La columna de Fernando Tapia: “Gatopardismo azul”
En su columna, Fernando Tapia analiza los movimientos en el directorio de Azul Azul. Las dudas sobre los verdaderos dueños, afirma, no se diluyen: “El avance de las investigaciones en la Justicia ha profundizado las sospechas”.
Cecilia Pérez se transformó en la nueva presidenta de Azul Azul, la empresa concesionaria que dirige los destinos del club de fútbol de la Universidad de Chile. Reemplaza en el cargo al renunciado Michael Clark, que finalmente decidió dar un paso al costado para concentrarse en su defensa judicial, donde enfrenta gravísimos cargos por diversos delitos económicos en el marco del caso Sartor.
Proveniente del mundo político, Pérez cumple un sueño, el de dirigir el club de sus amores, y de paso hacer historia al ser la primera mujer en encabezar un equipo de la Primera División. Su experiencia, entre otros cargos, como vocera del gobierno del presidente Piñera, llega en el momento preciso en que los líos judiciales habían motivado un silencio auto impuesto por Clark, tras las duras sanciones aplicadas en su contra por la Comisión del Mercado Financiero (CMF), lo que en la práctica dejó a la institución con la figura de un timonel fantasma, inexistente, sin voz ni peso.
Pero no fue el único movimiento de los controladores del cuadro azul, porque en el directorio se incorporaron también otras figuras de renombre del mundo de la política, como Francisco Aylwin, hijo del expresidente y, especialmente, José Miguel Insulza, el denominado Panzer, sin duda el golpe que más sacudió y sorprendió al medio.
En la práctica, los controladores de Azul Azul decidieron instalar una cocina política, con amplios nexos y capacidad de influencia, seguramente con el objetivo de aminorar los efectos de la crisis provocada por el escándalo financiero de Sartor. Entre otras cosas, recomponer las deterioradas relaciones con la casa de estudios, que endureció su discurso junto con el avance de las investigaciones judiciales, amenazando incluso con poner fin al acuerdo de concesión. También el de iniciar contactos políticos para encontrar un espacio físico para cumplir el sueño del estadio propio, objetivo muy manoseado y de rápido efecto entre los hinchas cada vez que surgen problemas deportivos o dirigenciales.
Los nombres de Cecilia Pérez, José Miguel Insulza y Francisco Aylwin sugieren cambios importantes en el papel. Pero insuficientes para disipar los problemas de fondo. Clark sigue siendo controlador de más del 60% de las acciones, las mismas que están bajo la lupa de la CMF y de inversionistas que denuncian haber sido estafados por Sartor.
Las dudas sobre los verdaderos dueños de Azul Azul tampoco se diluyen, todo lo contrario, porque el avance de las investigaciones en la Justicia ha profundizado las sospechas. El abogado José Ramón Correa, quien logró levantar en tiempo récord cerca de US$ 7 millones para adquirir el paquete accionario de la familia Schapira y ser nombrado ahora vicepresidente, aún no precisa quién fue el gran prestamista en la operación.
En el nuevo directorio también ingresó un viejo conocido: el exdirector ejecutivo de Azul Azul Pablo Silva, el mismo que aprobó pagar un millonario préstamo a Huachipato por el venezolano Yeferson Soteldo, así como otras operaciones que significaron pérdidas para la “U” y suculentas ganancias para el club del sur, curiosamente la institución que aparece hermanada con la “U” aguas arriba.
En resumen, movimientos que sugieren que en la concesionaria se ha aplicado el principio sugerido en la famosa novela Gatopardo, cuyo autor escribió: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Gatopardismo azul.