Opinión

La columna de Fernando Tapia: “Problema de identidad”

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POR Equipo Radio Pauta |

En su columna, Fernando Tapia reflexiona en torno a los hinchas chilenos manifestando su pasión por un club extranjero: Boca Juniors. “Mientras no detengamos nuestra propia crisis, que es deportiva, institucional y de violencia en los recintos deportivos, es esperable que el fútbol chileno siga perdiendo hinchas”, dice.

Una ola de críticas, especialmente en redes sociales, despertaron los testimonios de hinchas chilenos, ataviados con camiseta y todo, alentando a Boca Juniors en su duelo frente a la Universidad Católica en el estreno del equipo chileno en la Copa Libertadores. No fueron pocos los comentarios lapidarios hacia esos compatriotas que, vestidos con ropaje ajeno, optaron por apoyar a un equipo extranjero en un duelo internacional donde, se asume, todos debiéramos remar para un mismo lado. Ese es el supuesto principio rector que se reclama en la crítica, pero que pretende esconder una realidad cada vez más creciente: el fenómeno de la globalización del fútbol y también de la pasión.

Desde que los partidos de los mejores equipos del mundo, y de sus grandes figuras, están al alcance de la mano producto de la masificación de las transmisiones televisivas, es cada vez más común observar a hinchas vistiendo camisetas que no pertenecen al país.

Es cosa de observar cómo niños y jóvenes se pasean por las calles de Chile con los emblemas de equipos extranjeros, especialmente de aquellos en los que han brillado uno que otro jugador chileno o que han adquirido una dimensión planetaria por tener en sus filas algún crack o simplemente por sus historias de éxitos deportivos. Es un fenómeno mundial del que no escapa nuestro país y al que debiéramos mirar con un poco más de consideración, más allá de lo doloroso que resulta escuchar a un connacional reconociendo que se hizo hincha de Boca porque ningún equipo chileno fue capaz de despertar esa pasión por el fútbol.

Los fanáticos más conservadores consideran este hecho como un acto de traición a la patria, algo que se explica simplemente por una mala formación familiar, como si los tiempos no hubiesen cambiado, y que esa pasión de la que se habla solamente se sigue heredando por el entorno que nos rodea desde pequeños. Para bien, o para mal, la televisión primero y ahora las redes sociales, han terminado por reemplazar en muchos casos ese rol. Antes que criticar a esos nuevos hinchas globales, quizás sería bueno exigirle al fútbol chileno un esfuerzo mayor para evitar esa fuga de seguidores. Y para eso el único camino es mejorar nuestra competencia, en todos los aspectos.

Hoy ver un partido de la Premier League por televisión es un espectáculo asegurado, que compite y gana a los encuentros del fútbol chileno, de nivel mediocre y en horarios incómodos, que invitan a los amantes del fútbol a quedarse en la casa, sin mencionar la crisis de seguridad que también han alejado al público de los estadios, y especialmente a las familias, con lo que esa experiencia de iniciación con los hijos, ese rito del que gozaron varias generaciones, también se ha hecho cada vez más difícil y peligrosa.

Mientras no detengamos nuestra propia crisis, que es deportiva, institucional y de violencia en los recintos deportivos, es esperable que el fútbol chileno siga perdiendo hinchas, que probablemente optarán por declararse hinchas de equipos extranjeros, como observamos con los chilenos de Boca que tanta polémica provocaron. Enfrentemos el origen de nuestro creciente problema de identidad.