Opinión

La columna de Fernando Tapia: “Los sospechosos de siempre”

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POR Equipo Radio Pauta |

En su columna, Fernando Tapia reflexiona en torno a los nuevos antecedentes sobre propiedad real de Azul Azul. “ANFP y la Federación, cuyo presidente Pablo Milad, está obligado por normativa a informar a la FIFA”, dice.

Como dice el refrán, la verdad es hija del tiempo. A veces tarde, pero casi siempre llega. Poco más de cinco años después del arribo del Grupo Sartor, hoy ya existen las pruebas de quiénes son los verdaderos controladores de Azul Azul, la concesionaria que dirige los destinos del club Universidad de Chile.

Una pequeña parte del periodismo deportivo siguió las pistas iniciales, instalando las dudas desde un comienzo. Las múltiples y extrañas operaciones comerciales entre la institución universitaria, Huachipato y Ñublense, daban cuenta de una alianza muy estrecha, que superaba toda lógica. Una verdadera hermandad en los negocios, donde curiosamente siempre salió perdiendo la “U”.

El caso Sartor, según el liquidador designado por la CMF una estafa piramidal en la que participó Michael Clark, permitió ir encontrando las evidencias, las que surgieron de manera nítida esta semana con la intervención del Ministerio Público.

Tras Clark y el abogado José Ramón Correa, quienes pusieron la cara, surgieron los verdaderos financistas y operadores: Patricio Kiblisky, Jacques Gliksberg, Victoriano Cerda y Marcelo Pesce, los sospechosos de siempre. Todos vinculados en algún momento al equipo de Chillán y a la institución acerera. Un cuarteto que actúa con una escala jerárquica donde la cabeza es Kiblisky, el mismo que según estableció la indagatoria de la justicia en su momento, fue quien gestionó para Sergio Jadue la creación de una empresa offshore, o de papel, en un paraíso fiscal y le abrió una cuenta en el banco UBS de Florida donde el expresidente del fútbol chileno recibió y cobró los sobornos del Fifagate.

En esa oscura etapa Kiblisky, como dueño y presidente de Ñublense, profundizó sus conocimientos de la interna directiva. Estableció una alianza política con el corrupto confeso que aún no recibe su sentencia en Estados Unidos, e instaló a su hermano Alexander en el directorio de la ANFP, nada menos que en el cargo de tesorero.

A Kiblisky muchos dirigentes le temen. Es muy poderoso, aseguran. En 2016, la administración de Salah, que prometió una limpieza total, tuvo la idea de acercar su nombre a la justicia de Estados Unidos tras el Fifagate, pero un telefonazo de un abogado de peso habría echado abajo la idea. Esto me lo contó un miembro de la entonces directiva de la ANFP bajo reserva de su nombre.

El chofer de Sergio Jadue, que declaró ante el Fiscal del caso, el abogado Carlos Gajardo, confesó que entre las tareas asignadas tuvo que trasladar paquetes con dinero en efectivo, de hasta 90 millones de pesos, desde la sede del fútbol chileno a distintas direcciones, todas relacionadas con cercanos y familiares de Kiblisky. Pero la justicia no avanzó más.

Redonda impunidad podríamos decir, hasta llegar a este punto. Hoy este misterioso empresario, junto a sus socios Gliksberg, Cerda y Pesce aparecen vinculados con el control de la “U” y Huachipato, a los que se suman las mismas sospechas con Ñublense.

La gravedad de esta confirmación está relacionada con la multipropiedad, y el consiguiente daño a la transparencia e integridad deportiva ante las dudas que se plantea de posibles acciones concertadas de tres clubes que participan de una misma división, sin mencionar la posible afectación a la libre competencia, materia de la cual debería pronunciarse también la Fiscalía Nacional Económica. Desde luego la propia ANFP y la Federación, cuyo presidente Pablo Milad, está obligado por normativa a informar a la FIFA.

El caso Sartor seguirá su curso en la justicia. La Fiscalía cree que la compra inicial de las acciones que estaban en manos de Carlos Heller, fue con dinero de centenares de personas que aseguran haber sido estafadas. Ese paquete mayoritario, correspondiente al 63% del total de Azul Azul, podría ser rematado para resarcir a los afectados. Quizás así habría una opción de salida para la “U”, una ventana para zafarse de esta verdadera maldición.