Tendencias

La atención frente a las pantallas cayó a 47 segundos: expertos alertan por sus efectos en la comprensión lectora

Imagen principal
POR María Alejandra Gallardo Contreras |

La exposición constante a videos breves, mensajes fragmentados y estímulos rápidos dificulta la lectura profunda. El impacto alcanza a todas las generaciones, pero resulta mayor entre niños y adolescentes, cuyo cerebro todavía se encuentra en desarrollo.

La expansión de las pantallas no solo redujo el tiempo destinado a los libros. También modificó la forma en que las personas leen, procesan información y mantienen la atención sobre una misma tarea.

Según recoge El País, los dispositivos digitales acostumbran al cerebro a pasar rápidamente de un contenido a otro. Videos cortos, notificaciones y mensajes simples favorecen una lectura fragmentada, incompatible con la concentración que exige una novela, un ensayo o cualquier texto extenso.

Pantallas, atención y lectura: el cambio que afecta al cerebro

Una de las cifras más reveladoras corresponde a las investigaciones de Gloria Mark, psicóloga de la Universidad de California. En 2004, las personas mantenían su atención durante un promedio de dos minutos y 30 segundos ante un contenido digital. En 2021, ese tiempo había caído a solo 47 segundos.

Ladislao Salmerón, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Valencia, explicó a El País que ese entorno crea un estado cognitivo que dificulta concentrarse en una sola tarea durante media hora o una hora.

El problema no se limita a los adolescentes: cambia la plataforma según la edad, pero TikTok, Instagram y Facebook comparten una lógica basada en estímulos rápidos.

El impacto comienza antes de aprender a leer

La exposición digital también afecta las habilidades que preceden a la lectura. Salmerón advierte que las pantallas redujeron las conversaciones y los juegos entre adultos y niños, interacciones que estimulan el diálogo, la fonología y la prosodia.

David Bueno, investigador de la Universidad de Barcelona, señala que la comprensión escrita depende primero de una buena comprensión oral. Las conversaciones familiares superficiales, interrumpidas por el teléfono, pueden debilitar esa base.

El impacto resulta mayor entre niños y adolescentes porque su cerebro todavía forma sus circuitos. Los adultos también experimentan cambios, pero adquirieron sus hábitos de lectura antes de la llegada masiva de la tecnología digital.

La neurocientífica Maryanne Wolf recuerda que la lectura no es una capacidad innata, sino una habilidad cultural que reorganiza el cerebro y necesita práctica. Su advertencia es clara: una capacidad que no se utiliza puede perderse.

PISA abre el debate sobre nuevas habilidades digitales

La caída en comprensión lectora no permite concluir, por sí sola, que los estudiantes hayan perdido capacidades intelectuales. Según recoge El País, PISA plantea que el entorno digital podría haber fortalecido destrezas que sus evaluaciones no alcanzan a medir.

Entre ellas estarían la rapidez para recorrer contenidos y la facilidad para alternar entre distintas fuentes de información. No obstante, el informe califica esta posibilidad como “muy especulativa”, debido a la falta de evidencia que permita comprobarla.

El debate, por tanto, excede el futuro de los libros. También obliga a preguntarse qué capacidades adquieren los nuevos lectores y cuáles se debilitan cuando la lectura extensa deja de formar parte de sus hábitos.