La columna de Fernando Tapia: “Colo Colo no tiene dueño”
En su columna, Fernando Tapia reflexiona en torno a la OPA de Aníbal Mosa, para tener el control total del club. “Las decisiones de una institución tan grande y popular no pueden reducirse a una solo persona, por muy bien intencionada que sea”, dice.
La noticia es un remezón. Aníbal Mosa podría transformarse en amo, dueño y señor de Blanco y Negro, y de paso transformarse en un líder sin contrapeso en Colo Colo. La Oferta Pública de Acciones (OPA) oficializada a través de un hecho esencial ante la Comisión del Mercado Financiero (CMF), puso en alerta al mundo colocolino ante la posibilidad cierta de que los otros máximos controladores, el grupo Vial-Ruiz Tagle, acepten la oferta que el empresario y actual presidente del club hizo por el importante paquete accionario que le daría mayoría absoluta para manejar la institución, ahora ya sin una oposición relevante.
Sería el fin de una lucha fratricida que se ha prolongado por años en la disputa por el poder, y que ha traído sólo desgracias, económicas y deportivas. Desde este punto de vista podría ser una buena noticia, porque ha sido esta batalla, llena de zancadillas de lado y lado, la que ha tenido como consecuencia que Colo Colo haya tenido que transitar por muchos momentos de crisis, una de las cuales casi los mandó por primera vez en su historia al descenso.
En efecto, el hincha y el medio en general, están cansados de esa lucha de egos entre empresarios que se han negado a poner al club antes que todo, y motivados por el poder total se han disputado el control como dos niños peleándose por una camiseta sin darse cuenta de que al mismo tiempo la destrozan. Que eso pueda acabarse es una buena noticia.
El problema es que durante todo este tiempo siempre hubo un árbitro, el rol que ha cumplido el Club Social y Deportivo, y sus dos representantes en el directorio de Blanco y Negro, cuyo voto siempre dirimió la disputa entre ambos bandos.
Es la Corporación el legítimo dueño de todos los derechos que fueron concesionados a privados hasta el año 2035 y que, aprovechando esa división, ha podido defender los intereses de los socios y mantener vivos los valores que inspiraron los fundadores del club, entregando los votos decisivos a cambio de garantías y beneficios para sus asociados. El riesgo que eso se acabe es lo que provoca preocupación. También que Aníbal Mosa gobierne sin contrapeso, y que motivado por su personalismo sin control, transforme a Colo Colo en una autocracia.
Las decisiones de una institución tan grande y popular no pueden reducirse a una solo persona, por muy bien intencionada que sea. Nadie duda de la condición de hincha de Mosa, pero precisamente su fanatismo ha sido lo que muchas veces lo ha traicionado a la hora de tomar decisiones que exigen profesionalismo y desapego con la pasión.
El posible nuevo escenario institucional puede generar inquietud, pero de ninguna manera es comparable, como algunos han sugerido, con lo que ocurre en la “U”. Mosa no es Clark. Mosa es dueño de sus acciones, y el dinero viene de su bolsillo. En Azul Azul las sospechas es que el que aparece como presidente es apenas un mandante de otros empresarios aguas arriba.
La disputa por el poder en Colo Colo es de público conocimiento. Con nombres y apellidos por todos conocidos: Leonidas Vial y Gabriel Ruiz-Tagle por un lado; Aníbal Mosa por el otro. Y al medio el Club Social y Deportivo que hoy lidera Edmundo Valladares.
Independiente si el empresario de origen sirio logre su objetivo de tomar el control total de Blanco y Negro, esa acción tiene fecha de vencimiento: nueve años más, que es lo que queda de concesión. El papel podrá decir muchas cosas, pero la realidad es una sola. Colo Colo es tan grande que no tiene dueño.