Economía

Salarios, productividad y crecimiento recibirían impacto al reducir la jornada laboral

Raphael Bergoeing, presidente de la Comisión Nacional de Productividad, presentó las conclusiones de un informe sobre el tema.

Raphael Bergoeing.

Créditos: Universidad Diego Portales

Por Rosario Zanetta B.

Miércoles 18 de diciembre de 2019

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El debate en torno al proyecto de reducción de la jornada laboral ha vuelto a convertirse en el foco de atención. La semana pasada, la mesa técnica laboral convocada por el Gobierno recomendó postergar la discusión, en vista del difícil panorama económico que atraviesa el país tras el estallido social del 18 de octubre. Por su parte, parlamentarios de oposición aseguraron que seguirían adelante con la iniciativa, la cual será discutida este miércoles 18 de diciembre en la comisión de Trabajo del Senado. 

A la luz de este debate, la Comisión Nacional de Productividad (CNP) publicó un informe preliminar respecto de los efectos que tendría en la economía un ajuste en las horas legales que se trabajan en el país. En conversación con PAUTA Bloomberg, el economista Raphael Bergoeing, presidente de la CNP, explica que para elaborar el documento se consideró la experiencia previa de reducción de jornada laboral en Chile, la cual se llevó a cabo el año 2005, cuando se acortó de 48 a 45 horas. Bergoeing dice que esa realidad se extrapoló al contexto actual y además se tuvo en cuenta la evidencia internacional. Si bien en el texto no se plantean recomendaciones, Bergoeing asegura que del informe se desprenden cuatro titulares. 

Cuatro consideraciones

El primero, plantea, es que una cosa es la jornada laboral legal máxima y otra cosa diferente es cuántas horas efectivas trabajamos en Chile, las cuales según el estudio serían 41,6 horas. Bergoeing asegura que si se analiza cuál era la situación de los 37 países que integran la OECD cuando tenían el ingreso que actualmente tiene el país, el promedio de horas trabajadas efectivas es exactamente el mismo que revela el informe: 41,6 horas. "Por lo tanto, el primer punto es que Chile no es un país anómalo en términos de las horas promedio que está trabajando efectivamente", comenta el economista. 

Un segundo hallazgo, dice Bergoeing, tiene que ver con los datos macroeconómicos. Y estos sugieren que una reducción de la jornada laboral, como la que actualmente se discute en el Congreso, acarrería consecuencias. "Tendría efectos negativos en salarios promedio, tendría efectos negativos en productividad y en crecimiento, pero no en empleo total", asegura el experto.

Un tercer punto, es que el empleo total no cambia, pero el efecto de composición de éste es importante. "Hay algunos tipos de trabajadores que se ven más afectados que otros", explica Bergoeing, quien agrega que son las mujeres que trabajan full time, los jóvenes y aquellas personas que no cuentan con estudios superiores los que podrían verse más afectados.

Bergoeing enfatiza en el cuarto aspecto: Chile no es un país extraño, otras economías han tenido esta discusión. En particular, dice el economista, el caso francés es similar al nuestro y para que la medida resultara exitosa, se complementó la reducción de la jornada con un conjunto de otras políticas que atenuaron los efectos negativos que ésta podría implicar. 

El debate por el actual escenario

Cuando se realizó la comparación con 2005, los expertos tuvieron en cuenta que el Chile actual no es el mismo de hace 14 años. Entre esas consideraciones Bergoeing distingue que no es equivalente reducir la jornada de 48 a 45 horas que de 45 a 42, por mucho que la magnitud sea la misma. "Mientras más vas bajando las horas, más difícil se va haciendo el ajuste dentro de una unidad económica. Cada vez que vayamos bajando las jornadas legales, el efecto para las empresas y la capacidad de los trabajadores de adaptarse va a ser más exigente", acota.

Otro aspecto diferente es que hoy en día las compañías pueden eventualmente reemplazar con mayor facilidad el trabajo de personas a través de la tecnología. "Es más fácil hoy día para una empresa, ante un aumento relevante en el costo del trabajo, preguntarse si vale la pena automatizar algunas funciones", afirma Bergoeing.

Y a esas diferencias se suma también el escenario económico actual. "El estallido social ha generado un impacto a nivel económico agregado y las proyecciones del Banco Central hablan de un 1% este año y el próximo y eso no lo teníamos desde la crisis subprime", plantea. 

¿Postergar la discusión?

A título personal, el economista comenta que la pregunta que hay que responder es cómo poder implementar esta iniciativa y generar los efectos positivos que busca, mitigando sus impactos negativos.

"¿Significa eso que hay que postergarlo? Mi opinión es que más que postergar, lo que hay que hacer es asegurarse de que el proyecto no sea tan simple como ha sido hasta ahora, que es básicamente una caricatura y perdonen lo injusto, de reducir las horas de 45 a 40 y ya. El proyecto ha ido avanzando y hoy día no es eso, hoy día tiene elementos mitigadores como la gradualidad de las pymes, pero la experiencia internacional nos muestra que eso no es suficiente. Hay que darle tiempo a trabajadores y empresas para que se adapten en un contexto que transforme esta reducción de jornada en algo positivo", argumenta.

"Una buena reducción laboral puede ser tremendamente positiva para el país. Eso no pasa por no reducir la jornada, pasa por reducirla bien. Una mala reducción de jornada puede ser bastante dañina", agrega.

Mitigaciones

A la hora de plantear herramientas que puedan ayudar a lidiar con los efectos no deseados de la medida, Bergoeing vuelve al caso francés, donde se anunció la política y se empezó a implementar recién dos años después. "La gracia de eso es que independientemente del conjunto de políticas que después vas a aplicar, le das tiempo a las personas y empresas [...] de que se adapten a este nuevo contexto", afirma. Un segundo punto, dice, es que los franceses introdujeron elementos de adaptabilidad laboral.

"Yo sé que esto tiene una carga emocional, es una mochila ideológica en la discusión chilena, pero tenemos que encontrar maneras de dejar de lado la ideología y entender que el Chile actual es muy distinto al del año 60 [...] y que la adaptabilidad laboral puede ser una herramienta súper potente para permitir que las personas tengan un mejor contexto laboral. No tiene que ser precarización", plantea el economista.

"No podemos tirar a la basura la adaptabilidad, es una herramienta fundamental para que las personas tengan mejor condición en el trabajo y puedan adaptarse a condiciones como las que generaría una jornada menor", agrega.

Y como tercer punto, Bergoeing asegura que otra medida tendría que venir de la mano del Estado, el cual podría participar con políticas particulares de apoyo, a través de ingresos garantizados de subsidios laborales como ya existen en Chile en esos segmentos que encarecerían su trabajo y podrían motivar a las empresas a echarlos.

Vea la conversación completa en PAUTA Bloomberg acá:

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