La columna de Fernando Tapia: “¿Cómo será el próximo Mundial?
En su columna, Fernando Tapia analiza la gran maniobra de Gianni Infantino, para apostar por la reelección. Con la idea de aumentar el número de equipos, dice, “corre el riesgo de matar la gallina de los huevos de oro, que para todas la Federaciones del mundo son las clasificatorias”.
El próximo domingo 19 de Julio se pondrá fin a la vigésimo tercera versión del Mundial de fútbol de la FIFA. El primero de la historia en realizarse en tres países y con una cifra récord de 48 selecciones.
Lo primero que habría que reconocer es que la idea de aumentar el número de países resultó un éxito. El público llenó los estadios y la recaudación marcó cifras nunca vistas, además de las altísimas audiencias de las transmisiones televisivas. Salvo apenas dos o tres partidos de la primera fase en los que hubo un claro desequilibrio, el torneo superó las expectativas e incluso disipó las dudas de los más críticos.
Muchos temíamos que iba a bajar el nivel de la competencia, pero en los hechos algunas selecciones que parecían iban a ocupar un papel de relleno terminaron sorprendiendo. Así por ejemplo Curazao le empató a Ecuador; la República Democrática del Congo hizo sufrir a Inglaterra; y Cabo Verde, tras empatar sus tres primeros encuentros en fase de grupo, incluyendo el duelo con España, casi elimina a Argentina.
Punto para la FIFA, aunque no suficiente para salvar a su presidente Gianni Infantino del descrédito y desconfianza con el que está terminando la Copa del Mundo, como ha quedado demostrado con las pifias que ha tenido que enfrentar en los estadios.
Ni hablar de las críticas que especialmente Europa ha elevado en canales oficiales por su complicidad y sometimiento a las exigencias del presidente Trump, como ocurrió con el caso Balogun, el jugador de Estados Unidos al que se le perdonó una tarjeta roja, con lo que habría violado el principio de neutralidad política al que está obligado por estatutos.
Hoy no está tan claro que Infantino gane la reelección el próximo año, y en el Viejo Continente ya trabajan para levantar un candidato fuerte que termine con su mandato. Pero el capo de la FIFA sabe cómo seducir y esquivar las crisis, y cuando la tormenta arreciaba, hizo suya la propuesta de volver a aumentar el número de participantes para el próximo mundial, el que además se realizará en seis países y tres continentes.
La idea surgió de la Conmebol, Confederación herida con la decisión de que Argentina, Uruguay y Paraguay albergarán apenas un partido cada uno en la cita de 2030. Encuentros inaugurales, únicamente simbólicos por el centenario de la primera Copa del Mundo organizada en 1930. Migajas de las que, recordemos, fue excluido Chile. Pasar de 48 a 64 países, le permitiría a las tres naciones cobijar por cada una al menos una fase de grupos completa, para luego desplazarse a Europa y África.
Para Infantino la propuesta, resistida en un comienzo, surge ahora como una posibilidad política de ofrecer más cupos que podrían traducirse en votos en las próximas elecciones. Ni hablar de las ganancias económicas que implicaría aumentar el número de participantes —más partidos, más ganancias por derechos de televisión, más publicidad y más pausas de hidratación y/o facturación— en las que podrían sumarse países como China o India, que podrían aportar al negocio una población potencial de casi 3 mil millones de personas, que ayudarían a elevar todos los índices económicos y de audiencias.
Infantino ya dijo que evaluará el proyecto una vez que finalice el presente Mundial, con seguridad con muchos más guiños antes de las elecciones. Es un arma poderosa de persuasión, pero que corre el riesgo de matar la gallina de los huevos de oro, que para todas la Federaciones del mundo son las clasificatorias, que quedarían reducidas casi a un mero trámite.