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Carta de Cristián Warnken a los líderes de izquierda latinoamericanos

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POR Equipo Radio Pauta |

El dictador implacable y siniestro que ha provocado innecesariamente el sufrimiento del pueblo venezolano, condenando a la diáspora por el mundo a millones de tus hijos, a la tortura y prisión a miles, el presidente ilegítimo de Venezuela, que se robó de manera flagrante y grotesca una elección, está ahora detenido y preso como un narcoterrorista en alguna base norteamericana.

Por supuesto que hubiera sido preferible que el dictador hubiera caído por la movilización popular o por una negociación entre el gobierno ilegítimo de Venezuela y el gobierno legítimo elegido en las urnas, antes que por una intervención militar de una potencia extranjera. Hoy pareciera que la negociación para la captura de Maduro se dio entre personas del mismo régimen de EE.UU. y —ojo— incluso del mismo Maduro. La verdad la sabremos en las próximas horas.

Es verdad que es hay un cierto sabor amargo que un pueblo haya tenido que esperar la intervención extranjera para recuperar la libertad y estamos escuchando ahora sus “hermosas” declaraciones, líderes latinoamericanos de izquierda —lo acabamos de escuchar, Lula, y también a usted, presidenta de México—, condenando la intervención norteamericana, por el respeto al derecho internacional y bregando por los acuerdos para encontrar salidas pacíficas. Pura lírica a través de tuiter. ¿Qué hicieron de verdad ustedes, por impedir que se llegara a este escenario, qué hicieron de verdad por salvar —todos estos años— a Venezuela de la tragedia y la indignidad? Si de verdad hubieran tenido al pueblo de Venezuela como el centro de sus preocupaciones, hubieran debido movilizar todo su capital político (quemarlo, incluso, como lo hacen los grandes líderes) para presionar al dictador y aislarlo y lograr su renuncia. Lula pudo y debió hacerlo. Y con fuerza, convicción, con la misma fuerza con que ha hablado ahora.

Las palabras “derecho internacional”, “libre determinación de los pueblos”, “diálogo” corren el riesgo de sonar vacías en esta hora, porque Venezuela era ya un país invadido antes de esta operación, invadido por los servicios de inteligencia cubana que infiltraron y manejaron las Fuerzas Armadas. ¿Hizo algo la izquierda latinoamericana sobre esto? ¿Qué hizo el expresidente socialista de España Rodríguez Zapatero y los líderes del Podemos —que tenían cercanía con Maduro— para obligarlo a reconocer los resultados electorales que se robó? Nada sustantivo y decisivo. Por eso no tienen autoridad moral para condenar esta operación norteamericana. Si ello ha ocurrido, es el resultado del fracaso político de todos ustedes, por su inconsecuencia, incoherencia y debilidad. Excluyo de este juicio severo al presidente Boric, quien dio la cara y condenó con claridad la dictadura, él tal vez, es el único de los líderes latinoamericanos de izquierda que tiene autoridad moral para hacer declaraciones hoy, aunque muchos no compartan los contenidos de su declaración.

Lo que estamos viendo en estas horas es el resultado de una debilidad, un vacío gigantesco de una Latinoamérica sin una política internacional seria, contundente, sin una fuerza propia capaz de influir o negociar con Estados Unidos quien, constatando ese vacío enfrente, ha actuado. Estamos recién viendo los efectos de esta operación relámpago de Estados Unidos; todo es incierto y no sabemos cómo y cuándo el pueblo de Venezuela recuperará su ansiada libertad. Bien harían estos líderes latinoamericanos fracasados en ayudar ahora a encontrar una transición democrática que le ahorre a este sufrido pueblo más dolor, más sufrimiento y más muerte.

¿Por qué el mundo termina en manos de líderes extremos como Trump? Por el fracaso de ustedes en responder a los temores y angustias de sus pueblos. Pueblos que están sufriendo todos los días el flagelo del narcotráfico, el crimen organizado y las dictaduras corruptas. ¿Es peligroso que Estados Unidos intervenga en Latinoamérica? Por supuesto que lo es. ¿Pero podemos aspirar a ser un continente libre y autodeterminado si toleramos y permitimos que regímenes descompuestos como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua existan? Sólo podemos aspirar a ser libres de verdad —y libres también de Estados Unidos— cuando seamos un continente con líderes con coraje, talante y legitimidad política y moral. Mientras esto no ocurra, seremos una Latinoamérica débil, a merced de líderes corruptos y de intervenciones extranjeras. Una Latinoamérica esclava.

Los saluda,

Cristián Warnken