores suizos de origen albano-kosovar dieron vuelta el marcador ante los balcánicos para decretar el 2-1. Ambos goleadores hicieron el signo del águila de Albania, lo que fue considerado como una provocación por parte de los serbios.

La historia de Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri -los goleadores- es similar. Xhaka, hombre del Arsenal, nació en Basilea, hijo de padres kosovares que decidieron escapar de la guerra que vivía en ese entonces Yugoslavia. El padre de Granit llegó a estar preso por la policía producto de la represión del gobierno. Además, tiene un hermano -Talaunt- que también nació en Suiza pero decidió representar a Albania.

Shaqiri, por su parte, nació en Kosovo y sus padres son albaneses. Tal como la familia de su compañero de selección, escaparon de la Guerra de los Balcanes que se vivía en los 90' para instalarse en el paraíso suizo. El extremo del Stoke City nunca ha olvidado sus raíces y juega con la bandera kosovar en uno de sus zapatos.

Kosovo es una de las tantas provincias que integraba la histórica Yugoslavia y que a partir de su desintegración entró en conflicto, pues, pese a pertenecer a Serbia tenía una población mayoritariamente albanesa. Esto provocó la denominada Guerra de Kosovo a fines de los 90, que enfrentaba a la población local -apoyada por Albania y la OTAN- y el gobierno serbio. En 2008, el gobierno kosovar declaró su independencia de Serbia, algo que no ha sido reconocido aún por Belgrado.

Hoy no existe conflicto militar, pero de igual manera quedan enemistades entre las dos etnias. "Sin embargo en los últimos años hay una tendencia fuerte a la reconciliación de la 'gente normal', aunque las elites políticas todavía avivan la situación y contribuyen a la animosidad intentando ganar puntos políticos con segmentos de la sociedad más radicales", señala Uroš Ugarković, cientista político de la Universidad de Belgrado y máster en Relaciones Internacionales de la Universidad de Ankara, Turquía.

Esos radicales también han arrebatado protagonismo en el fútbol. En 2014, Serbia y Albania se enfrentaron por un partido clasificatorio para la Eurocopa de Francia 2016. El juego, disputado en Belgrado, debió ser detenido a los 42 minutos luego que un dron sobrevolara el campo con una bandera de la Gran Albania. El defensa local Stefan Mitrovic tomó la bandera, lo que indignó a los albaneses Talaunt Xhaka y Andi Lila, que intentaron recuperarla.

Lo que ocurrió a partir de ahí fue una trifulca entre jugadores e hinchas que invadieron el campo, dejando ver todo el odio que mantienen ambas etnias producto de los conflictos políticos. Los albaneses fueron declarados como héroes nacionales por los nacionalistas albanos, mientras en Kosovo también se produjeron celebraciones. En tanto, el gobierno serbio acusó provocación de parte de la delegación rival.

Marruecos e Irán, sin relaciones diplomáticas

El 15 de junio, Marruecos e Irán abrieron los fuegos del grupo B. En cancha, los asiáticos lograron la victoria con un agónico autogol de Aziz Bouhaddouz cuando se jugaba el quinto minuto de agregado. Fuera de ella, ambos países habían roto relaciones diplomáticas luego que Rabat acusara a la República Islámica de apoyar al Frente Polisario, que busca la independencia de Sahara Occidental del Estado marroquí.

Cuarenta y cinco días antes del partido, el ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos, Naser Burita, aseguró que su país "tenía pruebas suficientes" de que un funcionario iraní facilitaba reuniones entre Hezbolá y el Frente Polisario, donde el movimiento político-militar libanés armaba al frente de liberación nacional saharaui.

Teherán negó cualquier vínculo con los independentistas y, por medio del portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Bahram Qasemi, señaló: "Hemos de enfatizar una vez más con la máxima claridad que uno de los principios fundamentales de la política exterior de Irán es el respeto profundo a la soberanía y la seguridad de los demás países del mundo".

Pero en San Petersburgo no se vio animosidad alguna entre los jugadores. Ajenos a la enemistad de sus gobiernos, en el Estadio Krestovski se vio un partido -en líneas generales- limpios. Solo cuatro tarjetas amarillas fueron repartidas y el gol en el último minuto, muchas veces causante de trifulcas, fue recibido con deportitividad por los marroquíes.

Hinchas de Irán y Marruecos se unen para el duelo de la Copa del Mundo (Foto: AztecaTV).

Salah presidente

Mohamed Salah fue una auténtica decepción en Rusia 2018. Su equipo se fue eliminado y, aunque marcó dos veces, terminó regresando a Egipto sin un punto. Pero eso -de seguro- no cambiará la percepción que tienen en su país del delantero del Liverpool, que se ha convertido en una especie de héroe nacional por su gran nivel.

Goleador de la Premier League con los 'reds' y finalista de la Champions League, Salah y su popularidad le llevaron a que la población lo pusiera como candidato a la presidencia de su país. En las últimas elecciones, el futbolista fue segundo con un 5% de las preferencias, cerca de un millón de votos. Además, superó al principal rival del Presidente Abdul Fattah Al-Sisi, Moussa Mostafa Moussa.

Al-Sisi, de oficio militar, llegó al poder por medio de un golpe de Estado en 2013 que derrocó al entonces mandatario Mohamed Morsi, que asumió después de la llamada "Primavera Árabe" en 2011 y tras la salida del poder de Hosni Mubarak. Afín a los Hermanos Musulmanes -grupo islamista suní radical-, Morsi fue posteriormente acusado de autoritarismo y de aumentar la influencia del Islam en un país donde el laicisimo está más arraigado que en sus vecinos. Esto, mientras Egipto vivía una crisis económica.

Al-Sisi entonces terminó haciéndose con el poder, siendo reelecto en 2014 y -con aplastante mayoría- en 2018 (92%). Es visto como un héroe nacional por buena parte de la población, mientras otros le ven como un musulmán moderado en un mundo donde la radicalización de la rama suní ha llevado al surgimiento de grupos como el Estado Islámico y Al-Qaeda. Eso sí, los Hermanos Musulmanes han acusado a Al-Sisi de ejercer fuerte represión contra sus adherentes.

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