De los libros de infancia a Una casa sola: Selva Almada repasa su camino como lectora y escritora
Ríos, poesía, memoria y casas abandonadas. En su paso por Tú, hipócrita lector, Selva Almada recorrió las lecturas, experiencias y territorios que han dado forma a una de las obras más destacadas de la narrativa latinoamericana contemporánea.
Antes de convertirse en una de las voces más reconocidas de la literatura argentina contemporánea, Selva Almada era una niña que recorría un pequeño pueblo de Entre Ríos buscando historias.
En Villa Elisa, una localidad que entonces apenas superaba los cuatro mil habitantes, descubrió muy temprano una pasión que terminaría definiendo su vida: la lectura.
Las lecturas y paisajes detrás de una de las voces más relevantes de la narrativa latinoamericana actual
Esa historia personal fue uno de los ejes de la conversación que sostuvo con Cristian Warnken en Tú, hipócrita lector, de Radio Pauta dedicado a explorar las vidas lectoras de escritores y creadoras.
Allí, Almada reconstruyó un recorrido que comenzó en una familia trabajadora donde los libros ocupaban un lugar especial pese a las dificultades económicas.
La lectura como emancipación
La autora recordó que incluso antes de aprender a leer perseguía a su hermano, a sus padres o a cualquier adulto disponible para que le leyera cuentos. Cuando finalmente aprendió a leer en la escuela, sintió que había conquistado una forma de independencia que la acompañaría para siempre.
Los paisajes de Entre Ríos ocuparon un lugar central en el diálogo. Los ríos, el monte y las pequeñas comunidades rurales que aparecen en sus novelas forman parte del universo que la escritora conoció desde niña y que más tarde trasladó a su literatura.
En ese recorrido mencionó la influencia de Juan L. Ortiz, figura fundamental de la poesía entrerriana y una presencia constante en sus lecturas.
Cuando una casa toma la palabra
En el centro de la conversación apareció también Una casa sola, la novela que Almada presentó recientemente. La historia está narrada por una casa abandonada en medio del campo, una voz inusual desde la que la autora observa el avance de la naturaleza y las múltiples formas de vida que persisten tras la ausencia humana.
Almada contó que la idea surgió a partir de la imagen de una vivienda vacía rodeada de monte. Durante el proceso de escritura comprendió que la propia casa debía tomar la palabra y relatar lo que ocurría a su alrededor.
La novela también dialoga con recuerdos de infancia. La escritora evocó las excursiones que realizaba junto a sus tías por antiguas casas rurales abandonadas en los campos de Entre Ríos, espacios que habían quedado vacíos tras la migración de muchas familias hacia las ciudades.
Allí encontraba objetos olvidados, árboles frutales que seguían dando frutos y señales de vidas que ya no estaban. Esas visitas, recordó, alimentaban su imaginación y la llevaban a preguntarse quiénes habían vivido en esos lugares y qué historias habían quedado suspendidas entre sus paredes.
El origen de una voz literaria propia
Décadas después, parte de esas imágenes regresaron durante la escritura de Una casa sola. La casa abandonada que da voz a la novela nació, en parte, de esos recuerdos dispersos que permanecieron en su memoria y que terminaron encontrando un lugar en la ficción.
Entre lecturas, ríos, poetas y memorias del campo, la entrevista permitió recorrer las distintas capas que conforman el universo literario de Selva Almada.
Lejos de las definiciones grandilocuentes, Almada fue hilando las lecturas, paisajes y experiencias que alimentan su escritura. El resultado es una obra que ha encontrado lectores en distintos idiomas y que la ha consolidado como una de las narradoras más relevantes de América Latina.