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Cultura de la delgadez y tendencia “skinny”: psicóloga advierte impactos en la salud mental de mujeres

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POR María Alejandra Gallardo Contreras |

En un contexto marcado por redes sociales, retos de “cuerpo ideal” y discursos centrados en bajar de peso, la cultura de la delgadez reaparece con fuerza, afectando la relación de las mujeres con su cuerpo y generando consecuencias en la salud mental.

Durante los primeros meses del año, y especialmente en verano, se intensifican los mensajes que promueven la delgadez como sinónimo de éxito, autocontrol y salud.

Retos fitness, discursos de “bajar de peso” y cuerpos ideales circulan con fuerza en redes sociales y publicidad, reforzando una narrativa que, según especialistas, tiene consecuencias profundas en la salud mental.

La presión por la delgadez y sus efectos en la salud mental de las mujeres

La psicóloga y académica de la Universidad de La Frontera, Daniela Gómez, experta en estigma del peso y conducta alimentaria, advierte que este fenómeno va más allá de lo estético.

“No es una moda, es una forma socialmente validada de violencia contra el cuerpo”, señala, y explica que muchas mujeres crecen y viven sintiendo que su cuerpo es un problema que debe ser corregido.

Esta presión se manifiesta incluso en mujeres activas y exitosas. Casos públicos recientes, como testimonios de deportistas cuestionadas por no ajustarse a un ideal de delgadez extrema, reflejan un problema estructural.

“Cuando incluso mujeres que entrenan, trabajan y sostienen su vida siguen odiando su cuerpo, estamos frente a un problema cultural, no individual”, enfatiza la especialista.

El estigma del peso y sus consecuencias

Gómez lideró en 2021 un estudio sobre estigma de peso en adultos chilenos, el cual evidenció que la discriminación por el cuerpo se asocia a mayores niveles de estrés, alimentación emocional y conductas menos saludables.

“El estigma no motiva el autocuidado; al contrario, genera ansiedad, estrés crónico y una relación dañina con la comida”, explica.

Finalmente, la psicóloga plantea la necesidad de cambiar el enfoque: dejar de usar la comida y el ejercicio como castigo y promover una relación de respeto con el cuerpo. “La vida ya es lo suficientemente exigente como para además vivir en guerra con el propio cuerpo”, concluye.