Actualidad

La Convención dividida: oír o no a los rectores

Imagen principal
Agencia Uno
POR Eduardo Olivares |

“La incertidumbre, el miedo, la rabia y el malestar son sentimientos muy extendidos en la población”, dice John Müller a partir del informe de Tenemos que hablar de Chile: “El lenguaje político institucional no cala entre la gente”.

La primera gran división en la Convención Constitucional (CC) la han provocado los rectores de la Universidad de Chile y de la Universidad Católica, Ennio Vivaldi e Ignacio Sánchez, respectivamente. Al encuentro virtual que se desarrolló el jueves 3 de junio, asistieron 107 convencionales. Cuarenta y ocho presentaron excusas circunstanciales, pero el único que presentó una excusa formal como grupo fueron los siete convencionales del Partido Comunista que enviaron una carta a los rectores.

El texto decía que la iniciativa universitaria les parecía interesante, pero que consideraban necesario que la CC ya estuviera constituida. Por lo visto, una de las cosas que molestó a los comunistas era que se los sometiera a una dinámica de grupos que podía causar la impresión de que la Convención ya estaba operativa. Sin embargo, fue el inefable Hugo Gutiérrez quien habló claro a La Tercera: “Efectivamente, los convencionales comunistas consensuamos que era más saludable esperar el inicio formal de la convención que dejarse pautear por terceros. No nos parecía conveniente. Hay que esperar que se constituya nomás”.

Es llamativa la expresión “dejarse pautear por terceros” que emplea Gutiérrez. Si damos por hecho que Gutiérrez es el primero y los rectores son los terceros, ¿quiénes son los segundos? Bueno, en la misma carta ellos lo explicaban: el pueblo. “Ni la élite, ni la academia, ni pronunciamiento de los cuarteles, sino de las entrañas mismas del pueblo se ganó el derecho a construir una nueva Constitución. Ellos deben ser actores principales, deben ser considerados para hablar de Chile”.

Es verdad que la dinámica establecida por los rectores era un poco escolar. De hecho, las admoniciones que Vivaldi y Sánchez les dedicaron a los convencionales, recordándoles la responsabilidad que el pueblo ha depositado en sus manos, parecían sacadas de un retiro espiritual o de una sesión de Gestalt. Sin embargo, el contenido esencial del encuentro, que era conocer las conclusiones de una parte del proyecto “Tenemos que hablar de Chile” creado por ambas casas de estudio era realmente interesante.

Se trata del informe sobre los resultados de 1.775 conversaciones abiertas realizadas entre el 6 de junio y el 30 de noviembre de 2020, con un total de 8.815 participantes. En total, se trata del análisis estructurado de 3.550 horas de diálogo.

Entre los 10 temas clave que han identificado los expertos hay cuestiones significativas: el pueblo chileno está menos polarizado que sus élites y sus diferencias conviven bastante bien, no se enfrentan. Hay diferencias de priorización o de enfoque de los temas, pero no conceptuales. Hay una alta disposición a los acuerdos (el 91% dice que “es importante llegar a acuerdos en los grandes temas del país”).

La incertidumbre, el miedo, la rabia y el malestar son sentimientos muy extendidos en la población. El lenguaje político institucional no cala entre la gente, la forma que tienen de hablar de política no es la misma que la del ‘establishment’ político. Apenas un 16,3% de los diálogos registrados emplearon categorías reconocibles como las que usan los políticos o los medios de comunicación. Es decir, el debate de si debe haber más o menos Estado o un presidencialismo o parlamentarismo no está en la base social. A las personas les preocupa que las cosas “funcionen” (que el gobierno haga algo tan natural como gobernar, por ejemplo) y esa es la medida de su conformidad con cualquier cambio institucional.

El Estado es descrito como necesario, pero no contribuye a eliminar la incertidumbre. No apoya cuando debe y, además, hay casos en que es visto como vulnerador y atropellador. También el Estado es percibido como un terreno dominado exclusivamente por los políticos. Una de las conclusiones es que los chilenos demandan con fuerza una transformación de las relaciones del ciudadano con el Estado. A ver cómo lidia la CC con eso.

También exigen una nueva praxis política y un cambio de las caras de estos actores, una elevación de la ética pública. La educación ocupa un lugar trascendente. No solo como elemento clave de un proyecto personal, sino como un mecanismo de cohesión colectiva para nuestra vida en sociedad. También se cita la necesidad de la unidad (social, política, patriótica) y la participación ciudadana. Por último, aparece la economía: por un lado, como problema -todo se reduce a la economía y se mide con ella- y por otro como palanca para la prosperidad personal.

La carta del PC objetaba que el proceso constituyente le debía mucho más a los estudiantes secundarios que a la academia, porque eran esos jóvenes los que se habían manifestado en las calle y abierto camino a la Convención. Pues, bueno, muchas de los miles de horas de conversación fueron con estudiantes secundarios como revela la nutrida nómina de colegios que participó en los diálogos. Una gran ocasión de haber ido adelantando trabajo y mejorar la conexión con el pueblo.

John Müller conduce Primera Pauta, de Radio PAUTA, de lunes a viernes a partir de las 07:00 horas. Escúchelo por la 100.5 en Santiago, 99.1 en Antofagasta, y por la 96.7 en Valparaíso, Viña del Mar y Temuco, y véalo por el streaming en www.PAUTA.cl.