Cultura

El día en que la Mona Lisa desapareció del Louvre: el robo que convirtió a La Gioconda en un ícono mundial

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POR Nicolás Melelli Viveros |

El 21 de agosto de 1911, Vincenzo Peruggia, sacó la obra de Leonardo da Vinci del Museo del Louvre prácticamente sin ser descubierto. La pintura permaneció desaparecida durante más de dos años, mientras la investigación llegó incluso hasta Pablo Picasso. El caso terminó por aumentar la fama de una obra que hoy es reconocida en todo el mundo.

La mañana del 22 de agosto de 1911, el pintor francés Louis Béroud llegó al Museo del Louvre con la intención de trabajar frente a la obra de Leonardo Da Vinci, sin embargo, al entrar a la sala se encontró con que la Mona Lisa no estaba; en su lugar había un espacio vacío.

Béroud pensó inicialmente que los fotógrafos del museo habían retirado la pintura para trabajar con ella. No era extraño que una obra fuera desplazada temporalmente, pero con el pasar de las horas, las consultas comenzaron a multiplicarse y así quedó claro que nadie sabía dónde estaba el retrato.

La pintura había desaparecido del Louvre: un robo sorprendentemente sencillo

Para cuando se dieron cuenta, el responsable ya les llevaba un día de ventaja. El 21 de agosto, cuando el Louvre permanecía cerrado al público, Vincenzo Peruggia, un trabajador italiano del museo y que conocía sus instalaciones, consiguió sacar la pintura del edificio.

El autor del crimen no necesitó organizar una operación con planes o estrategias sofisticadas. Su conocimiento del museo y apariencia de trabajador del lugar, le permitió desplazarse sin despertar mayores sospechas. Retiró la obra, la separó de su marco y consiguió abandonar el museo con el retrato oculto bajo su ropa.

Cuando se confirmó el robo, el Louvre cerró sus puertas y comenzó una investigación que rápidamente adquirió dimensiones internacionales.

Picasso, entre los sospechosos

La policía tenía pocas pistas y la investigación comenzó a extenderse hacia personajes inesperados. Uno de ellos fue el poeta Guillaume Apollinaire, quien terminó detenido debido a su relación con Géry Pieret, un hombre involucrado anteriormente en el robo de pequeñas piezas del Louvre.

Por otro lado, Pablo Picasso había adquirido tiempo antes unas pequeñas esculturas sustraídas del museo por Pieret. La conexión fue suficiente para que su nombre apareciera en medio de la investigación por la desaparición de la Mona Lisa.

Mientras París buscaba respuestas, la Mona Lisa permanecía oculta.

Peruggia conservó la pintura durante más de dos años. Su versión posterior fue que había actuado movido por patriotismo: creía que la obra pertenecía a Italia y que debía regresar al país donde Leonardo da Vinci la había pintado.

Sin embargo, había un problema con aquella explicación. La Mona Lisa no había sido saqueada de Italia por Napoleón, como creía Peruggia. Leonardo había llevado la obra consigo a Francia y posteriormente pasó a formar parte de la colección del rey Francisco I.

El misterio se resolvió recién en 1913.

Peruggia, utilizando el nombre “Leonardo”, citó en un hotel en Florencia, a un comerciante de arte y al director de la Galería Uffizi, la citación afirmaba tener en sus manos el retrato robado en París. Luego de examinar el cuadro y comprobar su autenticidad, alertaron a las autoridades.

Más de dos años después del robo, La Gioconda había aparecido. Peruggia fue detenido y la pintura fue exhibida brevemente en Italia antes de regresar a Francia. En enero de 1914 volvió finalmente al Louvre.

El responsable recibió una condena de un año y 15 días de prisión, aunque su pena posteriormente fue reducida, ya que se consideró su acto como un gesto patriótico.

El robo que hizo todavía más famosa a la Mona Lisa

Peruggia quería devolver una obra italiana a su país, pero terminó provocando algo completamente distinto.

Durante los años en que permaneció desaparecida, diarios de distintos países siguieron el misterio, publicaron su imagen y transformaron el robo en una historia internacional. La mujer que faltaba en una pared del Louvre comenzó a ser reconocida por personas que probablemente nunca habían visitado el museo.

La Mona Lisa ya era considerada una importante obra de Leonardo da Vinci antes de 1911. Sin embargo, la enorme cobertura que recibió su desaparición contribuyó decisivamente a ampliar su fama y convertirla en un fenómeno de masas.