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Santiago frente al desafío de convertirse en ciudad inteligente

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POR María Alejandra Gallardo Contreras |

El crecimiento urbano y la urgencia climática impulsan la adopción de soluciones basadas en datos para mejorar movilidad, energía y servicios públicos en las principales ciudades del país.

Con más del 88% de su población viviendo en zonas urbanas, según datos del Banco Mundial,  Chile enfrenta un desafío estructural: cómo hacer que sus ciudades crezcan sin profundizar problemas como la congestión, la contaminación, el consumo energético excesivo o la desigualdad en el acceso a servicios.

En este escenario, el concepto de ciudades inteligentes deja de ser una tendencia tecnológica para transformarse en una necesidad urbana.

La tecnología como aliada en la gestión de las ciudades

Las llamadas smart cities integran herramientas como inteligencia artificial (IA), Internet de las Cosas (IoT) y análisis de datos en tiempo real para optimizar la gestión de infraestructura, movilidad, energía y servicios públicos.

A nivel global, este mercado, hoy cercano a los US$ 700 mil millones— podría alcanzar los US$ 1,45 billones hacia 2030, impulsado por el avance de la urbanización y la urgencia climática.

Santiago ante el desafío de una gestión urbana más inteligente

En Santiago, donde el parque automotor crece sostenidamente y los episodios de contaminación siguen siendo parte del invierno, la incorporación de tecnología aplicada a la gestión urbana aparece como una herramienta concreta.

Sensores para monitorear calidad del aire, sistemas de iluminación pública inteligente que reducen el consumo eléctrico o plataformas de gestión de tránsito basadas en datos son parte de las soluciones que ya se observan en distintas capitales del mundo.

Eficiencia urbana: lecciones del exterior y tareas pendientes en Chile

Experiencias internacionales como Zúrich u Oslo muestran cómo la integración de datos permite optimizar el uso de recursos, reducir emisiones y mejorar la movilidad eléctrica.

Más que futurismo, se trata de eficiencia: menor desperdicio de energía y agua, servicios públicos más predecibles y una mejor capacidad para anticipar riesgos climáticos.

En Chile, el desafío no es solo tecnológico, sino también de coordinación. La interoperabilidad entre sistemas municipales, empresas de servicios básicos y organismos públicos es clave para que la información fluya y se traduzca en decisiones más ágiles.

Infraestructura digital al servicio de la ciudad

Desde el sector privado, compañías como TIVIT han planteado que la infraestructura digital integrada, incluyendo servicios en la nube, ciberseguridad y automatización, puede actuar como habilitador de esta transformación.

Sin embargo, el foco no está en la tecnología en sí misma, sino en su impacto urbano: ciudades más ordenadas, con mejor calidad de vida y mayor resiliencia frente al cambio climático.

El futuro de Santiago y de otras ciudades chilenas dependerá, en gran medida, de cómo logren convertir los datos en planificación inteligente y la innovación en bienestar cotidiano.