Entretención

Blade Runner: el futuro es hoy (y más allá)

Imagen principal
POR Alejandro Alaluf |

En noviembre de 2019 se ambienta la influyente película de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford. ¿Qué tanto hay hoy de ese futuro? ¿Y qué se viene para las próximas décadas?

Los Angeles. Noviembre de 2019. A través de un paneo aéreo, vemos una megalópolis ultratecnologizada y sobrepoblada, con altas torres que raspan el cielo nocturno. Algunas de ellas escupen fuego. Hay mucho neón entre los rascacielos, pantallas gigantes, dirigibles con publicidad y coloridos hologramas que ofrecen distintos tipos de productos. Se ven también autos voladores y androides deambulan naturalmente entre los humanos por las sucias calles de la ciudad. También se aprecia una muy gruesa capa de contaminación ambiental.

Según la película de Ridley Scott, que fue estrenada en 1982, ese iba a ser el distópico futuro que nos esperaba. Hoy, esa fecha futurista es una realidad que se ha cumplido por estos días.

El futuro que imaginó Scott –inspirado en la novela ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?, de Phillip K. Dick, publicada en 1968– pareciera ser mucho más oscuro que nuestra vida actual, en donde los viajes interplanetarios también son una realidad. Pero lo esencial de la novela y de la película era la dificultad para distinguir androides –replicantes– de humanos. Ese era el quid de la historia y, básicamente, la misión encomendada al protagonista, encarnado por Harrison Ford.

Para bien o para mal, no estamos viviendo el mismo futuro que se mostraba en el filme. Pero vaya que sí existen similitudes respecto de esa ciencia ficción en relación con lo que estamos experimentando hoy en día. Partiendo por el peligro medioambiental al que diariamente nos vemos expuestos. El cambio climático es una amenazante realidad y estamos viviendo alzas de temperaturas, deshielos, desaparición de cuerpos de agua, contaminación y, sin ir demasiado lejos, solo en la zona central de nuestro país estamos viviendo la sequía más crítica de toda la historia. Tampoco tenemos autos voladores, pero sí hay drones. Y próximamente, incluso, los veremos transportando pasajeros, como taxis. También contamos con pantallas digitales gigantes, llamadas telefónicas por video y asistentes personales virtuales.

En 2017, la historia de Blade Runner tuvo una secuela, que se ambienta cuatro décadas después, en el año 2049. Más allá de la historia, es lógico asombrarse con la identidad visual que entrega la película, cortesía del director canadiense Dennis Villeneuve. Y de paso, preguntarse cómo será el futuro en 40 años más.

Por lo pronto, la población mundial prácticamente se va a doblar. Según proyecciones de las Naciones Unidas, para el año 2050 la cantidad de seres humanos en la Tierra va a ser cercano a los 9,8 mil millones. Eso, por supuesto, va a redundar en sobrepoblaciones de núcleos urbanos, donde China e India serán los países con más habitantes, alcanzando casi un 20% de la población mundial. El transporte y sus vías también serían un problema, aunque las opciones de rutas subterráneas y aéreas son una posibilidad.

Es lógico también que el prisma con el que se mire el futuro pueda ser optimista. En ese sentido, las fuentes de energía alternativa debiesen estar mucho más presentes a medida que pasen las décadas y las fuentes de energía convencionales dejen de ser usadas. Los combustibles fósiles debiesen desparecer definitivamente para dar paso a la electromovilidad y, en general, a un tipo de consumo energético mucho más sustentable que el actual. La energía solar y su consumo, a partir de mejoras en las celdas y en la creciente posibilidad de almacenamiento, debiese ser una posibilidad muy común en prácticamente cualquier tipo de vivienda. Lo mismo con la creciente popularidad que está teniendo el hidrógeno verde.

Así entonces, los medios de transporte debiesen comenzar a ser más variados. Y limpios. Desde vehículos autónomos, aéreos y subterráneos, las líneas ferroviarias debiesen aumentar, al igual que la implementación en centros urbanos de hyperloops, proyectos de alta velocidad para transporte de carga y pasajeros a  través de cápsulas que se desplazan por tubos, sin fricción de aire. Muy similar a los viejos sistemas de mensajería neumática. Grandes empresas tecnológicas como Virgin y SpaceX, entre muchas otras, ya están avanzadas en sus respectivos proyectos.

Por lo demás, la gran mayoría de los vehículos en circulación –de cualquier tipo– tendrán un fuerte componente de inteligencia artificial en sus estructuras y sistemas, lo que debería mejorar exponencialmente las experiencias de viaje en términos de seguridad, eficacia, ahorro de combustible y optimización de rutas.

Lo anterior nos lleva a la telepresencia. Los avances en la conectividad digital y las eventualidades que nos ofrezcan las futuras generaciones de redes de datos –más allá de la inminente implementación de la red 5G– permitirán que el trabajo remoto, la posibilidad de “estar” presente en otro lado de manera virtual sea cada vez más viable. El acceso a realidades aumentadas y virtuales también ayudará a lo anterior. Especialmente para pasar más tiempo en familia.

Pero volviendo al universo Blade Runner, una de las grandes interrogantes será qué tan avanzada será la robótica y la misma inteligencia artificial para ese año. Porque aún está por verse si en cuatro décadas más el tema será tan avanzado que será necesario usar la prueba de empatía Voight-Kampff para determinar si la persona que tenemos al frente es un ser humano o un androide. Tal como sucede al comienzo de la película original.

Y por supuesto, antes de 2050, Chile debería estar ad portas de ser un país completamente carbono neutral. Que así sea.