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La despedida de un animal literario

Narrador y cronista, Enrique Lafourcade protagonizó la Generación del 50. Cristián Warnken recuerda sus libros memorables y las conversaciones que compartió con el destacado escritor chileno.

Enrique Lafourcade en foto de archivo. Crédito: Memoria Chilena

Enrique Lafourcade en foto de archivo. Crédito: Memoria Chilena

Por Fernanda Valiente Deichler

Domingo 4 de agosto de 2019

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"Sigo sintiendo mucho afecto por don Enrique, porque él no soportaba que no le dijeran 'don'. Entonces, imagínalo a él con un genio despavorido y a mi también.[Por eso] todas las situaciones polémicas y divertidas que se producían ahí”, cuenta Erick Pohlhammer (76) sobre Enrique Lafourcade. Ambos fueron parte del jurado del programa de talentos de los años ochenta "¿Cuánto vale el show?" junto con figuras como el fallecido periodista de espectáculos Ísalo Passalacqua y el animador Leo Caprile.

Desde el teléfono con Desde El Jardín, el poeta se ríe cuando recuerda aquella vez en la que Lafourcade "tenía los ojos muy abiertos" cuando invitó a una alumna suya, una "flaquita medio gélida ardiente" al show. "Y le dije: 'nunca te había visto tan interesado en una mujer', y entonces me responde 'es que ha llegado la mujer pajarito'. Hizo una columna y después le dedicó un libro, porque vio en ella un arquetipo y eso para mí define lo buen escritor que era Enrique Lafourcade".

A pesar de "su lado más mediático", con el que intentó expandir la cultura, Cristián Warnken recuerda al autor de Palomita blanca como "un legítimo animal literario, como un personaje que genera resistencia en muchos y admiración en otros".

Fue en "La Belleza de Pensar" (1995) y "Una Belleza Nueva" (2003) cuando Warnken y Lafourcade se reunieron para hablar de la lucha por la vida en el escritor, de la literatura, de Enrique Lihn y de la muerte, entre otras materias.

"Siento de repente el olor de la verdadera vida, lo contrario de los automatismos vitales: la vida imaginativa, la vida lúdica, la vida de penumbras, crepuscular o nocturna. La vida de la fiesta mezclada con la vida del dolor, la nostalgia", decía Lafourcade entonces.

"Todo eso se encuentra, siempre se ha encontrado —contaba el autor—. La fuente básica de creación artística de escritores generalmente ha estado en el pueblo, en los estratos bajos, en la lucha por la vida, y ella le permite al escritor proveerse de materias primas para hacer la literatura. Ese mundo me ha interesado muchísimo".

"Y los contrastes: contrastar eso con los exquisitos, los elegidos, los ricos. La gente pobre con los ricos. En fin, ahí está, en esas tensiones, algo tal vez del espíritu que mueve al ser humano", dijo el escritor en una de las conversaciones con Warnken.

La Generación del 50

Un grupo de escritores de esa época —quienes no tenían más de 30 años— se reunían en el Parque Forestal. Ese fue el lugar de tertulia en el que participó Lafourcade, en el que "bajo un tilo se juntaban los muchachos", narra Warnken. Entre esos muchachos se encontraba el "Chico" Molina, quien fue una suerte de "duende literario" que recibió una fuerte influencia francesa y fue muy crítico de la falta de cultura de la sociedad chilena. Otros fueron los escritores Jorge Edwards y Claudio Giaconi, y el esteta porteño Luis Oyarzún (quien cultivó el género de los diarios).

Lafourcade provenía de una familia modesta. Estudió en el Liceo Lastarria y "muchos decían que se convertiría en el Dostoyevski chileno", porque siempre buscó "retratar el mundo nocturno" que se daba en las fiestas.

Cuentos de la generación del 50
Portada del libro Cuentos de la generación del 50. Créditos: Memoria Chilena

Junto con los otros miembros de la Generación del 50 recorrían las zonas más frágiles de la ciudad para relacionarse con "boxeadores y gente del lumpen". Es el caso de su novela Animales literarios chilenos —un conjunto de crónicas de personajes de los 50—. En ella describe, por ejemplo, los encuentros en una casona fantasma deshabitada en 1953, donde a veces se reunían más de 30 escritores. En una de esas noches, llegó la policía y todos corrieron en la oscuridad.

Autor de Cuentos de la generación de los 50 —con historias de autores que marcaron su vida— y de Pena de muerte —su obra más polémica—, sería su novela Palomita blanca la que se convertiría en un best seller.

Palomita blanca
Portada de una quinta edición de Palomita blanca. Créditos: Memoria Chilena

En los setenta, Palomita blanca llegaría a la pantalla grande bajo la dirección del Rául Ruiz, que cuenta con la música de Los Jaivas. Sin embargo, el largometraje tuvo que esperar dos décadas para su estreno y buscar un nuevo financiamiento, dado que no pudo ser lanzada al público en 1973, por su contenido político.

Su lado polémico en el ambiente literario se refleja en su tratamiento irónico de otros maestros de las letras, como José Donoso, Jorge Edwards o al poeta Raúl Zurita

Sin embargo, en sus novelas se encargó de rescatar la voz de sus amigos fallecidos. En palabras del crítico literario Ignacio Valente, recuerda Warnken, "el novelista terminó convirtiéndose más en cronista y el cronista terminó convirtiéndose más en novelista".

Lafourcade admitió haber escrito "como un energúmeno" y, aunque lo "llevó al vacío, encontró amigos. Entre ellos alcohólicos geniales y niños ángeles, algunos viejos y casi difuntos, maestros del horror y de la vida, gurúes melancólicos... seres excepcionales que iluminaron mis días", como cuenta en su obra Animales literarios chilenos.

Nunca ganó el Premio Nacional de Literatura. 

Revise el programa completo dedicado a Enrique Lafourcade

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