Milena Vodanovic presenta Cuerva: “Todas sabemos que adentro hay [una mujer] más salvaje, más animal, más pegada a lo atávico y a lo sexual”
Tras una reconocida trayectoria en el periodismo, la exdirectora de Paula presenta Cuerva, su primera exposición individual como artista visual. Un proyecto que reúne grabado, escritura y una reflexión sobre la reinvención, la creatividad y esa parte indómita que, según dice, habita en todas las mujeres.
Durante más de tres décadas, Milena Vodanovic construyó una de las trayectorias más reconocidas del periodismo chileno. Reporteó en dictadura, editó revistas, formó periodistas y llegó a dirigir Paula, una publicación que marcó a generaciones de lectoras.
Su vida parecía escrita entre cierres editoriales, entrevistas y salas de redacción. Sin embargo, cuando muchos habrían optado por consolidar lo ya construido, ella decidió abrir una puerta distinta.
Del periodismo al arte: la búsqueda de una nueva forma de narrar
El resultado de ese viaje es Cuerva, su primera exposición individual como artista visual y el libro que acompaña la muestra. Un proyecto que reúne grabados de gran formato, esculturas y una historia ilustrada nacida de años de búsqueda creativa.
En Conversaciones sin Pauta, el podcast de Radio Pauta conducido por Claudia Alamo, Vodanovic repasó el proceso que la llevó desde el periodismo a las artes visuales. Lo hizo reflexionando sobre los cambios, la creatividad, el tiempo y la posibilidad de construir nuevas vidas cuando parecía que todo estaba definido.
Aunque durante años creyó que había dejado atrás el periodismo, hoy reconoce que existen más conexiones de las que imaginaba. La curiosidad sigue siendo el motor. También la necesidad de comunicar.
La tinta como hilo conductor
Lo que antes ocurría a través de las palabras ahora sucede mediante imágenes, tinta y grabados. Incluso descubrió una inesperada continuidad entre ambos mundos.
Si durante años trabajó en revistas que se imprimían por miles de ejemplares, hoy encuentra en el grabado la misma lógica de reproducción y circulación. La tinta, después de todo, sigue siendo una forma de llegar a otros.
Pero Cuerva no nació como un proyecto artístico planificado. Comenzó durante la pandemia con una serie de dibujos realizados en una libreta. Poco a poco apareció una historia.
Una mujer observa que algo ha cambiado en el mundo. Animales extraños la empujan a iniciar un viaje. Luego llegan las alas. Y con ellas, la transformación. La protagonista se convierte en cuerva.
La dimensión femenina en Cuerva
Para Vodanovic, ese personaje representa una dimensión femenina que muchas veces permanece oculta bajo los mandatos sociales, las responsabilidades y los roles que las mujeres aprenden a desempeñar desde muy temprano.
Por eso, cuando intenta explicar el corazón de la obra, recurre a una definición que también parece resumir su propio proceso de reinvención: “Todas sabemos que adentro hay una cuerva. Hay una salvaje, una loca, una intensa, una más animal, más pegada a la tierra, a lo atávico, a lo sexual”.
A los 64 años, Milena Vodanovic habita una condición poco frecuente: la de principiante. Después de una vida profesional consolidada, volvió a encontrarse en un lugar donde no existen las certezas ni el prestigio acumulado. Un lugar donde todavía hay que aprender, equivocarse, probar, insistir y esperar.
Pero lejos de resistirse a esa condición, la abraza. Después de haber alcanzado reconocimiento en una profesión, decidió aceptar el desafío de ser nuevamente emergente.
La valentía de ser nueva
En una época que suele premiar la experiencia acumulada y las identidades consolidadas, su historia reivindica algo menos frecuente: el derecho a cambiar. A abandonar las certezas. A reconocer que todavía existen territorios por descubrir dentro de uno mismo.
Quizás esa sea una de las enseñanzas más poderosas de Cuerva. No la de encontrar una nueva vocación, sino la de permitirse ser nueva. Empezar otra vez. Aceptar que una vida puede contener muchas vidas y que nunca es demasiado tarde para abrir una puerta que permaneció cerrada durante años.
La periodista que durante décadas enseñó a otros a contar historias decidió escribir una distinta para sí misma. Una donde el prestigio no era el punto de llegada, sino el punto de partida. Una historia que demuestra que reinventarse no consiste en dejar atrás lo que uno fue, sino en atreverse a descubrir lo que todavía puede llegar a ser.
Tal vez por eso Cuerva no habla solo de arte. Habla de transformación. De escuchar aquello que durante mucho tiempo permaneció en silencio. Y de atreverse, finalmente, a desplegar las alas.