Opinión

La columna de Fernando Tapia: “El adiós de Buljubasich”

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POR Equipo Radio Pauta |

En su columna, Fernando Tapia hace un balance de la gestión del exportero como gerente deportivo de la UC. “Algo había que hacer para enfrentar el estancamiento de una institución líder en el fútbol chileno, que tiene el lógico objetivo de dar un paso hacia adelante”, dice.

Cruzados puso fin al ciclo de José María Buljubasich a la cabeza de la gerencia deportiva de la Universidad Católica. Un despido doloroso, porque eso fue, que quedó inmortalizado con las palabras temblorosas y casi al borde de las lágrimas del presidente del club, Matías Claro, que deberá asumir en el futuro el peso de la decisión de apartar al funcionario responsable de la era más exitosa en la historia de la institución.

Fueron 16 años en los que Católica pudo dejar atrás el mote de segundón para transformarse en uno de los equipos más ganadores del fútbol chileno. Su permanencia en el cargo era ya un récord incluso a nivel Sudamericano. Un hecho incluso contracultural para los tiempos que corren en la era moderna en esta industria. Por eso la forma puede ser considerada injusta. Buljubasich mereció otra forma de salir de su cargo.

Quizás debió marcharse junto con el expresidente Juan Tagle, un dirigente que también quedó en la historia por liderar una etapa llena de éxitos y logros institucionales, como la remodelación del estadio. O a lo mejor lo sensato hubiese sido esperar el final de temporada para concretar el traspaso con los elegidos por la nueva directiva que tomó el control del club.

Lo cierto es que el “Tati” debió asumir el rol de fusible con el que se pretende aminorar la creciente crítica de una hinchada cada más exigente, que se expresó con fuerza en los últimos partidos con duros cánticos contra la dirigencia. Hubo una suerte de ecuación letal que precipitaron los planes de los nuevos regentes, que desde que asumieron vienen planificando un cambio en esta área clave como es la gerencia deportiva.

Nadie discute los números de Buljubasich, ni mucho menos su merecido lugar en la historia, pero también es cierto que algo había que hacer para enfrentar el estancamiento de una institución líder en el fútbol chileno que tiene el lógico objetivo de dar un paso hacia adelante, proyectándose también en el ámbito internacional, la gran deuda pendiente de este ciclo exitoso.

Podríamos decir que se combinaron varios factores que terminaron por tumbar al ahora exgerente deportivo: primero, el duro fracaso internacional, como fue quedar eliminado ante Estudiantes de la Plata en los octavos de final de la Copa Libertadores. Un resultado que coincidió con una pésima racha en el plano local que lo alejó definitivamente de la lucha por el campeonato.

Todo ello combinado con la falta de ambición en la política de refuerzos para encarar la competencia Sudamericana, justo cuando la Copa parecía hacer un guiño, con un rival accesible en el papel. Esto desató la crítica de la hinchada que, con justa razón, cuestionó la complacencia directiva.

Buljubasich venía cargando además con el peso de muy malos mercados de fichajes en las últimas temporadas, que alejaron al club del protagonismo que exige su hinchada. Ahora ya no estaba Juan Tagle para respaldarlo, sino que los nuevos controladores encabezados por Matías Claro, que junto con tener en su mente un cambio en el mediano plazo, sucumbieron rápidamente a la presión expresada por todos los costados del Claro Arena.

El carácter del dirigente también se construye con los años, y el nuevo presidente no está aún preparado para resistir las pifias a tan poco andar de su mandato. El nombre del sacrificado estaba escrito. No era ahora, aunque sí muy probablemente a fin de año. Es la regla no escrita del fútbol: al final los resultados mandan.