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27F: el terremoto que cambió a Chile y las lecciones que aún siguen vigentes

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POR Micaela Galarce Mascaró |

A 16 años del 27F, sobrevivientes, víctimas y símbolos siguen presentes en la memoria colectiva, mientras expertos advierten que aún existen desafíos en prevención.

A las 03:34 del 27 de febrero de 2010, Chile enfrentó uno de los terremotos más grandes registrados a nivel mundial.

El sismo de magnitud 8,8, seguido de un tsunami, afectó a gran parte de la zona centro-sur, dejó cientos de víctimas y millones de damnificados.

El desastre marcó un antes y un después en políticas públicas, sistemas de alerta y cultura de prevención, en un país altamente expuesto a riesgos naturales.

Los rostros que marcaron el 27F

La tragedia también dejó historias que siguen presentes. Entre ellas, la de Joaquín Ortiz, un niño desaparecido tras el tsunami, cuyo caso impulsó acciones judiciales y debates sobre la responsabilidad institucional en la alerta de la emergencia.

Asimismo, la imagen de Bruno Sandoval, conocido como el “hombre de la bandera”, capturada en Pelluhue tras el paso del mar, se convirtió en un símbolo internacional de resiliencia.

Otro de los testimonios fue el de Víctor Díaz, “Zafrada”, quien desde Iloca relató la destrucción de su comunidad y se transformó en un rostro de la solidaridad nacional.

Estas historias reflejan el impacto humano de este desastre y el rol de la memoria en la construcción de una cultura de prevención.

Ciencia, tecnología y sistemas de alerta

El terremoto impulsó mejoras en el monitoreo sísmico, la coordinación institucional y los protocolos de alerta de tsunami, uno de los aspectos más cuestionados tras la tragedia.

Además, el evento permitió el desarrollo de investigaciones científicas que han fortalecido la comprensión de los riesgos sísmicos y el diseño de una mejor infraestructura.

Memoria, reconstrucción y desafíos

A 16 años del 27F, memoriales, actos conmemorativos y ejercicios de evacuación buscan mantener vivo el recuerdo de las víctimas.

No obstante, especialistas coinciden en que el principal desafío es sostener la preparación a largo plazo.

En ese contexto, el terremoto sigue siendo una referencia clave para el diseño de políticas públicas y la educación en riesgos.

La experiencia dejó una enseñanza central: en un país sísmico, la prevención y la información continúan siendo las herramientas más importantes para enfrentar futuras emergencias.