La Columna de Fernando Tapia: REDONDA IMPUNIDAD
En su columna, Fernando Tapia aborda la prescripción del caso de Sergio Jadue en Chile y apunta contra la impunidad que rodeó su paso por la ANFP. Advierte que el fútbol chileno “prefirió esconder la basura bajo la alfombra” y sostiene que la figura del exdirigente ayuda a entender el origen de la actual crisis dirigencial.
Sergio Jadue quedó libre de polvo y paja por los eventuales delitos cometidos en Chile bajo su gestión en la ANFP. Transcurridos más de diez años desde que se presentaron las querellas en su contra, luego de huir de Chile para entregarse a la justicia norteamericana por haber participado en el esquema de corrupción en el FIFAGATE, los tribunales del país decretaron la prescripción de su caso.
No es una sorpresa, ya que estaba escrito que el exdirigente eludiría toda su responsabilidad, concentrando la culpa ante los jueces de Estados Unidos, donde reconoció haber recibido coimas y sobornos a cambio de su voto en la Conmebol a favor de la renovación de los millonarios contratos de las empresas que manejaban los derechos televisivos y comerciales de las competencias sudamericanas. Jadue debió devolver casi tres millones de dólares que había recibido de manera ilícita, y que desvió desde Chile a través de empresas de papel creadas en paraísos fiscales y que luego depositó en un banco en el estado de Florida, en Estados Unidos.
Su sentencia sigue pendiente, aunque es un hecho que tampoco pasará un día tras las rejas, porque decidió colaborar con el FBI entregando nombres de otros involucrados en el caso que borró del mapa una generación completa de corruptos dirigentes del fútbol. Pese al entusiasmo inicial, en Chile las querellas se fueron diluyendo. El Servicio de Impuestos Internos acusó a Jadue por la evasión de más de 500 millones de pesos, y la ANFP, en 2016, acusó al calerano de apropiación indebida, con un perjuicio económico de más de 1.700 millones de pesos. “Acá hubo una organización criminal para delinquir y defraudar a la ANFP”, declaró el entonces presidente del fútbol, Arturo Salah, al presentar las conclusiones de una auditoría forense, junto con el anuncio de acciones judiciales que estuvieron a cargo el entonces secretario ejecutivo de la corporación, el hoy fiscal Nacional Ángel Valencia.
En 2021, ya con Pablo Milad en la presidencia, la ANFP abandonó el caso. Otra más que sumamos a su “legado”. Curiosamente, el fútbol chileno jamás quiso profundizar en serio en los eventuales delitos cometidos en nuestro país. Prefirió esconder la basura bajo la alfombra, quizás reconociendo implícitamente su complicidad pasiva ante los actos de un dirigente que el propio consejo de presidentes inventó y respaldó.
Hay fundadas sospechas de que el esquema de corrupción empleado en Conmebol pudo haberse puesto en práctica en Chile con los millonarios contratos firmados en la época de Jadue. Pero la justicia no avanzó, fundamentalmente porque el soborno entre privados no estuvo tipificado en nuestro país sino hasta el 2018. Por eso todos zafaron, incluyendo varios de los más estrechos colaborares que hoy respiran más tranquilos ante la prescripción del caso.
No es primera vez que en nuestro país los delitos de cuello y corbata terminan sin sanciones ni culpables. Una pésima costumbre. Sin duda lo más triste es observar cómo hoy un grupo no menor de personas reivindique la figura de Jadue, fortalecida ante la mediocridad de la actual dirigencia. La ignorancia es atrevida, y ayuda a elevar a un estatus inmerecido a un dirigente corrupto, cuyas acciones precisamente permiten entender el origen de la actual crisis del fútbol. Consecuencias de la redonda impunidad.