Opinión

La columna de Fernando Tapia: “El primer ídolo del postfútbol”

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POR Equipo Radio Pauta |

En su columna, Fernando Tapia reflexiona en torno al fenómeno de Tim Payne, seleccionado nacional de Nueva Zelanda. “No es necesario deslumbrar con el talento, anotar un gol histórico ni mucho menos levantar un trofeo para alcanzar la gloria”, dice.

“El fútbol ha muerto, viva el postfútbol”, es una de las frases con las que el autor chileno Juan Pablo Meneses cierra su último libro. Una crónica en la que se mezcla la nostalgia por lo que fue este deporte y la cruda realidad sobre en lo que ha convertido. Hoy el negocio y el marketing los son todo. No es necesario deslumbrar con el talento, anotar un gol histórico ni mucho menos levantar un trofeo para alcanzar la gloria.

En el fútbol de hoy la fama puede llegar de golpe, y la admiración no responde a los cánones que rigieron a la disciplina por más de cien años, ceñida estrictamente a los méritos deportivos.

Cada vez constatamos que estamos en presencia de otro deporte, uno que se ha adaptado a las necesidades del mercado, a la urgencia por maximizar las ganancias económicas de una industria que mueve miles y miles de millones de dólares, y que tiene la capacidad de crear nuevos ídolos a partir de una simple imagen, sustentado en el avance de las nuevas tecnologías y formas de comunicación.

El mejor ejemplo es lo ocurrido con el hasta hace poco desconocido jugador neozelandés Tim Payne. Un mediocampista de 32 años, que en toda su carrera ha marcado apenas siete goles. Para qué estamos con cosas, un jugador del montón, de una nación de poca tradición futbolera, pero seleccionado por su país para participar en el próximo Mundial, y que ya puede ser considerado el primer gran ídolo en esta nueva realidad.

Para alcanzar tal condición no tuvo que hacer ningún esfuerzo. Bastó una eficiente campaña en redes sociales, liderada por un youtuber argentino, que lo eligió entre todos los futbolistas de las 48 selecciones que jugarán la próxima Copa del Mundo por ser el jugador con menos seguidores en Instagram. La idea, lanzada como desafío, era ayudarlo a ser conocido y famoso antes del Mundial. Y el resultado simplemente ha sido espectacular.

De cinco mil seguidores, Tim Payne pasó a tener casi cinco millones en menos de una semana, lo que valió reportajes en medios tradicionales de todo el mundo. Hasta la cuenta oficial de la FIFA se sumó a la campaña, —era que no, si de negocios se la saben por libro— y puso su imagen para promocionar el gran evento a días del puntapié inicial.

Los niños y adultos que coleccionan el álbum buscan ahora con afán la figurita del jugador neozelandés, que en apenas días pasó a ser una de las más apetecidas, sólo comparable con las imágenes de Messi o Cristiano Ronaldo. Y en Argentina hasta una canción le crearon para ensalzarlo. Sin siquiera salir a la cancha, Tim Payne ya está en la boca de todos, es un rostro conocido y sin duda será uno de los jugadores más perseguidos por las cámaras en la próxima cita planetaria. Un ídolo en las redes sociales que hacen desde ya que el Mundial sea inolvidable para él, un cambio radical para su vida.

No sabemos aún las consecuencias de ello: si se transformará o no en un jugador destacado de su selección, o sucumbirá a la presión mediática que ya enfrenta. Para los que nacimos y crecimos en la época del fútbol, una locura sin sentido. Para las nuevas generaciones, un jugador con “aura” por el simple hecho de alcanzar millones de visualizaciones sin siquiera patear una pelota en el Mundial. Ni mejor ni peor, simplemente diferente, símbolo de los tiempos modernos, de este nuevo deporte. El primer ídolo del postfútbol.

PD: Empecé a seguir a Tim Payne en Instagram.