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Propuesta de colectivos tipo van abre debate urbano: qué dice la experiencia internacional

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POR Nathalie Alejandra Tello Veloz |

La idea contemplada por el futuro ministro de Transportes apunta a vehículos con mayor capacidad, pero genera cuestionamientos sobre su efecto en la movilidad de la ciudad. Esto es lo que muestra la experiencia internacional con sistemas similares.

El futuro ministro de Transportes, Louis De Grange, planteó en entrevista con EmolTV la posibilidad de incorporar taxis colectivos tipo van, con capacidad para entre 9 y 11 pasajeros. La medida implicaría modificar el decreto que hoy limita estos vehículos a la modalidad actual de cuatro ocupantes.

La iniciativa apunta a aumentar eficiencia en superficie, pero abre interrogantes sobre su efecto en la congestión y su relación con la Red Metropolitana de Movilidad.

Qué ha pasado en otras ciudades

Las experiencias comparadas muestran resultados dispares. En Nairobi, los “matatu” (minibuses privados) concentran buena parte de los viajes urbanos, pero operan con baja regulación y fuerte impacto en congestión y seguridad vial.

En Dar es Salaam (Tanzania), los “dala dala” cumplen un rol central en movilidad, aunque con problemas de sobreoferta y escasa integración tarifaria. Algo similar ocurre con las “marshrutkas” en ciudades de Rusia y Europa del Este, donde funcionan como híbrido entre taxi y bus, con rutas fijas aunque sin paradas establecidas.

En contraste, Nueva York regula las “dollar vans” para operar en barrios con menor cobertura de metro, mientras en San Francisco se intentó un modelo digital de vans compartidas, como Chariot, que cerró por falta de rentabilidad. Este último operaba gestionado por los propios pasajeros, que coordinaban los viajes mediante una app.

El desafío para Santiago

Las experiencias sugieren que el diseño institucional es clave. Especialistas en transporte urbano han señalado que la medida requiere pilotos acotados para evaluar su impacto real en tiempos de viaje y flujo vehicular. Advierten que aumentar capacidad sin una adecuada planificación podría tensionar la red existente.

También plantean que, sin una correcta integración tarifaria y operativa al sistema, el modelo podría competir con buses estructurantes y debilitar el transporte mayor. El riesgo, sostienen, es fragmentar la movilidad en lugar de fortalecerla.