La columna de Fernando Tapia: “Suma urgencia”
En su columna, Fernando Tapia reflexiona sobre las modificaciones a la ley de Sociedades Anónimas Deportivas. “Falta el pitazo final para concretar el inicio de los cambios estructurales”, asegura.
En un plazo máximo de dos semanas la Cámara de Diputados deberá aprobar o rechazar la reforma la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas. El gobierno recién asumido le dio un nuevo portazo a los dirigentes de la ANFP, otorgándole suma urgencia a la discusión del proyecto que ya está en su tercer trámite legislativo, cuestión que en los hechos reduce al máximo el tiempo para que los dueños de los clubes sigan en su afán de boicotear los cambios que la gran mayoría estima urgentes y necesarios.
De los anuncios de la administración del Presidente Kast, sin duda, fue de los que menos controversia provocó, porque en esto existe un amplio consenso, tal como quedó demostrado en la votación en el Senado, que aprobó de manera casi unánime el proyecto en general. De paso, la decisión sirvió para fortalecer la posición de la recién asumida ministra del Deporte, la exatleta Natalia Ducó, cuyo nombramiento generó críticas debido a la sanción por doping con la que manchó su carrera. Es probable que de haber prolongado la tramitación de la reforma se hubiese debilitado la gestión de la recién asumida secretaria de Estado.
La pelota ahora está en manos de los parlamentarios de la Cámara Baja —155 en total—, que con seguridad serán objeto del intenso lobby directivo. A esta altura la discusión está reducida a uno de los puntos clave de la reforma: la separación de la Federación de Fútbol con la ANFP.
Terminar con la multipropiedad, así como prohibir el control de los representantes de los futbolistas en los clubes, establecer como delito el ocultamiento de los dueños finales de las instituciones deportivas y otorgar mayores herramientas de fiscalización a instituciones como el IND y la Comisión del Mercado Financiero, entre otras medidas, son grandes logros que parecen ser difíciles de poder derribarse en el último y definitivo trámite parlamentario. No es poco, pero no suficiente si no se corrige el evidente conflicto de interés que supone una Federación controlada por los mismos que manejan la Asociación Nacional de Fútbol.
Desde el proceso clasificatorio al Mundial de Francia 1998 a la fecha, la Selección masculina de fútbol ha recaudado cientos de millones de dólares sólo por derechos de televisión. Si sumamos los contratos por la venta de la camiseta, así como los múltiples patrocinios vinculados exclusivamente a La Roja, la cifra supera los miles de millones de la divisa norteamericana en las últimas tres décadas.
Los diputados y diputadas que deberán resolver la famosa separación deben ser conscientes de que el reclamo de fondo de los dueños de los clubes no está vinculado con los supuestos problemas estructurales o administrativos que la reforma supuestamente acarrearía. La razón final del rechazo de los clubes es económica.
Los diputados y diputadas deberían darse una vuelta por Juan Pinto Durán, la casa de las Selecciones Nacionales que, pese a los millonarios ingresos, se mantiene casi igual desde su inauguración. Muchos ingresos pero poca o nula inversión para potenciar la actividad. ¿Dónde creen que van a parar esos millones?
Hoy muchos clubes están bajo el control de representantes de futbolistas, y son esos dirigentes los que eligen al Presidente de la ANFP, que a su vez, por derecho propio, es el Presidente de la Federación. Este conflicto de interés es la fuente de sospecha permanente en la nómina de los jugadores que nos representan en las competencias internacionales. ¿Dónde termina el criterio deportivo y se inicia el negocio?
Habrá que agregar que en nuestro país, legítimamente, han entrado en la propiedad de los clubes varios empresarios extranjeros. Separar la Federación de la ANFP es también un acto de independencia de nuestras Selecciones Nacionales, de protección de los intereses de todo el fútbol chileno. Sí, aprobar la separación es también de suma urgencia.