La columna de Fernando Tapia: “Algo huele mal en Asunción”
En su columna, Fernando Tapia reflexiona en torno a la investigación contra el presidente de Conmebol, por apropiarse de fondos rescatados tras el Fifagate. “La impresión que queda después de más de una década es que han cambiado los títeres, pero hay prácticas que se asemejan mucho a las del pasado”, dice.
No es primera vez que el presidente de Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez, está bajo sospecha por corrupción. Esta semana su nombre volvió a la palestra con supuestos actos reñidos con la ética luego de que el diario norteamericano The New York Times confirmara la existencia de una investigación interna de la FIFA, donde se acusa a la máxima autoridad del fútbol Sudamericano de haberse apropiado de más de US$ 5 millones, provenientes de los fondos rescatados por la justicia norteamericana tras el Fifagate, el escándalo que sacudió al mundo del fútbol en 2015, y que derribó a prácticamente toda la cúpula directiva del continente Sudamericano.
La denuncia, realizada anónimamente por alguien que aseguró tener conocimientos de los pagos, corresponderían a un supuesto bono o comisión secreta por la gestión de recuperación de los millonarios fondos, lo que claramente se contradiría con el discurso público que ha expresado el alto dirigente, que al asumir prometió una nueva era, supuestamente, marcada por la transparencia total.
La pregunta de fondo es: ¿Ha cambiado en algo la FIFA y la Conmebol once años después del escándalo mundial?
Todo indica que no mucho. La impresión que queda después de más de una década es que han cambiado los títeres, pero hay prácticas que se asemejan mucho a las del pasado. De hecho, Alejandro Domínguez jamás ocultó su férrea amistad con Juan Ángel Napout, condenado por corrupción en Estados Unidos, expresidente de Conmebol, también paraguayo y con quien estableció un tándem en la Federación de Fútbol de su país hasta antes del Fifagate. Las dudas siempre han existido, pero poco a poco el ruido se ha hecho más fuerte.
Hoy es válido volver a preguntarse si Domínguez vino realmente a limpiar a la Conmebol o quizás simplemente era el hombre que aseguraba restablecer el mismo orden, pero con un manto de una supuesta transparencia. Es verdad que en todos estos años el organismo que rige el fútbol del continente ha elevado exponencialmente los recursos a repartir para las diez Federaciones, con los que ha cosechado aplausos de los dirigentes Sudamericanos. Pero también dejó en evidencia el robo que por décadas sufrió la actividad en manos de directivos descarados que se metieron a sus bolsillos una buena tajada de los contratos comerciales y televisivos
La grave acusación que pesa sobre el presidente de fútbol Sudamericano está en manos de la FIFA, otro organismo que parece haber superado la vergüenza que significó el escándalo, y que con Gianni Infantino a la cabeza parece haber vuelto a algunas de las andanzas del pasado, con una gestión que junto con exhibir millones y millones de dólares de ingresos, a partir de la multiplicación de los torneos mundiales y el aumento de los cupos para las citas planetarias, ha restablecido el poder del Presidente del organismo mundial ante las 211 Federaciones.
Tras una década en el poder, Infantino anunció que irá a la reelección en 2027, y para ello ya recibió el respaldo de Alejandro Domínguez a nombre de Sudamérica, que antes se encargó de asegurar la unanimidad en el continente, incluyendo el voto de Pablo Milad en representación de Chile.
La FIFA y Conmebol son entes políticos. Se manejan en ese lenguaje. Hay dudas razonables para desconfiar en el comité de ética que investiga a Domínguez. De hecho, la denuncia tiene más de un año de antigüedad, y hasta ahora se mantenía en reserva. Algo huele mal en Asunción.